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ABC. S Á B A D O ¡9 D E M A Y O D E igcfi, PAG 9 E D I C I Ó N 2. cruje. El consejero municipal pierde ei equilibrio y cae rodando por el suelo. F u r i o s o por lo que cree atentado á su autoridad, lanza t r e mendo juramento de g u e r r e r o d e r r o t a d o Las sombrillas se elevan en el aire. El edil ve la situación complicarse y desaparece... Durante ocho días, las damas de N o r d h a u sen no hablan más que de la fuga der desgraciado concejal. M a s al fin éste reaparece en la sala del Concejo... Su venganza está tomada. E n efecto; á partir de ese momento histórico, todos los días el hombre obeso de los g o r d o s zapatones predica á sus colegas la guerra santa, demuestra los peligros de los atentados contra el principio de autoridad, vulnerados en su robusta persona, y con su elocuencia gana prosélitos á su causa. Sin embargo, esta propaganda pacífica no emociona al elemento femenino. P e r o he aquí que una hermosa mañana los ciudadanos de Nordhausen saben con estupor que su burgomaestre, acompañado de un sesudo herr profesor con doradas gafas, dirigióse á Berlín. ¡Bah, tratan de encontrar algún viejo manuscrito perdido en los tenebrosos archivos imperiales pensaron para sus adentros ¡os más suspicaces! M a s ¡oh triste equivocación... P o r edicto municipal, fundamentado con textos en su apoyo y largamente articulado, los vestidos de las damas de Nordhausen no podrán en lo sú cesivo, sino bajo las más severas penas, arrast r a r más de dos centímetros de cola... Y el bando que dicta la cruel disposición municipal ha sido pegado en las esquinas, publicado en todos los periódicos locales y larizado á voz de pregón y redoble de tambor en cada plaza, calle, callejón y callejuela. Así las damas de Nordhausen no alegarán ignorancia. P o r ser beneficioso para la salud pública y para facilitar la circulación, se prohibe terminantemente á las señoras el uso de las colas en sus vestidos... E n cualquier otra circunstancia y si tratara se de asunto menos grave, los periódicos locales hubiéranse divertido grandemente comentando las definiciones de las colas de los trajes femeninos, hechas indudablemente p o r el herí professor... P e r o en este caso no se trata de reírse. Las damas de Nardhausen están furiosas. Hablan nada menos que de lynchar al vengativo concejal... Y los pobres maridos no encuentran medio de calmar la femenina agitación. M u c h a s fueron á Berlín para consultar á loi más sabios doctores, pero su regreso sonubrío I V i RETRATO DE N I Ñ O CUADRO DE D JUAN ANTONIO BENLLlUil i dico berlinés. F i g u r a o s antes de entrar en materia, al más obeso, al más grave y más huraño de ¡os consejeros municipales de un pequeño pueblo de las cercanías de Berlín- de Nordhausen. Figuraos ahora á ese respetable edil engalanado con su traje dominguero: sombrero de copa de venerable ancianidad, levitón de enormes solapas, amplios faldones, legendarias mangas forma de trabuco, y sobre el robusto pecho una docena de cintas y medallas conmemoradoras de otros tantos gloriosos hechos de armas... Olvidé deciros que en Nordhausen se celebraba una fiesta patriótica. Nuestro consejero municipal camina apoyando pesadamente su mano deieclia sobie grueso y nudoso roten, y en su mano izquierda sostiene la clásica pipa de porcelana. Parece que lo estáis viendo, ¿verdad? Acompáñanle en su paseo otros veteranos de parecido p o r t i é idéntica indumentaria... Algunas damas- ¡qué digo algunas! -todas las damas de Nordhausen mariposean discretamente alrededor de los gloriosos g u e r r e r o s D e pronto óyese un grito agudo, penetrante, desesperado... Sigue un coloqui hreve y se oye una frase malsonante... Los gruesos zapatones del señor consejero municipal acaban de posarse, sin maldita la aracia, sobre la ondulante cola d e una aterciopelada falda. La dama, retenida p o r tan respetable peso, vuélvese airada... lia tiróii violento y la seda v S m M MOURONZOFF, PRESIDENTE D B LA DUMA RUSA üniversai H i ü t o