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ARO CUATRO NUM. 485 CRÓ- fllCA UN 1 VERti i SAL ILUSTRADA. CRÓNICA ABC frutando desde el invierno este desventurado Madrid. Sesiones del día: la de las Diputaciones provinciales con el ministro de Fomento, la de la nuestra y la del ¡ay! también nuestro Ayuntamiento. La de las Diputaciones fue por la mañana. Se siguió hablando de los caminos, y se acordó reunirse hoy más temprano que ayer, por aquello de que al que ma- 1 druga Dios y Gasset le ayudan. La de nuestra. Diputación fue breve y sin importancia, y acordó no volver á reunirse hasta que la Memoria de la Comisión provincial esté sobre la mesa y pueda discutirse. La susodicha Comisión sigue sin tener Memoria. Más larga y amena fue la reunión de los ediles. La cuestión de personal dio que hablar más que la Conferencia de Algeciras y además se descubrió un bonito gazapo más de los que tanto gusto dan al respetable público: se pedía la inclusión en el presupuesto de una partida para pagar un trozo de alcantarilla... que no ha sido recibido por ser mala la obra. Por fortuna se olió á tiempo. En el Gobierno civil estuvo el doctor Moliner anunciando el propósito de organizar un mitin de escolares para arreglar los asuntos que éstos traen entre manos. Es la actividad misma ese esclarecido doctor que tantas cosas puede arreglar en Porta Coeli y aún le quedan ganas de venir á arreglar las ajenas y á propagar la horrible manía de mitinear que tantos estragos produce en nuestra juventud. El Concurso hípico, última jornada con premio del Rey, muy concurrido, y eso que el tiempo no estuvo apetitoso. La crónica de sucesos, muy negra: suicidio de un joven de familia distinguidísima en una casa de corrección; un intento de suicidio por envenenamiento; un obrero muerto por una máquina donde trabajaba; una reyerta sangrienta, en la que hubo mordiscos y tiros; otra por el estilo con botellazos, porque en la variedad está el gusto. Un desastre... Los hurtos á niños que llevan encargos siguen á la orden del día: ayer hubo otro. Se conoce que hasta los guardias están dedicados á confeccionar vistosos programas de festejos. La novedad de la noche fue la inauguración de la temporada en el Gran Teatro con zarzuela, tenores y bajos que baten el record de las notas sostenidas y del mal gusto, cantando así ¡por pulmones! fumadores en la sala durante los entreactos, etc. El teatro, con ser grande de nombre y de capacidad, resultó pequeño para la gente que asistió al espectáculo. Si sigue así la temporada, gran negocio el del Gran Teatro. A estas horas ha debido terminar la función. Poco antes habrá terminado la reunión MADRID, 12 DE MAYO DE 1906 NÚMERO EXTRA. 10 C É N T I M O S de las Diputaciones provinciales en el palacio- -passez le mot- -de la de Madrid. Cuera de la disolución de las Cortes, -que es el tema que priva y que absorbe la atención pública como todo lo que implica algo de personalismo y de política menuda, continuamos en plena desorientación respecto á asuntos trascendentales y de interés nacional. La subida de nuestros valores sobre la par y la baja simultánea de los francos, se explica por ahí de diversos modos; pero no de uno definitivo y convincente. Una personalidad ilustre que murió no ha mucho, hizo poco menos que programa de sii partido el saneamiento de la moneda y á las Cortes fue con un plan vastísimo que requería larga labor legislativa pava conseguir lo que ahora se ha hecho solo, sin Parlamento y sin Gaceta. Más recientemente, otra emínenciaeconómica, de quien se dijo que apenas tomase posesión del ministerio de Hacienda iba á poner los cambios á la par, exclamaba: ¡Qué más quisiera yo que tener el poder mágico que se me atribuye para realizar tan portentosa obra! jQuiénhabía de decirle que ese milagro, esa obra portentosa se ha hecho sin poder mágico, y sin que, en resumidas cuentas, se sepa cómo y por qué! Y es que en ésta, como en otras muchas cosas, caminamos sin rumbo, á ojos ciegas, sin ver lo que es bien y es mal. Después de nuestros desastres coloniales suponíamos que venía el desquiciamiento invencible de nuestra personalidad europea. La falta de mercados mataría nuestra producción; el agotamiento de nuestro prestigio nos pondría á merced de cualquier osado usurpador... Y sin embargo, la industria nacional adquirió potente desarrollo y no se nos regateó en el mundo un átomo de consideración. Nos asombró el fenómeno, pero no pasamos del asombro, como nos sucede ahora, sin pararnos á reflexionar que en el fondo de esas cosas extrañas y de esta misma indiferencia ó ignorancia palpita un signo de vitalidad nacional. Nfo vemos, ó lo que es peor, no queremos ver, y la maldita política de uso corriente tiene empeño en ocultarlo, que hay en España materia gobernable y que Jo que falta es materia que gobierne. Se reunieron anoche para cambiar impresiones que es un cambio muy español, y desembotellar lo que venía preparado y había inevitablemente de salir á luz. AEMECE EL AÑO DE CÁNOVAS que un año presidente CánovasJano fue más de Jurisprudencia. Sin de Academia embargo, el año de Cánovas vive como recuerdo perdurable en aquella casa. El ya anciano D Antonio llevó á la vida de la Corporación más juventud, más alegría, más animación que la mayoría de los presidentes, de menos edad, que le precedieron y siguieron en el cargo. Era también á la sazón jefe de! Gobierno, y parecía como que á las preocupaciones del mando y á las seriedades de su elevada posición en el mundo político buscaba compensación poniéndose en contacto con las ilusiones y las chiquilladas de sus consocios de la calle de Colmenares. Más de una vez dejó la cabecera del banco azul para asistir á una junta de la Academia; acaso ésta le sirvió frecuentemente de grato pretexto con el cual eludir otras engorrosas exigencias de sus quehaceres. Y cuando don Antonio se hallaba entre nosotros, el Cánovas adusto, altivo, de la leyenda ó de la fábula, se quedaba á la puerta. Allí no entraba más que el hombre de inteligencia siempre lozana, de corazón siempre adolescente, de agudo verbo en el que chisporroteaba un ingenio cada día más fresco. Cánovas tonante cedía el paso al travieso Tragaleyes, como le llamaron sus compañeros de Universidad. Referir sus donaires, recordar las hábiles artimañas de que se valía para imponer su autoridad, sin que el cuello sintiera el peso del yugo, es aún, para los que cerca de él anduvimos, conversación predilecta. Un día, una grave cuestión reglamentaría, cuya gravedad debió ser tal que ya ni recuerdo en qué consistía, pero que estuvo á punto de romper amistades de la infancia y de abrir abismos insondables entre los partidarios de uno y otro criterio, la resolvió D Antonio contándonos, con su maestría característica, anécdotas picantes de la decadencia de la casa de Austria, é inviniendo en su amenísima charla el tiempo que estaba destinado á la discusión. Otro día se puso á debate la proposición núm. i.5oo de un académico que impugnaba implacablemente los presupuestos de la Corporación: ¿Quién es ese Sr. Fulano que así nos ataca? -preguntó Cánovas. -Persona de verdadero mérito- -le replica ron. -Tanto, que de él se cuenta que al terminar una mañana su conferencia en clase, el catedrático, emocionado, se levantó mayestáticamente de su asiento y le dio un beso. ¡Pues le dio su merecido! -exclamó rapidísimamente D Antonio. Y con una carcajada general quedó desechada la proposición... Se hablaba un día de cierto prohombre qut pretendía un puesto incompatible ya con sus canas. -Todavía pollea- -dijo alguien. -Sí; pero la gallina está muy enteca- -añadió Cano MADRID AL DÍA l ecid ¡damente parece suprimida por este año la primavera. El tiempo no quiere dar á Madrid lo único bueno que puede ofrecer á los Isidros que ya desfilan por las calles: su hermoso sol y su cielo azul. La temperatura no es baja; pero para eso dicen los médicos que contribuye no poco á que haga de las suyas la picara grippe, que también viene dis-