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C S Á B A D O i2 D E M A Y O D E 3 cio 6. P A G 3. E D I C I Ó N i. ees, hasta el suntuoso palacio de donae salió su cadáver para ser llevado al panteón de los marqueses de La Puente y Sotomayor, sus padres políticos, fue subiendo paso á paso todas las clases sociales. Cuando volvió de desempeñar el cargo de jefe del Negociado de Preces en Roma y se instaló en la calle de la Madera, ya era una personalidad importante en la política, y bien pronto llegó al Gobierno siendo ministro de doña Isabel 11. Pero cuando comenzó á demostrar las cualidades que le harán figurar entre los Cavour, los Guizot, los Bismark y los estadistas más eminentes del siglo xix, fue cuando en el período de la Revolución de Septiembre se puso al frente de la causa de la Restauración, y cuando continuó después la Historia de España afianzando el trono de D. Alfonso XI 1. ¡Qué hombre más admirable! La Naturaleza no le había dado en la figura la carta de recomendación con que favorece á sus predilectos, y su aspecto era hasta vulgar; pero en cuanto hablaba lo hacía olvidar todo, y seducía y encantaba. Pocas veces el ingenio ha tenido un medio más sugestivo de expresión. Dominaba con su palabra, no ya en el Parlamento y en los grandes debates, sino en la conversación particular, y oyéndole y tratándole se comprendía que aquel hombre tan feo tuviera partido con las mujeres más discretas y hermosas. Bien es verdad que él las profesó siempre fervoroso culto. Pudo ser en algunas ocasiones altivo con los hombres; abrumó con su sátira á los tontos adulterados por el estudio, á los villanos que querían hacerse caballeros, á los que querían pasar por hombres políticos y no servían más que para bailar rigodones en casa de Alcañices; pero con las señoras era siempre un cortesano de Versalles. Una vez le decía una duquesa muy hermosa que le había convidado á comer, señalándole el puesto de preferencia en la mesa: -Siéntese usted en el sitio del duque Mausoleo de Cánovas, donde hoy serán depositados los restos mortales del ilustre estadista. El artístico monumento es obra del insigne Quero! Fot A B C. ciara una palabra, nos regocijaba su presencia, el recuerdo de sus gestos, de la entonación de su voz en anteriores sesiones. De Rosa Bruk estábamos todos platónicamente enamorados. Estoy convencido de que Galipaux recuerda esa época ya ¡ejana, de que ese recuerdo de la juventud es tan grato para él como para cuantos nos sentábamos hace treinta años en los bancos de l Ecoíe Monge. Ya no represente obras clásicas; su especia- ídad es el vaudeville ultra- moderno, y sin mbargo, tal huella dejan los recuerdos de la niñez, que siempre lo veo recitando el soneto de Oronte en E misántiopo, ó lanzando alaridos de angustia en El avaro, del inmortal Moliere. A. CALZADO estaban depositados desde su trágica y sentidísima muerte, al sepulcro que en el Panteón de Hombres ilustres, han hecho labrar para él los que llevan su esclarecido nombre. Esta fúnebre ceremonia hace revivir en la actualidad la importante figura del insigne estadista, que se destaca en nuestra historia contemporánea con extraordinario vigor. Cánovas, desde que vino de Málaga, donde había nacido en humilde y honrada cuna, á estudiar á Madrid, adquirió personalidad propia, distinguiéndose ya en aquel Círculo estudiantil de que formaban parte sus condiscípulos Castelar, Marios, Francisco de Paula Canalejas, Emilio Bravo, ei marqués de ía Vega de Arrnijo, Ortiz de Pinedo y otros. g oy serán trasladados los restos del Desde la modesta casa de huéspedes de Sr. Cánovas del Castillo desde eí nanteón de la familia de su esposa, donde ¡Ja caile de Valverde, donde vivía eníon- 1 vr -fjfí CÁNOVAS izXCMO. S 7 D. AN TONTO CÁNOVAS DEL CASTILLO, cuyos restos mortales serán trasladados hoy al Panteón de Atocha. Fotografía hecha pocos meses antes de ocurrir la tragedia de Bot r: lile Sania ftpueda.