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CUATRO JNUM. 480. CRÓ- jNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. FAREWELL ABC como lo será cuantas veces se presente en el gran palco de vuestro hermoso teatro de la ópera. Os lleváis la joya más brillante de la juventud inglesa... Aquí acaban mis crónicas. El Rey Alfonso se ha ido, pero, aún más que en el viaje oficial, tan deslucido por el mal tiempo, deja tras de sí una verdadera estela de simpatías. Merced á él y á su elección dichosa, Inglaterra y España establecerán entreoí mayor comunicación que nunca tuvieron. Algunas veces fuimos amigos porque la guerra nos unió. Esperemos que esta unión de hoy sea más bienhechora, ya que la paz la protege y la bendice el amor. W. RUSSELL MADRID, 7 DE MAYO DE 1906. NÚMERO SUELTO, 5 CÉNTIMOS 1 NDRES, 4 MAYO Outofsight, oui of mind, decimos los ingleses. A espaldas vueltas, memorias muertas, decís los españoles. ¡Qué triste fuera la vida si tan desconsolador refrán se cumpliese siempre! Pero, por fortuna, no es así. Y los novios que, quizá á la hora misma en que trazo estas líneas, se despiden camino de Southampton para np volverse á ver sino en el Palacio de El Pardo, antecámara de su cámara nupcial, saben por experiencia que antes, muchísimo antes de concebir Marconi el maravilloso invento, Amor envolvió al mundo en invisible red, valiéndose de la cual se extienden, se hablan y palpitan al unísono los corazones ausentes. Desde que en la primavera pasada un chispazo de pasión decidió de la suerte de Victoria Eugenia de Battenberg, su regio prometido- -á quien esta Prensa suele llamsr con típica precisión the mercurial f (ing- -ha recorrido el mundo: Prusia, Austria, Baviera, media España, las islas Canarias. Y sin embargo, quienes hemos visto de cerca á los novios, podemos dar fe de que es la ausencia poco temible enemigo frente á cariño tan vivo. Sin duda, para indemnizarse en parte de la oróxima separación, ayer pasaron casi todo el día reunidos el Rey y la Princesa. Hubo, primero, prueba de caballos, acompañando á Su Majestad el coronel Legge, con el intento, según se dice, de elegir uno que alcance el honor de revistar el Ejército español en las próximas fiestas, llevando sobre sí preciosísima carga; luego lunch en Kensington, á donde fue también el duque de Connaught para saludar al augusto huésped; y después, teatro por la tarde y teatro por la noche, el Hipódromo y z Waldorf, de bien distinta índole. Estaba encantadora la futura Reina. Cuando por la tarde apareció en el palco real del Hipodromo v llevando en la mano un ramo de lilas y vistiendo un marming dress of periwinckle blue sofl silk y un redondo sombrero de paja de igual color, el público se puso de pie movido de sincero entusiasmo. Desde entonces el espectáculo estuvo en ella más que en la función. Ss la veía reir, bromear con el novio, resplandecer de alegría. Y las gentes se complacían en la dicha de la nieta predilecta de la inolvidable Queen- Victoria más que en el fantástico espectáculo de la inundación, á pesar de que en éste la impresión es completa pues los 3oo.ooo galones de agua que se desbordan arrollándolo todo, hombres, ganados, perros, gatos, etc. inspirarían terror á quien por primera vez los viese, si no estuviera prevenido de antemano. Para verlo mejor y más de frente, el Rey español y los Príncipes ingleses cambiaron de palco, y desde el nuevamente elegido siguieron con toda atención hasta el ñnal las peripecias del grandioso espectáculo. Y Jcuando terminado éste, á las cinco y media, el regio grupo se levantó para marcharse, otro torrente humano invadió la calle y prorrumpió en una ovación formidable, oyéndose entre el clamoreo no pocas aclamaciones españolas y algunas otras españolizadas con mejor deseo que acierto. Igual escena se repitió por la nocne ai enerar y salir en el teatro del Strand. The beauty f f bath era la zatzuela, llamémosla as! que anunciaban los carteles. Pero the beauty of the royal box fue el verdadero éxito de la noche, MADRID AL DÍA p r a cié esperar que pagásemos de una sola vez la falta d e calor y el exceso de frío de que fue acusado el mes de Abril. El calor se ha echado encima de improviso. El día fue ayer de verdadero estío y el sol pesó como plomo derretido. Por la tarde se revolvió un poco el tiempo á beneficio de los parroquianos del sol en la Plaza de Toros. La corrida fue de emociones. La cogida de J egaterín, más aparatosa que grave, afortunadamente; la avería de un toro, que quedó con las patas delanteras rotas, y las faenas de Bombita, contribuyeron á dar interés á la fiesta taurina. De los aficionados á los toros únicamente los que no quieren ser admiradores de Ricardo lo pasaron medianamente, porque el chico trabajó como nunca, actuó de providencia en varias ocasiones y dejó su nombre á gran altura. ¡Cómo estaría, que fue sacado de la Plaza en hombros! Esto, digan lo que quieran los filósofos y... los termómetros, es consolador y refrigerante. Nos quejamos de vicio cuando decimos que no hay hombres. Y hay Bombas y Machacas. También hubo fiesta de cuernos en T e tuán y en Carabanchel, y no más porque tampoco hay más plazas en los alrededores. La policía dio un nuevo y afortunado golpe á Caco Company Limited, la tan acreditada institución que se dedica á desplumar ilusos Cañizares de Babia y sus inmediaciones. El Rey regresó anoche á Madrid. Hay quien supone que ahora se animará un poco la política, porque la verdad es que á la gente se le hacía soso no oír hablar de crisis. Sucesos se registraron varios, raterías, desgracias, todo de no gran importancia. Un día hermoso y además tranquilo; un día ideal. AEMECE ción ha cambiado. Antes se cernían sobre nosotros los más pavorosos problemas: el separatismo catalán, el hambre en Andalucía, la falta de trabajo en Madrid, la crisis de la industria, de la agricultura y del comercio en toda España... Ahora ya no se cierne nada de eso. Hemos entrado, como por arte de magia, en una era de paz, de alegría y de bienandanza que mil años nos dure. Nadie se acuerda ya de que los ministros no dan chispas, ni de que las Cortes no se abren ni con ganzúa, ni de que la Diputación debe dinero á todo el mundo, ni de que los servicios municipales están como Dios quiere... ¡Ya no se trata más que de los festejos, ni se habla de otra cosa que de gastar el dinero á espuertas! El Gobierno, la Diputación provincial y el Ayuntamiento trabajan á una, con actividad febril, con celo inusitado, organizando diversiones y distribuyendo fondos. En cuanto hay dinero que repartir y facturas que pagar, las comisiones de todas clases corren que vuelan. Y el heroico pueblo español ¡hay que confesarlo! aplaude la energía desplegada en estos momentos por las clases directoras y, olvidando todas sus preocupaciones, se recrea pensando que va á pagar espléndidamente una porción de cosas y aue se va á divertir de firme... ¡Se han salido con la suya aquellas señoras ministras que se empeñaron en que no se había de hablar de crisis, ni de presupuestos ni de cuestión social hasta que ellas lucieran y relucieran en las fiestas Reales Jos trajes que se habían encargado á París! V T o hay, pues, modo de tratar de nada más que de los festejos, uno de los cuales, por cierto, me tiene intranquilo y nervioso desde que se publicó el programa. A la fiaccotata, ó cortejo luminoso, me refiero. La idea de repetir esta procesión nocturna puede haber sido de una persona sola, del señor alcalde mayor, por ejemplo; pero en el desarrollo completo del plan, en el estudio de todos los detalles tienen que haber intervenido muchas inteligencias, las del Ayuntamiento entero tal vez, porque aquello ha resultado demasiado grande, complicado y trascendental para ser producto de un solo cerebro. Asombra, asusta, espanta aquella maravillosa y abundante colección de letras, faroles, prospectos, pirámides, galerías, cartelones y candelabros, todo monumental y todo carísimo, como se demostraría si se llegaran á publicar las cuentas, que no se publicarán nunca, naturalmente. Tan importante ha resultado la broma, que los mismos concejales que la proyectaron se han sentido incapaces de llevarla á la práctica y han encargado tan alta misión al capitán general nada menos. De ese modo se puede estrenar la ley de Jurisdicciones, echando todo el peso del art. 7. del Código militar sobre el que murmure de la fiaccoíaiia. ¡La combinación es diabólica! Pero á pesar de ella, y aunque no se me oculta el riesgo que corro, yo no puedo menos de hacer algunas observaciones á la comisión que ha redactado y ordenado las exclamaciones, ¡vivas! y ¡glorias! que han de figurar en los carteles y letreros luminosos. Muchos de ellos ¡ay! acusan y revelan, no ya un monarquismo ferviente, sino un servilismo exagerado, con el cual no podemos estar conformes todos... ¡qué diablo! Habrá quien no tenga á gala descender de los que desengancharon las EL CORTEJO LUMINOSO J p I más topo habrá podido notar que en un momento, con sólo fijar oficialmente la fecha de la boda del Rey, el aspecto de la na-