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A B C. VIERNES 4 DE MAYO DE 1906. PAG. 9. EDICIÓN 1. C n la calle del Carmen, de esta corte, se rTM desarrolló ayer de madrugada un sangriento suceso, del cual han sido víctimas tres personas. La tragedia ha tenido caracteres tan emocionantes y detalles tan aterradores, que dejará honda impresión en el ánimo más sereno y hará estremecerse al corazón menos sensible. Un padre asesina á su hija y á su nietecita, dos criaturas angelicales, y después el parricida ultima su premeditada obra dándose muerte, con una serenidad inconcebible y dejando escritos en un pape! los nombres de las victimas medida que el proyectil horada los cráneos de tos inocentes seres, que del sueño pasan á la nuerte, sacrificados por un cerebro perturbado por la pasión del juego. AS PRIMERAS El portero de la casa NOTICIAS números 9 y 11 de la calle del Carmen, Vicente Regalado Cortina, oyó, sorprendido, á las ocho de la mañana de ayer, los gritos desaforados que daban las criadas del cuarto principal, pidiendo auxilio. Subió precipitadamente á dicha habitación, y siguiendo á las aterradas sirvientes, penetró en una alcoba, donde contempló un cuadro terrible y desgarrador. En el suelo yacía el cuerpo inmóvil del dueño del cuarto sobre un charco de sangre, y en las dos camas que allí había estaban una joven muerta y una niñita en la agonía. Inmediatamente salió para dar aviso á las autoridades y comunicar lo que pasaba á un pariente cercano de las víctimas, que habita en el piso segundo de dicha casa. A N T E C E D E N T E S En el principal de la citada casa vivían, hace uno tres años, D. Vírente Cebrián Diez, médico retirado de a Armada y exdirector del Hospital- General Se Montevideo, de cincuenta y un años, viuio; una hija de éste, preciosa joven de diecilueve años, llamada Lía; una nieta, huérfana áe una hija del primero, niñita de cinco años, Jlamada Dolores, y dos criadas llamadas Andrea Campos y Emilia Serrano. La hija estaba próxima á casarse con don Carlos Fleuriot. D. Vicente Cebrián, viudo de doña Emma Usher, parece que tenía carácter atrabiliario y raro; algunas veces se pasaba cinco y seis días en cama sin padecer enfermedad alguna. P L C R I M E N A la una de la noche, la jo ven Lía se retiró á dormir, satisfecha por Encontrar á su padre más contento que de ordinario. E! Sr. Cebrián llevaba dos días en cama y se había levantado momentos antes para que le arreglaran el lecho. Había pedido papel y sobres, con objeto de escribir mientras se ocupaban las criadas en hacer la cama. A la una y media todo quedó en silencio y fas criadas se retiraron á descansar. Serían las dos y media cuando las sirvientes oyeron varias detonaciones que las despertaron, pero creyeron que se trataba de algún suceso ocurrido en la calle. A pesar de ello, estuvieron preocupadas algún tiempo, y hasta se acercaron á la habitación en donde creían que habían sonado las detonaciones, sin advertir nada anormal. Su tranquilidad fue sólo aparente, pues no las abandonaba la idea de que los ruidos escuchados á hora tan intempestiva pudieran ser motivo de un suceso extraño; por eso la cocinera Emilia, al marcharse á la compra, diio á su compañera Andrea: A ver si los tiros de esta noche han sido en nuestro cuarto ó en los de al lado v nos enteramos por los periódicos. Andrea, á las ocho, siguiendo la costumbre establecida, entró á dar e! chocolate á Nene, L nombre con el cual llamaban á la pequeña Dolores. A su vista se ofreció un cuadro horrible. Lía estaba en su cama, muerta de un tiro en la cabeza; la niña Dolores, herida también de otro tiro en el mismo sitio, y el padre en el suelo, en medio de un gran charco de sangre. Despavorida ante aquella escena, la doncella salió dando gritos, á los que acudió el portero de la casa, que fue á avisar de lo que ocurría á los guardias y á Ja Casa de Socorro. Los guai dias números 112, Celedonio Ortiz, y 28, Serafín Sanz, fueron los primeros en llegar y comunicaron lo sucedido á la Delegación, que á su vez lo puso en conocimiento del Juzgado de guardia. Avisado Arsenio Cebrián, hijoemayor del parricida y suicida, bajó precipitadamente, y al contemplar tan siniestro cuadro fue víctima de un largo síncope, teniendo que ser conducido á sus habitaciones, donde se le prestaron auxilios facultativos. E L JUZGADO. A las diez se personó en la casa el Juzgado, compuesto del juez- señor López, el escribano Sr. Ferrer y el alguacil Suárez. Cuando estaban allí, se presento el médico de la Casa de Socorro, Sr. Amo, que reconoció á los heridos, certificando la defunción de Lía y recomendando que se avisara á la iglesia próxima para administrar los últimos Sacramentos á los que todavía, vivían, con la urgencia del caso. Así se hizo, y se llegó á tiempo de dar la Unción al padre, que poco después dejó de existir. La nietecita, herida de muerte, permanecía inmóvil en la cama, sin dar más señales de vida que angustiosos movimientos respiratorios. El juez se apoderó de -cinco cartas que e! Sr. Cebrián dejó escritas, y tomó declaración á Arsenio- y á las criadas, retirándose á las doce para hacer entrega de la guardia al Juzgado entrante. El padre del autor de la sangrienta tragedia se llamaba coifio éste, D. Vicente Cebrián. Era profesor de primera enseñanza, habiendo estado ejerciendo la carrera durante muchos- años, hasta su muerte, en el pueblo de Fuente de Santa Cruz de Coca, provincia de Segovía. En dicho pueblo nacieron todos sus hijos. El mayor era Vicente, que con grandes apuros y privaciones siguió la carrera de medicina, como sus hermanos Pedro y Víctor, aquél actualmente médico titular de Olmedo y el segundo médico del hospital Provincial de esta corte y célebre especialista de las enfermedades del hígado. Vicente comenzó á ejercer la carrera en buques mercantes y de la Armada, quedándose en Montevideo, donde abrió consulta é ingresando después en el Hospital de dicha población uruguaya. Allí conoció á doña Emma Uslher, con quien contrajo matrimonio. Poco después de su casamiento vino con su esposa á España, pasando una corta temporada en su pueblo natal al lado de su familia. Regresó á Montevideo, y algunos años después, cuando su posición no era más que mediana, casó á su primera hija con un viudo de bastante edad, apellidado Caravia, que tenía de su primer matrimonio dos hijas mayores que su segunda esposa. Este Sr. Caravia era persona de gran posición y padecía una enfermedad crónica. Poco después de la boda de su hija le tocó al Sr. Cebrián el premio mayor de la Lotería, aumentando su fortuna considerablemente. E Montevideo nacieron sus hijos Arsenio, Lía) Víctor FAMILIA LA CEBRIÁN mámente anos cuatro ó cinco años regresó á España el señor Cebrián con su esposa y sus tres hijos solté ros, decidido á establecerse en MadridAl llegar á esta corte se fueron á casa Cz su hermano Víctor Cebrián, coi el que vivierot algunos meses; pero incompatibilidades de carácter hicieron que la familia fuera á vivir unr fonda de la Carrera de San Jerónimo D. Víctor falleció meses después. Volvió D. Vicente Cebrián con su familia a. Montevideo, y regresó á los seis meses, instalándose en la calle del Carmen, núms. p y ix Al poco tiempo recibieron la noticia de 1 fallecimiento del esposo de su hija, y entonces el Sr. Cebrián marchó nuevamente á recoger 4 su hija y á su nieta. Por aquella época la mayoría de los herma nos estaban enemistados con D. Vicente á cau sa de su especial carácter. Hace unos dos años falleció de pneumoní; doña Emma, esposa del Sr. Cebrián, y al día siguiente de fallecer ésta murió su hija, viuda ¿quedándose con el abuelo la nietecita, que, según se dice, había heredado de su padre un? cuantiosa fortuna. Desde entonces vivían con D. Vicente sus hijos y su nieta. El hijo menor fue llevado a! colegio de Chamartín de la Rosa, y el mayor se casó con doña Matilde Montano, instalándose en el piso segundo de la misma casa en qua su padre vivía. I A PASIÓN D E L Como móvil principal J U EGO de la tragedia se apunta la afición desmedida que el Sr. Cebrián te nía por el juego. 1 Cuando al fallecimiento ae su esposa pudó el Sr. Cebrián manejar sus fondos y los de su nieta, se dedicó desenfrenadamente á los juegos de azar, en los que ha debido perder toda R EGRESO DELESR. ACEBRIAN A S P Ñ A Hará próxf- su fortuna. T Se asegura que últimamente concurría con asiduidad al Frontón Central y apostaba erecidas cantidades, que ganaba ó perdía alternativamente. Esto se reflejaba en desigualdades de su carácter, apareciendo unos días huraño y meditabundo y otros alegre y complacido. Se añade que recientemente recibió una respetable cantidad de dinero; que al cónsul del Uruguay, amigo suyo, le pidió otra cantidad, y que á su propio hija le exigía sumas. y como no se las facilitaba, no mantenía con él las rae jores relaciones. Esta pasión desmedida por el juego, con sus fuertes emociones, resintió la quebrantada salud del Sr. Cebrián, que tenía que guardar cama periódicamente por espacio de cinco y seis días. La habitación donde se desarrolló la tragedia es una alcoba de tres metros de ancha por cuatro de larga, con una puerta de escape ai pasillo de entrada, y con puerta principal al despacho, que tiene un mirador correspondiente aja calle del Carmen. En dicha alcoba había dos camas de madera, con dos mesas de noche, un lavabo y un arma rio de luna. En la cama más próxima al despacho dormía la joven Lía, y en la otra, el abue lo con la nietecita. El Sr. Cebrián, después de acostarse anteanoche su hija, su nieta y las criadas, se quedó en el despacho escribiendo las cartas encon tradas por el juez. Después de escribirlas, debió coger el re volver y disparar contra su hija, que estabí durmiendo, inclinada al lado izquierdo. Anotó en la última carta la muerte de Lía, y se dirigió á la cama de su nieta, haciendo sobre ella el segundo disparo. La niña dormía también sobre el lado izquierdo. Por último, hizo el t v... disparo sobie si misr apuntando í n auierda E L LUGAR D E L SUCESO