Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C DOMINGO 29 DE ABRIL DE 1906. PAG. 6. EDICIÓN 1 Postales europeas CLTENOR Decididamente los grandes CARUSO tenores son unos hombres deliciosos. Al menos, esa es su opinión personal, que por cierto no ha cambiado á través de los siglos. Si la música dulcifica las costumbres, en cambio no desarrolla la modestia. Berlioz nos lo prueba en una curiosa correspondencia que acaba de publicar la 7 evue de París, en la que nos cuenta como la cosa más natural del mundo que después de un nada de anormal en la declaración. Cualquier hombre, aun sin ser un gran tenor, hubiera experimentado una sensación análoga. ¿Pero qué hizo á continuación el Sr. Caruso? Abrí! a ventana de mi cuarto- -declara en substancia el gran tenor- -y comencé á cantar, dando notas tan elevadas como jamás pude alcanzar. No sé explicarme por qué obré así; o único que puedo asegurar es que esto me calmó. ¡Extraño! ¡Sorprendente! ¿Qué importa que railes de personas hayan perecido, que centenares de palacios y edificios colosales se diñándose, me dijo: Haced lo que queráis. ¿No es admirable eso de que un tenor lleve consigo en todas las circunstancias de su vida, lo mismo en las más jocosas que en las más terribles, una fotografía con una dedicatoria amable? En fin, todo eso no impide que el Sr. Caruso sea una excelente y digna persona; pero es un tenor; y observen ustedes que no es más que un tenor italiano; pensad ahora ¡o que hubiera hecho el Sr. Caruso si llega á ser sevillano... F. MORA LISBOA. Los delegados en el Congreso internacional de Medicina á bordo del vapor aVicbria que les condujo á Villa franca, toi donde fueron obsequiados por el Gobierno portugués- con una torada á la antigua usanza. -comicios concierto. Paganini, el noble y gran artista viniera á arrodillarse ante él y que momentos después le enviara con su hijo Aquiles, encantador muchacho de doce años un presente de veinte mil francos. En fin, sin hablar de las famosas funambulerías de Theodore Banville, en que hace del tenor- tipo un retrato definitivo y delicioso, la catástrofe de San Francisco nos proporciona un nuevo dato, singularmente pintoresco, sobre el tenor. Y gracias á ese espantoso cataclismo podemos hoy apreciar al tenor en medio de los elementos desencadenados. Caruso, que además de gran tenor es admirable artista, se encontraba en San Francisco en el momento de producirse la horrible catástrofe. Y el eminente cantante ha querido confiar al corresponsal del Daily Mail sus impresiones durante el espantoso siniestro. Oídlas: La primera sacudida- -dice- -estuvo á punió de arrojarme fuera del lecho. Hasta aquí derrumbaran, si el temblor dz tierra de San Francisco ha permitido a! tenor Sr. Caruso dar las notas más elevadas que jamás pudo alcanzar? Decididamente, la Providencia es sabia... Pero yo me pregunto ahora: ¡Cuál sería la estupefacción de aquellas pobres gentes, que aterrorizadas corrían por las calles viendo hundirse barrios enteros, al contemplar al señor Caruso en su ventana con la sonrisa en los labios y lanzando las más armoniosas notas que jamás salieran de su admirable garganta! Que nos digan, después de esto, que! os tenores son gentes como los demás. Pero sigamos leyendo las declaraciones de! Sr. Caruso: Descendí á la calle- -dice- -y fui detenido por una patrulla de soldados. Entonces me dirigí al oficial que mandaba la fuerza y le mostré una fotografía del presidente Roosevelt con una dedicatoria firmada por él. Y el oficial, in- El crimen de Tordesillas p l jueves último publicamos un telegrama de nuestro corresponsal en Yalladolid dando cuenta del descubrimiento de los autores de un robo y asesinato cometido el 19 de Diciembre de 1894 en la casa núm. 62 de la calle de Parras, en la persona de Estefanía Romero, viuda, de cincuenta y siete años y corredora de alhajas. Vivía sola, y utilizaba para los pequeños servicios que le eran indispensables á una sobrina suya llamada Ricarda, á la que bien pronto despidió. Temerosa de que la robaran, pues en ocasiones tenía en su poder importantes cantidades de alhajas, pasaba las noches en vela. Vivía miserablemente, hasta el punto de que muchos días no encendía lumbre por no gastar. Al anochecer de! día del crimen entraron en su casa la mencionada Paula y tres cuñados su-