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CUATRO NUM, 472. CRÓNICA UNIVERSAL ILUSTRADA. ria, en su drama Queen Maiy, con tintas más negras de lo justo. Pero los dramas no añadieron gran cosa á la gloria del poeta. Y los novios que ayer, mientras les servían el té en el gran: salón, dejaban vagar la vista por el hermoso panorama que desde allí se divisa, no estaban para pensar en drama alguno. Sólo verían en Tennyson al gran enamorado del amor y acaso repitieran aquellos versos donde el gran lírico, arrebatado por las dulzuras del amor, afirma que, con ser triste dejar de amar, todo es preferible á no haber amado nunca... W. RUSSELL SíMADRlD, 29 DE AVBR 1 L DE 1906. NUMERO SUELTO, 5 CÉNTIMOS Regresaron muchos de los obreros que fueron á trabajar á diversos pueblos de la provincia en obras públicas. Un grupo, para dejar el pabellón bien puesto, riñó en el tren, resultando de la reyerta algunos heridos y contusos. Otros de los que debían regresar en el tren gratuito, no lo hicieron, para pasar la noche en la localidad donde han trabajado. Hoy no tienen tren que no sea de pago. Pero puede que hasta se incomoden porque no se les ponga uno especial. AEMECB EL REY EN CASA DEL POETA COWES, 1 6 ABRIL si Si Inglaterralatiene la casa de Shakespeare, de Escocia de Walter Scott, la isla Wight tiene la de Tennyson. Los ingleses, que pasamos por ser el pueblo de la tierra mas apegado á los intereses materiales, somos tal vez la nación que con mayor esmero cuida los recuerdos de sus grandes poetas. Las casas en que vivieron son museos de sus reliquias; los castillos, los lagos, los cottages que ellos inmortalizaron tienen siempre una inscripción con su nombre ó una leyenda con sus poesías. Quien haya ido á Perth, por ejemplo, no olvidará aquellos carteles indicadores que al través de toda la ciudad van guiando al turista hacia el hogar de la Vair Maid, la bella fanciulta, de cuya vida hizo Walter Scott una novela y Bizet una ópera. Y quien vaya á Abbotsford tropezará por doquiera con el nombre de Wáverley, como quien vaya á Stratford hallará en todas partes el recuerdo del autor de Ttataleí. Asi con Burns, en el Condado de Ayr, y así con lord Byron, en el Nottinghanshire. La isla de Wight se envanece de Tennyson. Aquí vivió los años más felices; aquí escribió sus mejores poemas. Farringford Parle, donde lord y lady Tennyson agasajaron ayer al Rey Alfonso y á- Jas princesas de Battenberg, es un archivo de sus Memorias. Hizo bien el Rey de España en otorgar al templo del poeta el honor de su visita. Con ella ha acabado de ganar el corazón de ¡os habitantes de esta isla, tanto más cuanto que para ir á Freshwater es preciso atravesarla entera, y como el automóvil del Rey marchaba á velocidad moderada, la mitad de los isleños le vieron y se lo contaron á la otra mitad. Pertenecía Tennyson á la generación de Víctor Hugo y de Zorrilla. Si fue ó no sincero en su romanticismo, allá los críticos. El lo parecía en sus obras; lo parecía también en su figura, coronada por la clásica melena y caracterizada por la perilla borgoñona. Fallecido en 1892, sólo los niños de la comarca son los que no le conocieron. Para los que hoy somos jóvenes ó viejos, el autor era tan familiar como sus poesías, y no hay mujer en la isla á quien su novio no le haya recitado versos del gran Alfredo, ni hombre que no haya leído alguna MADRID AL DÍA hubo ayer bombas de Sevilla ni catástrofe de Cowes que comentar ni que explotar. El día se deslizó tranquilo por Jo que se refiere á noticias sensacionales que impresionan el ánimo y la cotización de la Bolsa. No hubo más asunto que las fiestas Reales. A la organización de su programa, que no es por cierto la de los festejos, se consagran Corporaciones, y hasta el Gobierno mismo, con ardor y entusiasmo dignos de más trascendentales causas, sin que por eso logren convencer á la opinión unas y otro de que puede resultar bien una cosa, cuya organización empieza pot no estar desorganizada. Cada cual, por su parte, inventa festejos y los reglamenta, sin que haya entre todos la debida unidad y un solo criterio para todos. Pronto habrá lo que hubo cuando la visita de Loubet, ujv, programa diario y una rectificación del día anterior. Sigue hablándose del nuevo trust, el de los panaderos ¿eh? el cual trust trae soliviantados á los obreros, que hablan ya de próximas é inevitables huelgas. La fiebre de los trust hace estragos. Sólo á un fin frenético puede conducir: á que llegue díai en que el público se percate del verdadero negocio y constituya otro trust contira todos los monopolios. Comentadísima una Real orden de Fomento diciendo al Jurado en la Exposivez el Canto á JVeltinglon. ción de E ellas Artes lo que debe hacer Wellington fue el defensor de España. El respecto de unos cuadros que aquél tiene persiguió á Francia, según el poeta. reparos en admitir. La citada disposición Till o er the hills her eagles flew no dice lo que debería decir: que el Jupast the Pyrinean pines. rado se compone de artistas y no de dóEl Rey, del lado allá del Pirineo, compar- mines de moral; que aceptando la lectirá con el vate la admiración por el guerrero. ción que los píos señores del margen dan Mas no fue ese canto el único momento de la vida y de la obra de Tennyson en que aparece al ministro, serán retirados y quemados Ja influencia de España. Cuando el genio aún varios de los lienzos que existen en el no era genio, cuando el poeta era un mucha- Museo; que en lo sucesivo se agregará á cho, algún emigrado español habló á su oído cada Jurado un censor, y, finalmente, que de libertades holladas y de odiosas tiranías. las Exposiciones de Bellas Artes se llaAcaso sintió renacer en él los entusiasmos de marán en lo sucesivo de Castas Artes Éyron. Y como Byron á Grecia, él salió para (con permiso del ordinario) nuestro país y por sus fronteras anduvo en Sucesos judiciales se registraron val 83o. Tal vez el final de aquella aventura, manchando con sangre del infortunado general rios: un suicidio, un timo del portugués Torrijos una página de nuestra historia, con- y el inevitable crimen pasional, con natribuyera á que exacerbados sus odios contra vaja de punta y todo, y con víctima fetodo lo que sonaba á absolutismo, retratase menina, para mayor gloria de nuestra posteriormente á Felipe 11 y al conde de Fe- consabida y proverbial Hidalguía. LOS SIMONES 1 1 na vez más se va á acometer la difícil y temeraria empresa de adecentar á los conductores de los coches de alquiler, haciéndoles usar flamante uniforme. Mucho nos alegraremos de que el éxito corone la empresa, dejando los buenos simones el poco estético aspecto que ahora presentan. Llamándoles simones no se les hace ningún agravio, pues sabido es que este nombre fue el del primer alquilador de carruajes que hubo en Madrid, Simón González, un honrado industrial al que Fernando VI concedió el privilegio en recompensa de los buenos servicios que había prestado en las jornadas reales de Aranjuez y La Granja. Seis fueron en un principio los coches de alquiler que estaban á disposición del público de Madrid, hasta que en 1756 se amplió la concesión en favor de Francisco Tulosa. Los carruajes eran todos de desecho de las casas grandes, de los que no podían ya rodar de puro viejos y destartalados, al servicio de obispos y de consejeros, y no se les hacía más arreglo que sustituir con tela de colchas de chillones colores la vieja y desgarrada tapicería. Mesonero Romanos, Larra y otros escritores de aquellos tiempos han pintado donosamente los peligros á que se exponían los héroes que se atrevían subir en aquellas máquina algunas de las cuales se situaban no hace todavía muchos años en la plaza del Progreso, ofreciendo servicios para los Carabancheles alto y bajo, Leganés y El Pardo. Hasta 1847 no hubo en Madrid un regular servicio de carruajes de alquiler, organizado por una Sociedad llamada de Collantes Moore y Comp. a, que estableció puntos en cincuenta puntos distintos, y que se regía por tarifas muy parecidas á las de hoy. Los carruajes llamados de lujo también se mejoraron, alcanzando fama en este ramo Lázaro, el que estuvo durante muchos años en la calle de Alcalá. UN MADRILEÑO J: HJ ikíih