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¡Vaya un respeto á los mayores! -ano. ¡El padre andando y á caballo el hijo! Montó el hombre también, pues de este modo Densaba el pobre conciliario todo; pero hallaron á un mozo en el camino que dijo: ¡Bien cuidado va el pollino; Si el amo no lo ve ni lo consiente, ¿qué os importa á vosotros que reviente? Bajáronse del burro que montaban, y del ramal cogido lo llevaban, cuando a! verlos, gritaron unos cnicos: ¿Pa qué tenéis el burro, so borricos? -Hijo- -el hombre exclamó, -de varios modo hemos querido complacer á todos, pero no hay forma humana: vayamos, puzs, como nos dé la gana. Oye el consejo y sigue la advertencia del hombre de saber ó de experiencia; pero en todo el iranscuiso de lus días desoye siempre las majaderías. exclamó: -Juro por Júpiíer no acceder á lo que Anaximenes va á pedirme El sabio, que escuchó el juramento del monarca, se adelantó y le dijo: -Señor; destruid esta ominosa ciudad y castigad severamente á sus habitantes. El emperador, comprendiendo tan piadosa estratagema, sonrió y CUÍTIDIÍÓ su juramento... perdonando á todos. LA CRUZ LATINA Calcándolas, ó por otro procedimiento que las reproduzca exactamente, dibújense sobre una cartulina las figuras del ad- c. ANÉCDOTA Cuando Alejandro Magno seguía la carrera triunfal de sus coiiquistas, supo indignado que la ciudad de Lampsaca se había insurreccionado y decidió reprimir enérgicamente esta rebeld a; pero al aproximarse á la üudud vio venir á su anciano preceptor Anaximenes y desde luego supuso que enía á pedirle el perdón para los revoltosos. Entonces, lleno de coleva, junto grabado y recórtense cuidadosamente. Con ellas hay que formar una cruz latina. LA FORTUNA DE JOAQU 1 NITO fk y. A ff í 1 Cogió una cesta y salió al campo á buscar raíces ó tubérculos que pudieran servir de sustento i acuelles infelices. Trabajando como un negro, iba llenando ia cesta de sus rústicas provisiones, con verdadera prisa de volver á su hogar. A El padre sin trabajo y la msdr; enferma, no había que comer en aquella casa, y Joaquínitr no podía ver indiferente aquella situación. De pronto, unos dentellos Iuminotos hirieron sus ojos y dio un salto, de sorpresa y de ¡egría. Había encontrado un enorme diamante, tallado y todo, i vx brillaba como una estrella. Por desgracia, e! hallazgo filié presenciado por un bandido, que se puso en persecución del niño para robarle su tesoro. A. J verle Joaouinitc se metió el brillante en c! bolsillo, y corriendo, corriendo, vio una ma drigucra v por ells se coló. Temiendo qne so perseguidor siguiera su einiino avanzo en Isa sombras rápidamente. De repente sus pies perdieron terreno, dio una voltereta y cayó de cabeza por una profunda sima. (Se continuará