Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Si ANO CUATRO. i frUM. 476. CROjNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. OS ÚLTIMOS DÍAS DE UN REGIO HOL 1 DAY COWES, S ABRll 1 EMADR 1 D, 3 DE MAYO DE 1906. NÚMERO EXTRA. 0 10 C É N T I M O S el martes habrá, dicho adiós á esta canastilla de flores de Inglaterra, donde, durante dos semanas, ha vivido consagrado al amor y casi libre de etiquetas palatinas. De esperar es que, para ese día, ya esté repuesta la princesa Ena y pueda acompañarle á Londres, pues el solo objeto del viaje es hacer unas tiendas, como dicen vuestras damas. Por cierto, que esta noticia acaba de enloquecer á mis jóvenes compatriotas; un Rey que hace el amor como los demás mortales y además acompaña á su novia de tienda en tienda, es un ejemplo encantador. ¡Cuántas querrían amador tan fiel y tan rendido, aunque no figurase en el Gotba! Todo ello contribuye á que la Real pareja sea el principal asunto de las conversaciones de sociedad. ¿Por qué será tanta mi inhabilidad para describir trajes? Si no fuera tan torpe, yo os insertaría aquí la lista entera de cuanto ha mandado hacer vuestra futura Reina; desde los innumerables trajes de sociedad, en los que predominan los colores celeste, rosado, blanco y malva que son las tintas que mejor armonizan con la delicada tez de la desposada, hasta la útilísima lencería de casa que, marcada con las iniciales V. E. y A. V. enlazadas, es hoy orgullo de la casa Robinson and Cleaver, de Regent Street. Dispensen las señoras españolas, e n cambio, les prometo fiscalizar en Londres á los novios y contarlas ce por be todas sus andanzas. Aunque para ello sea preciso montar una guardia en torno á Kennsigton Palace, la afortunada residencia en la que un día nació la princesita de Kent, que andando el tiempo sería la gran reina Victoria de Inglaterra, y de la que años después saldría para su primer baile la princesita de Battenberg, que al volver de él era ya virtualmente la Reina Victoria de x España. T. RUSSELL y Él constipado de la princesa Ena, a ios ingleses nos va á costar trabajo trocar este calificativo familiar con que todo el mundo la denomina cariñosamente, por el respetuoso dictado de reina Victoria, Ininterrumpido mis crónicas. Coincidió con él, y acaso lo produjo, una nueva sacudida del temporal reinante; y, á decir verdad, las excursiones de D Alfonso en automóvil cerrado, entre lluvias y vientos, privado de la compañía de su bellísima futura, y más cortas que de costumbre, no daban tema (para el cronista. La única nota realmente interesante de los días pasados fue la expedición á la New Forest, y aun esa careció del encanto que hubiera tenido si á ella hubiera podido ir la Princesa. Además, la pintoresca y hermosa selva que se extiende al S. O. de Southampton y rodea á Lydhurst no es ya, después de las grandes cortas que se han hecho, el espesísimo bosque que fue antaño. Si resucitara el rey Guillermo el J ojo, que murió atravesado por una flecha en donde hoy se alza la Stoney Cross, quedaría asombrado del progreso de este país... donde, aunque no tanto como en el vuestro, no faltan quienes declaren directamente la guerra al árbolc Pero, á un tiempo mismo, la Princesa y el tiempo han mejorado. Y aunque la augusta novia se deja cuidar, como es muy natural, y no sale aún de sus habitaciones, el Rey Alfonso no pudo declinar ayer la invitación que, en nombre de lord Alverstone, presidente de la Sociedad, se le hizo para ir á Ashey, cerca de Ryde, á visitar el Jsle offfight Gun Club, que es una de las más afanadas Sociedades de tiro de la Gran Bretaña. Eran tres horas de ausencia, impuestas por la cortesía y en las cuales además tendría ocasión el Rey de demostrar su maestría en uno de sus más favoritos sporís. Después de almorzar en Osborne, salieron, pues, en dos automóviles el Rey, los príncipes Leopoldo y Mauricio, lord Cecil y el marqués de la Mina. Al llegar á Ashey, el vientecillo reinante hizo temer á los que no conocían al Rey como tirador, que si éste tomaba parte en alguna tirada, se desluciera. Se le invitó, por tanto, á hacerlo, con cierta timidez. Pero don Alfonso aceptó sin titubear, y acto seguido empezó la primera compelttion. á los agüelos de Granada y de Córdoba al quitar la muleta á Machaquito y volvérsela del revés para que un toro resabiado y asustadizo del rojo entrase en la suerte, como entró para que quedase bien Fuentes en todos los detalles de la corrida. Nada, que ayer fue un día, de felicidad completa para el madrileño neto: el de la fiesta del Dos de Mayo y el de la corrida de toros. Hubo gente para todo. Para la procesión conmemorativa en el barrio de Maravillas; para el Concurso hípico, que estuvo animadísimo y en el cual hubo accidentes desgraciados, y para alegrar los alrededores de Madrid con las meriendas y bailoteos de rigor. Para que no faltase lo de los días de fiesta... y de trabajo, se registró una riña sangrienta con navajas, heridas y demás detalles propios del caso. Otros sucesos menudos, como timos accidentes del trabajo y alborotos amenizaron la jornada para justificar en lo posible el dicho vulgar de un Dos de Mayo AEMECE LOS KANTIANOS T Vurante nuestros ocios de provinciano, en la pequeña y clara ciudad de la montaña levantina, nuestras manos y nuestros ojos van escudriñando los grandes y chicos volúmenes, los viejos y los nuevos, de nuestra diminuta biblioteca. Libros olvidados, libros que hemos leído siendo niños, libros que en un día lejano tuvieron para nosotros un momento de encanto, libros anodinos en que Ja adolescencia vio maravillas, libros de poetas, libros de novelistas, libros venerables y locos de arbitristas y políticos antiguos españoles, todos, todos pasan ahora de nuevo por nuestras manos. Y entre todos estos volúmenes, uno nos ha hecho meditar un instante y ha evocado una figura muy querida. ¿Cómo es este volumen? ¿Cuál es su título? Este volumen es chiquito; tiene unas 15o páginas; en su portada pone: La Hepúbhca de J 8 J 3; apuntes para escribir su historia, por F Pi y Margall. Y una línea manus crita con lápiz rojo añade: Folleto prohibido pot el Gobierno. MADRID AL DÍA e con el tiempo algo de lo que ha ocurrido con la primera y segunda corrida de abono: aquella combinación de NiemEro metido á Pitágoras que hizo de la segunda corrida la primera y de la primera la segunda. El primer día de Mayo, hermoso; primavera! ha sido el Fue á diez pájatos, y he aqui el resultado: segundo día. La fiesta popular del Dos de Mayo S. M. Alfonso XIII. i 110011111 8 t S. A. S. el principe Leopoldo. 1000010000 2 tuvo todo lo suyo: sol, calor, animación, Mr. Street 0001010001 3 tropas y músicas en la calle. La plaza de íMr. Basil Dunscombe 1011011001 6 la Lealtad y sus alrededores fue toda la Excusado es decir que vuestro Soberano mañana un hervidero humano. uedó consagrado como un excelente marksY derramando una lágrrtna ala memotnan. Y aunque en la segunda tirada el triunfa dor fue el teniente coronel Hamiiton, que hizo ria de aquellos que fueron nuestros hétoueve blancos en diez tiros, quedandb empata- roes, la gente madrileña fue á la otra fiesta, la nacional, la que también requiere dos en el segundo lugar D. Alfonso X 11I y el coronel Brooke, no sólo no se tiraron, por sol y colorines para ser lo que debe ser. feste empate, tos platos á la cabeza, según el No sol, sino soles: cuatro hubo en la jdicho español- -que bien pudieron hacerlo, pues Plaza, contando á Febo, de la categoría Sabido es que son platos y no pájaros las vícti- de Fuentes Bomba y Machaco. Los hémas de la puntería de los tiradores- -sino que roes del día, cinco: Daoiz y Velarde y imo y otro compartieron plácemes y aplausos icón su vencedor, que sólo erró el segundo dis- los tres precitados diestros. El público co, y está reputado como una de las primeras enloqueció de entusiasmo, sobre todo con Fuentes, que á muchos espectadores jescopetas. -rPoco después, el Rey se retiraba del Club les quitó treinta años de encima, no sólo fcfrectendo volver... cuando le dejen, Desde con sus pases y sus estocadas, sino con luego; no será por ahora, pues probablemente aquel alarde de ciencia que hizo recordar Ya esto es bastante para excitar nuestra curiosidad. Cerramos los oj. os un momento y vemos en un reducido despacho, sentado ante una mesa cargada de libros y papeles á un anciano con la barba blanca, con las mejillas rojas y con unas recias gafas tras de las cuales aparecen unos ojillos grises, opacos. Este anciano se ha detenido en su trabajo y va hablándonos con una voz fina, sobria, penetrante; en tanto que habla sus manos blancas y sedosas van frotándose con suavidad una con otra. Y nosotros vamos mirándole, observándole, y pensamos que ante nosotros tenemos un carácter típico, sintético, representativo de toda una moral y de toda una política. En efecto, este anciano de la barba blanca y de las manos finas, ha ocupado los más altos cargos de la nación, ha sido dueño durante unos meses de los destinos de su país. Y sin embargo, este hombre recto, apasionado de la justicia, aman-