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P, i DF JV! Y 0 DE ioo6. PA. O. j EDICIÓN WlC I I. í i v i A GJ AlfS. Vista de la población y la famosa apena del JHoi rah, X que amenaza desplomarse sobre Graus, y cuyo desprendimiento po ¡cuenta del Estado ha sido ordenado por reciente disposición del mmnterto de Fomento, to mur, MAYO FLORIDO p 1 mes de Mayo ha sido siempre alegre y animadísimo en Madrid. Remondándonos al tiempo de los Austrias, hallamos la bellísima romería de Santiago el Terde, que animaba la ribera del Manzanales, llevando á orillas del no y á las i mediaciones de la ermita de San Felipe y Santiago a las mujeres más hermosas y a os galanes mas apuestos de la corte. Zabal ¿ta ha dejado consignado en graciosos cuadros de costumbres el rumbo de aquellos festejos y los apuros de los galanteadores, que tenían que obsequiar e n coche y merienda a las señoras de sus pensamientos. De aquella época fueron también las fiestas de la Maya, de la que nos han quedado poéticas tradiciones unidas al nombre de Felipe I V En tiempos de los Borbones fueron regocijadas y animadísimas las fiestas de la Ciuz de Mayo. En los barrios populares improvisaban las majas de mas rumbo y donaire altares decorados con lo mejóralo que tenían en casa: colchas y colgaduias, cornucopias y floreros, abundancia de luces y de flores, y en el lugar de preferencia una cruz á la que hacían g ¡ardía de honor la Virgen de la Palo -í el bendito San Isidro que ai avan- zar los tiempos fueron sustituidos por las imágenes de Riego y de Espartero. Las muchachas de mas lindo palmito y de más despejadas maneras, vestidas con lo mejorcito del cofre, pedían un cuarhto para la Cruz de Mayo, ¡y desdichado el usía que caía en sus manos! Por la noche, seguidillas y fandango, nada de agarrao, por todo lo alto delante del altar y con asistencia de lo mas notable del barrio, y el domingo mas próximo á la fiesta de la Cruz, merendona en el Soto de Migas Callentes con lo que se había recogido postulando con gracia y salero. Cuando se levantó en el Prado el monumento á los héroes del Dos de Mayo de 1808, no había madrileño ni madrileña netos que no bajasen á oír su misa en el Obelisco. Estrenaban ellas los trajecitos de verano de tonos claros, resplandecientes de limpios y crujientes de bien planchados, y era costumbre salir al Retiro á coger lilas y regalarse con leche y mojicón en la casa de vacas. Pasear por la calle de Alcalá y el Prado la mañana del 2 de Mayo luciendo las hermosas la mantilla prendida con claveles, ha sido costumbre que estuvo muy arraigada durante el siglo pasado. Hoy no queda de todd esto más que el recuerdo y la procesión cívica, que ha oer- dido ya la nota característica que la da ban los parientes de las victimas. Este año lo que sera notable en Mayo no sucederá al principio, sino al fin, cuando venga el gran acontecimiento de la boda regia. UN MADRILEÑO R 1 CANO HISPAN O- AME Dedicamos días pasados alalinas observacio nes á la necesidad de nuevas lineas muiitim- s. Al deplorar la falta de un gran trafico intercontinental, apuntábamos la consideración de que las subvenciones a la flota comercial española debían responder algún día a la idea de que la marina mercante fuera representación de un poderoso comercio marítimo. Y excitábamos a las clases mercantiles a procurar qire las subvenciones a las nuevas lineas si i vieran para algo mas que para enviar cinco millones de exportación a la Argentina, menor numero a Cub i y unas cuantas pesetas a M nuecos. Si las cosas van por el camino de ahora, si las clases mercantiles no son mas diligentes, si no procuran sostener en aquellos mercados la competencia extranjera, las subvenciones para la flota comercial na servirán sino a una exportación ex gua. Eso quisimos decir; eso dijimos. Un leetc r ha entendido que fijábamos cifra concreij. de exportación a Cuba, y nos advierte que la de 1904. ascendió a pesetas 80 555 142 aumentada, seguramente, en 1905. Esa es, en