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A B C. MIÉRCOLES 9 DE MAYO DE 1906. PAG. 16. EDICIÓN i. duda por no encontrar muy claro el asunto, el 6. a Los originales aeoen enviarlos los lecjuez ordenó la detención del suegro, José Ruiz tores de Madrid á la mano y los de provincias Wluñoz. en sobre abierto, franqueado con un cuarto de céntimo, dirigido á la Dilección de A B C, En cuanto se encargo de las actuaciones el Serrano, 55, y con una inscripción que diga pizz del distrito de la Universidad tomó nueva EL DE MAYO Original para imprenta. j declaración á los detenidos, qye hicieron idéijiticas manifestaciones que ante el juez de guaridla, incurriendo en pequeñas contradicciones sobre puntos no esenciales relacionados con p s p a ñ a es el pueblo de los requiebros, 1 suceso. La inspiración popular ha inventado muEstas dudas que quedaron en ei animo del chos llenos de sal, que pueden constituir una- E L DE MAYO uez le impulsaron á ampliar la declaración de prueba del ingenio nacional. ios dos dependientes de la guarnicionería del Creemos oportuno organizar un concurso LOS PIROPOS interfecto, á realizar una inspección ocular en que pueda servir como de selección de las li! a casa nútn. 16 de la calle del Castillo, y á sonjas amenas que enriquecen el habla castellana llamar á su presencia al médico forense que D. y son muestra de la gracia de la musa popular. había realizado la autopsia dej cadáver, para Nuestros lectores pueden, pues, contribuir tque informara brevemente. á este certamen enviando aquellos piropos que vive en Como de estas diligencias resultaran disipaingeniosos que conozcan y que en nada ofendas todas las dudas, y confirmado que se tradan á la litoral y á las buenas costumbres. calle de num. taba de un suicidio, fueron puestos en libertad Las bases del concurso serán las siguientes: a ia esposa y el suegro de Enrique Blanco. 1. Cada lector puede enviar copia de los Provincia de piropos que conozca, siempre que cada una venga acompañada de un boletín de los que van envía al concurso un piropo. A ce 1 dente casuai. al pie. En la Casa de Socorro del distrito del 2. a Un Jurado, compuesto de redactores Hospital fue ayer curada la niña de diez años Patricia Hidalgo Martínez, de la fractura de de este periódico, elegirá los piropos que juzgue dignos de publicación. Ja pierna derecha, que se produjo al caerse en 3 a Por cada uno que se publique abonará su domicilio, calle del Ferrocarril, núm. y. A B C cinco pesetas á la persona que le haya enviado. TÍ oha con fractura. 4. a El concurso terminara el cua 3i del Al regresar ayer mañana Modesta Chi- corriente mes de Mayo y el mismo día se abrivato Narbón á su domicilio, Raimundo Lulio, rá un plebiscito para premiar con un objeto de CLÍNICA DEL DR. GONZÁLEZ OSSORIO, o triplicado, segundo interior, se encontró con arte á cada uno de los tres piropos que nuesCONSULTA DIARiA, DE 2 á 4 a puerta del cuarto abierta y fracturados tres tros lectores estimen más ingeniosos. ECONÓMICAS PARA LOS OBREROS, DE 7 á 8. a baúles, de los que faltaban gran cantidad de 5. No se devuelven los originales ni se ARGENSOLA, 19, PRAL DCHA. MADRID ropas y alhajas. admiten reclamaciones sobre los no publicados, Han sido detenidos los porteros ae dicha pues el Jurado tendrá amplias facultades para NO SE DEVUELVEN LOS ORIGINALES casa. admitir ó rechazar los escritos oue se reciban. 1 V ESTEREOTIPIA DE A B C CONCURSOS DE A B C LOS PIROPOS Concursos de A B C 170 BIBLIOTECA DE A B CS AMUNCHO Í 71 -Eso te dijo... ¡él... ¿Me perdonarías, madre, si tratara... Ella le cogió las dos manos y quedaron silenciosos, no atreviéndose ni el uno ni el otro con sus escrúpulos de católicos 2 proferir el intento sacrilego que fermentaba en sus cabezas. En el fondo de los ojos de Francisca acababa de extinguirse el rayo de malévola rabia, ¡Perdonarte! -dijo ellaenvozmuy baja. ¡Oh! yo... yo... ya sabes que sí... Pero no hagas eso, hijo mío, te lo suplico; no lo hagas, sería una desgracia para vosotros dos... No pienses más en ello, Ramuncho; no piense más en ello... Se callaron al oir los pasos del médico, que subía á su visita cotidiana. Y esta fue la sola, la suprema vez qu? durante su vida, hablaron reunidos de tal asunto. Ahora sabía Ramuncho que aun después de morir no le maldeciría su madre por haber intentado lo que se pi oponía ó por cometer lo que proyectaba: aquel perdón bastábale y, ya obtenido, la mayor barrera entre su prometida y él veníase á tierra de repente. de la muerte y del entierro, el lúguDfe mañana, el horizonte que para su vida se dibujaba; ia casa, que tendría que vender antes de abandonar el país; después, acaso, la tentativa desesperada en el convento de Amezqueta; más tarde, a marcha á la desconocida América, probablemente solo y sin deseo de volver de allá... Le asediaba, obsesionándole siempre, el secreto de su nacimiento, aquel secreto que iba á llevarse su madre sin descubrirlo. Entonces, inclinan lose hacia ella y tembloroso, cual si fuese á cometer una impiedad en una iglesia, se atrevió á decir: ¡Madre! ¡An, maare mía, aime ya quién es n padre! Al anochecer aumentó la fiebre, pareciendo entonce la enferma mucho mas herida de muerte. Sobre su cuerpo robusto se cebaba la enfermedad con furia; la enfermedad descubierta demasiado tarde y mal curada por la aldeana testarudez de quien la padecía, por su incrédula desconfianza en los médicos y en las boticas. En el espíritu de Ramuncho ocupaba poco á poco un lugar primordial la idea horrible de que iba á perder á su madre; m ¡cnt as la velaba, pasando largas horas junto a! lecho, silencioso y solo, comenzaba á mirar frente á fLente la realid. d de la indefectible separación, el horror