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iV C. T 7 FVES 10 DE MAYO DE 1906. PAG. 6. EDICIÓN quios. Se atrevió á manifestar que Dios se eternizaba en su puesto; que era demasiado viejo para cumplir bien su misión. Se ofreció para ocupar su lugar. El Padre eterno lo supo, y exclamó índigo nado: ¡Esa pécora es capaz de armar una revo lución en el Cíelo, si no lo remedíol ¡Que la devuelvan pronto á su aldea con su vaca y su perro y que no oiga más hablar de ella! He aquí por qué la tía Pereta no se ha quedado en el Paraíso. HENRI D ALMERAS tenían á su disposición un tabaco especial que transformaba la nicotina en algo deliciosamente celeste. Alojada en una villa muy cómoda, con agua emos recibido ya centenares de car- y luz eléctrica en todos los pisos, no tenía que tas para nuestro Concurso. preocuparse de nada, lina escoba y un plumeEl Jurado ha hecho, conforme á lo ro mágicos cumplían su misión y volvían luego anunciado, una selección de piropos de á colgarse del clavo que los sujetaba á la pared. bs cuales, como de los que se vayan re- Una cocinera invisible preparaba manjares excibiendo y merezca publicarse, inserta- quisitos y servía á ia mesa. Un día que caminaba por un sendero lleno remos algunos diariamente. de flores, la tía Pereta se encontró con Dios. Los que se publiquen llevarán, también Le reconoció por su barba blanca como la según las bases del Concurso, una nume- nieve y por la gravedad augusta de su porte. ración correlativa para que se vote por el- ¿Qué tal, tía Pereta- -le preguntó el Sunúmero en el plebiscito final que ha de premo Hacedor, -cómo te encuentras en el preceder á la adjudicación de los pre- Paraíso? mios. -Mejor que en mi casa- -contestó la vjeEntretanto, los autores ó remitentes ja; -no tengo queja; pero en el pueblo he dede los piropos que se publiquen pueden, jado una vaca que también se encontraría muy j son de Madrid, hacer efectivas las á gusto aquí. negar nada á cinco pesetas en la Administración de lasEl Padre Eterno, que no sabeen el Cíelo, le honradas gentes que están A. B C, Serrano, 55. A 1o s de provin- concedió la vaca y además el perro, or añadicias se les enviará directamente dicha dura. cantidad. Nádale faltaba ya á la tía Pereta. Le daban He aquí ahora algunos de los piropos en el Cielo cuanto había amado en la Tierra. Pero el diablo no pierde nunca sus derechos, que obran en nuestro poder: 1. ¡Ay. seffiOTita! ¡Sí la gracia doliera y allí arriba, como aquí abajo, los más favorecidos son los más exigentes. -estaría usted siempre en un grito, La vieja fue en busca del Padre Eterno; le 2. Es íá usted siempre... más bonita encontró en su palacio cómodamente sentado jne nunca. 3. Como no ae coiaipre asté pronto en un trono de terciopelo encarnado bordado anas gaitas icegras p s taparze ezos ojos 3 en oro. le aquí á uua zeaüana lian quebrao toas las Compañías de ¡cegaros. Parece usted la Tirgen Santísima. J Teslida de paisano. TINA DI LORENZO T ina, según Traversi, el Dante de esta nue va Beatriz- -no tiene la belleza plástica pagana, sino la angelical cristiana. La insigne artista es oor herencia una hija del arte. Su padre desciende de los Borgias; su madre, la Sra. Colonello, era una segunda dama muy aceptable. En una ocasión que Tomás Salvíni debía salir para América del Sur, había contratado á la Colonello. Horas antes de embarcar ésta, rehusó seguirle, ofreciéndose á darle una justa indemnización. Criaba entonces á la preciosa criatura que tantos admiradores conquistara después. La Colonello no fue á América, y cuando años después Salvini vio y oyó á la niña, dijo á la Colonello con apacible gesto: V? Ha la pena de romper el contrato de América, E: ello podía poner en el más leve peligro una existencia tan preciosa como la de Tina. Desde entonces, Tina ha recorrido todos los grandes escenarios del mundo, triunfando, con su delica do temperamento artístico y su excepcional hermosura, de todos los públicos Tina ha sabido siempre con su arte ingenuo, sincerísimo, vencer, transformándose en las comedias que la hemos visto representar de r. iña á esposa, de amante á madre, de la simple é inocente Pamela á la sugestiva é incitante Zaza, de la cortesana de Bizancio á la celosa madre de Maternidad, toda una gama de varios c intensos matices, reveladora de un talento ági y poderoso. Conozco muy pocas actrices en el teatro contemporáneo de facultades tan complejas y al propio tiempo tan bien dispuestas pava la observación de los caracteres femeninos, para la psicología del alma, como la insigne actriz que anoche ha celebrado su beneficio con la vieja comedia de Dumas, ía principessa Gio gio y Vitoco al convento Al terminar la primera de estas obras desfilaron por el escenario los servidores del teatro con muchas y monumentales coibeiiUs de flores, regalo de sus admiradores. En Fuoco al convento hizo gala de sus portentosas facultades de actriz, representando una colegiala de quince años encantadora, realzando el p a p e l con detalles deliciosos, que arrancaron en el público murmullos de admiración y entusiasmo. Ha sido uno de Jos más legítimos triunfos de la insigne actriz. El teatro estaba totalmente ocupado, y brillantísimo por la calidad del publico, que quiso hacer del beneficio de Tina una fiesta mundial y aristocrática. Nosotros, que hemos sido los primeros en proclamar la bondad d su arte, nos felicitamos de sus éxitos, y la saludamos con estas consoladoras palabras: ¡Hasta el año que viene! Porque Tina, y esta es noticia que puedo adelantar, está contratada para la temperada de primavera de ¡907. Tina recibió también en su currto muchas y elegantes cestas de flores. FLOP. IOOR LA TÍA PERETA EN EL PARAÍSO f o n paso lento y fatigado regresaba la tía Pereta al pueblo, encorvada con e! peso de un enorme haz de leña. Apenas tenía sesenta años, pero parecía tener ochenta. A pesar de su fealdad y de su decrepitud, había sido bonita cuando moza, y todavía era coqueta. jComo que no dejaba de lavarse ningún do ninga! Ck fe- por el camino arrastrando su vaca. La seguía un perro sarnoso y mal alimentado, tan flaco como la vaca y como la vieja. El Padre Eterno, que tenía fija la vista en la Tierra en ese momento, se fijó en el grupo, y tomo es muy bueno, tuvo lástima. -Esa pobre vieja- -dijo- -merece descansar un rato en el Paraíso. Así rué. La tía Pereta no se explicaba su llegada al cielo. Había trabajado los domingos, había robado ios demás días de la semana y no había cumplido siempre con la Iglesia, Pensó que Dios había descubierto en ella virtudes, ocultas que ni ella misma sospechaba, y se resignó á ser feliz. Pronto comprendió que el Paraíso no era 10 que hasta entonces había creído. Los pescadores pescaban, lob cazadoi s cazaba i, los aioy lo üoií. b u 1. -Padre mío- -le dijo con voz meliflua no sin hacer antes una reverencia, -gracias por la vaca y por el perro. Para ser del todo feliz necesitaría ahora un pedazo de tierra para plantar viñas y algunas hortalizas. Ya sé que aquí no existe la propiedad, pero una aldeana como yo, si no posee algo de tierra, no estará nunca á gusto en el Paraíso. Dios estaba aquel día de buen humor, porque se había olvidado de mirar hacia la Tierra. -Así sea- -contestó; -pero no olvides que aquí viven santos anacoretas que se han alimentado durante toda su vida con insectos crudos, y mártires devorados por los leones. A pesar de sus méritos, ninguno de ellos me ha pedido un suplemento de dicha. La tía Pereta iba diariamente á visitar su campo, lina sólida empalizada lo rodeaba. Fuá feliz durante diez años la vieja aldeana; pero al cabo de ese tiempo sus vecinos advirtieron con sorpresa algo extraño en sus modales. ¿Qué le sucede á la tía Pereta? -pensaban. -Aprieta los labios, ncs mira desdeñosamente, no saluda á nadie. No tardaron en comprender lo qus sucedía; observaron que nada le parecía bien, que todo lo criticaba. Los favores prodigados por Dios habían excitado más su vanidad que su gratitud y se creía de una especie superior. Criticaba la afición de San Huberto á la caza, se burlaba de Santa Cecilia cuando preludiaba algo en el arpa y afirmaba que e! Paraíso estaba peor regido que la Tierna. Hasta decía que. San Pedro no sabía su cñ io y que consent. a en que ie hicieran inteie áucs obse-