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ÜEDiCIilAL. De venta en las principales Farmacias, Droguerías y Perfumerías de España, Ultramar y txíranjero. APLICACIONES PRACTICAS Paia lavar la cabeza EL JABÓN DE BIIEA, marca La Giralda, debe ser usado diariamente poí los niños y las persona s amenazadas de una calvicie prematura. Con su empleo desaparece la caspa y se impide la caida del cabello. LaefícaciadelJABÓJí D i BREA está demostrada por penetrar en el cuero cabelludo, haciendo desaparecer las causas que impiden la circulación de la savia que tortaleee á la raíz. i Para curar xas eniermedades cutáneas EL JABÓN D I BREA, marca Lia Giralda, no sólo es un eficaz preservativo, evitándose con su uso las manchas de l a piel, sean ó no herpéticas, los granos, sarpullidos y las demás enfermedades cutáneas que tanto molestan y afean, sino que á la vez posee propiedades curativas de primer orden para desterrar en poco tiempo las citadas dolencias. Para lavarse E L J A B Ó N DE BlíEA, marca L a Giralda, no tiene rival ni sustituto para la lira pieza del cuerpo. El cutis adquiere con su empleó frescura, suavidad y t r a n s parencia, evitándose los sabañones y las grietas en la cara y manos. Es el mejor producto que existe para conservar y realzar la belleza. Lavando con el JABCJ 1 SIKÉ BRÍJA á los niüot. itib preserva de las o escoriaciones, sarpullidos, costra láctea y demás padecimientos análogos, tan frecuentes en la infancia. Precio: 3 PESETAS LA CAJA con tres pastillas Marca LA GIRALDA, Sevilla De venta en las principales farmacias, perfumerías y droguerías de toda España. 56 BIBLIOTECA DE A B CP tAMUNCHC- I 53 enemiga de la infancia que venció, al fin, al romper la ventura de la vida de su hijo. Hubo un silencio entre los dos. El se sentó, con tía cabeza inclinada, cerca del lecho, teniendo entre las su yas la mano ardorosa que su madre le tendiera. Ella respirando agitadamente, creeríasele un largo momentp bajo la opresión de algo que vacila en decir. -Díme, Ramuncho mío... Querría preguntarte. ¿Qué piensas hacer ahora, hijo mío? ¿Cuáles son tus pro yectos, díme, para lo porvenir... -No lo sé, madre... Ya lo pensaremos, ya veré nos... M e preguntas esto... ahora... Ya tendremos tiempo de hablar de ello, ¿no es verdad... En las Ame ricas, tal vez... -Sí- -replicó ella lentamente, con todo el espanto 4 ue guardaba en sí desde hacía algunos días... -A la Amérieas... Sí, ya lo presentía yo... ¡Ohl eso es lo qu vas á hacer... Ya lo sabía. ya lo sabía... Su frase se acabó en un gemido y juntó las mano para rezar... A la mañana siguiente vagaba Ramuncho por la aldea y sus alrededores, bajo un sol que, disipando las nubes por la noche formadas, era radioso y brillante, como e del día anterior. Muy cuidado en el peinado y en el ves tir, el bigote retorcido, el continente altanero, elegante, solemne y guapo, andaba sin dirección fija para ver y para que le vieran, mezclando un poco de infantil orgullo á la seriedad que las circunstancias le imponían, algo di; bienestar, á su angustia. Al despertarse le había dicher u madre: -Estoy mejor, te lo aseguro; hoy es domingo, veft pasear, que estaré más contenta. Los transeúntes se volvían para mirarle, cuchicheaban Jos antiguos tiempos. Todo está como la tarde de su primer gran triunfo, hacía cuatro años, cuando entre la alborotada multitud veíase á Madalén con traje blanco, á Madalén, convertida ahora en una monjita negra... Sobre las gradas desiertas, en los asientos de granito donde brota la hierba, hay tres ó cuatro ancianos que fueron 1 un día los más bravos jugadores del lugar, y á quienes sus recuerdos traefi inevitablemente aquí, para charlar al morir de la luz, mientras el crepúsculo baja de las cumbres é invade la tierra, pareciendo surgir y caer de los rojizos Pirineos... ¡Qué felices las gentes que habitan aquí, y que aquí pasan la vida! ¡Qué recuerdos el de las sidrerías, el de las tenduchas y de las bagatelas- -traídas de tu ciudad, del más allá- -para venderlas á los caseros de los alrededores... Todo esto parécele al joven extraño, no unido á él o tan lejos como si durmiese en el fondo de un pasado primitivo... ¿Es que no hay ya nadie en Etchezar, que no es él el Ramuncho de otro tiempo... ¿Qué tiene de particular su alma, que le impide encontrarse bien allí como los demás? ¿Por qué, Dios mío, le está prohibido á é ¡sólo cumplir en su patria el tranquilo destino de su sueño, cuando todos sus amigos han realizado el suyo... Al fin se presentó su casa delante de los ojos. Está cerno pensaba volverla á ver, como esperó encontrarla, las flores, aún vivas, cultivadas por su madre, á lo largo de la pared, las mismas especies quelse han helado, hace ya semanas, allá abajo, en el Norte, en el sitio por donde viene el viento que las mata, ve heliotropos, geranios, dalias muy altas y rosas de ramas trepadoras. ¡Y la querida capa de hojas secas que cae por los otoños desde los plátanos podados en bóveda, también está allí aplastándose y quejándose con un ruido tan familiar bajo sus pasos... 1 Cuando entro en la cocina, en el piso baio, remaba en