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APUESTAS MUTUAS ap- ieita por ¿aballo no puede ser inferior á UNA PESETA ni superior á VEINTICINCO, sin fracciones de céntimos. Escrihanse CON T, TJ 1 el número del caballo y la cantidad de pesetas, n. aue siempre eé lector su verdadero nombre y además el seudónimo cuando desee aparecer con él en la relación de ¡as cantidades recibidas. JABÓN MEDICINAL DE BlíEA APLICACIONES PRACTICAS Para desinfectar la piel El, JABÓN B BIÍSA, marca t a Giralda, es de un uso indispensable á todas las personas que estén al cuidado de un enfermo ó en contacto directo con ua foco de contagio. Por sus altas cualidades desinfectantes, la piel queda perfectamente i n m u n i z a d a de lo? gérmenes que son cansa de graves y temidas do ¡encías. Para afeitarse El. JABÓN 1 E BRISA marca. La Giralda, es el meior producto para afeitarse. Sus altascualidades balsámicas, que no posee ningún otro jabón perfumado, le hacen irreemplazable para este uso. No q n e m a ni escuece jamás, por delicado que se tenga el cutis, ablanda la barba y evita la salida de los barrillos y granos. Exíjase siempre, para evitar as imitaciones y falsifícacionet la marca registrada LA GIRALDA DE SEVILLA TMomore Nombre Seudónimo Seudónimo que vive en que vive en num. Población piso. num. Población Provincia piso. Pr; -inda APUESTA Por el caballón. pesetas APUESTA Por el caballo n. pesetas Precio: 3 PTAS. LA CAJA con 3 pastillas DE VENTA EN LAS PRINCIPALES FARMACIAS, DROGUERÍAS V PERFUMERÍAS DE ESPAÑA, ULTRAMAR Y EXTRANJERO 166 BIBLIOTECA DE A B C RAMUNCHO que le complacía más antes, y que ahora llenábale de bienestar físico tanto como de turbación el alma, porque esos preparativos de los elementos, todo el amontonamiento amenazador y terrible de lo alto, le daba la idea de un cielo sordo á las plegarias, simple foco de tempestades fecundantes, de fuerzas ciegas para crear, volver á crear y destruir. Y mientras estos minutos de meditación, todavía jadeante, en que algunos hombres, sin duda de alma bien diferente á la suya, le rodeaban para felicítaile, él no oyó á nadie, sintiendo más que nada la plenitud efímera de su vigor, de su juventud, de su voluntad, y diciéndose que quería gozar áspera y desesperadamente de todo, intentar cualquier cosa, sin la atadura de vanos temores, de vanos escrúpulos, para volver á ser dueño de 3 a muchacha tanto tiempo ansiada por su alma y que era el único objetivo de sus amores, su prometida... Acabó triunfalmente el partido, y se marchó solo, triste y resuelto, orgulloso de haber ganado, de haber sabido conservar su ágil destreza, y comprendiendo que disponía de un medio de ganarse la vida, de una fuente de dinero y de fuerza, de ser uno de los primeros jugadores del país vasco. Bajo el cielo negro veíanse siempre los mismos matices intensos tiñéndolo todo, iguales horizontes, limpios y sombríos, Y en tanto, proseguían ardientes las bocanadas del Sur, secas y bochornosas, excitando los músculos y el pensamiento Sin Embargo, las nubes bajaban, bajaban, y pronto este tiempo, la ilusión veraniega, iba á cambiar y concJuír. Ya lo sabía él, como todos los compañeros habituados á fijarse en el cielo: todo aquello no era más que el anuncio de una borrasca de otoño para cerrar el reinado de los vientos cálidos; una sacudida suprema para acabar el deshoje de los árboles. Luego vendrían los largos chaparrones, refrescándolo todo; Jas brumas, con- fundiendo y alejando el paisaje... Se impondría triunfante el invierno sombrío, que paraliza la savia, languidece la fuerza, que animar quiere á los proyectos temerarios y extingue los ardores y los atrevimientos... Empezaron á caer las primeras gotas de agua, espa ciándose sobre el camino, pesadas, sonantes en el tapiz ie las hojas secas. Como la víspera, cuando entró Ramuncho en su casa estaba sola Francisca. Subió de prisa y la encontró mal dormida, con sueño intranquilo, agitada, ardorosa. Andando por la habitación, para alegrarla un poco. trató con ramas de hacer fuego en el hogar, pero se apagaron humeando. Fuera caía la lluvia á torrentes. Por las ventanas, como á través de un sudario gris, se vislumbraba apenas el pueblo, borrado por las húmedas ráfagas. El viento y el chaparrón azotaban las paredes de la casa aislada, alrededor de la que, una vez más, iba á es-