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BOLETÍN DE APUfcSTAS MUTUAS la apuesta por caballo no puede ser inferior á UJVfi PESETA ni superior a VEINTICINCO, sin fracciones de céntimos. Escríbanse COJV VETT Jl el número del caballo t) la cantidad de pesetas, e mdique siempre el lector su verdadero nombre y además el seudónimo cuando desee aparecer con él en la relación de las cantidades recibidas. SE VENDEN TERBEHQ En la villa de Rentería (Guipúzcoa) contiguos a la estación del ferrocarril, y en inmejorables condiciones para la construcción de fábricas ó casas para obreros. Facilitará toda clase de detalles el abogado O. Ramón Soraluce, San Marcial, 33. SAIS SEBASTIAN. piso Población. Provincia APUESTA Por el caballo n. pesetas 53 ¿MUEBLES DE OCASIÓN? P l a z a d e l Á n g e l 6. -El, CENTRO Oid el consejo de un especialista que tiene treinta y einct años de práctica en el tratamiento de las hernias; Los bragueros elásticos jamás curan, pero en cambio pro ducen enfermedades peores, que la hernia. Si estáis á tiempa de evitarlas, leed T r a t a m i e n t o d e l a s H e r n i a s y c o n sejos ú l o s q u e l a s p a d e c e n del I r. B E R C E R O Se vende en las librerías y el autor la remite certificada, contra 12 sellos de 0,15, pidiéndola á su Clínica. A t o c h a 1 S 7 APUhSTA Por el caballo pesetas PARA LAS FIESTAS REALES Grandes rebajas de precios Atocha, 8,10 y 12 (frente á Carretas) Camas de hierro y doradas, colchones, cunas, catres, muebles de ebanistería y tapicería y madera curvada. Única casa con fábrica propia. Segwia, 29, montada con todos los adelantos modernos. Exp rtación á provincias, Noequivocarsfi. A- -n a 8, O y l 3 frente á Caí eta de O. P. Preparación. S a l u d I ftomproropas, máqs. Singery SI, pral. Admite internos. I Vmuebles. L e g a n i t o s 4 0 17 b BIBLIOTECA DE A B C KAMUNCHO -79 apoderó de Ramuncho al entrever así, por un aspecto nuevo aquella que tanto venerara; el pasado querido se tambaleaba detrás de él como para hundirse en un desolador abismo... Y su desesperación se convertía en execración repentina á aquel que, por capricho, le había dado la vida... Oh, quemar, quemar cuanto antes esas cartas de desgracia... jEso era lo mejor. Y comenzó á arrojarlas unas detrás de otras al fuego, donde se consumían entre súbitas ¡lamas. Se separó de ellas, sin embargo, un retrato, y cayó a suelo; no pudo contenerse y lo acercó á la luz para verlo. Su impresión fue punzadora, dolorosa, durante los segundos en que sus ojos se cruzaron con los medio borrados de la antigua y deslucida imagen fotográfica... Aquél se le parecía... Encontraba, con espanto profundo, algo de él mismo en el desconocido. E instintivamente se volvió, inquieto, temeroso de que los fantasmas de los obscuros rincones se hubiesen acercado or detrás para mirar también el retrato. Fue de inapreciable duración esta entrevista silenciosa única y suprema con su padre. ¡Al fuego también esa imagen! Y la arrojó con gesto de terror y de cólera entre las cenizas de las últimas cartas, no quedando de todc ello bien pronto más que un raontoncillo de polvo negre al apagarse la llama alegre de- las ramas. ¡Ya se acabó! La caja estaba vacía. Tiró al suelo 1 boina, que le, molestaba puesta y se volvió á levantar con la frente sudorosa y las sienes zumbándole. ¡Se acabó! Ya no eran nada aquellos recuerdos ver gonzosos de una falta. Ahora le parecía que las cosas de la vida adoptaban el equilibrio de atites y volvía á sentlt por su madre una dulce veneración; se le figuraba haberla purificado, vengando también un poco su memoria coi jciuella eiecución desdeñosa Su destino acababa de fijarse para sumpre en esta noche. Serfif el Ramuncho de otro tiempo, el hijo de Francisca pelotari y contrabandista, independiente, libre, sin lazo alguno, no debiendo ni pidiendo nada á nadie. Sentíase ahora sereno, sin remordimientos, sin espantos ya en aquella casa mortuoria, de donde las sombras acababan de huir, volando, apaciguadas ahora y amigas... IX La frontera: en un caserío de la montaña. La noche es negra; la una de la madrugada; noche de invierno que inunda fría y torrencial lluvia. Ddante de una casa de mal aspecto, en la que no se vislumbra- resplandor alguno, Ramuncho carga sobre sus hombros una pesada caja de contrabando, bajo el agua que chorrea por todas oartes en medio de sepulcrales sombras. La vez de