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A B C SÁBADO 28 DE ABRIL DE 1906. PAG. 8. EDICIÓN 1. que como asesores en asuntos de política ínternacional han de disponer á su lado los comandantes generales de Melilla y Ceuta. Ese Centro, ó uno muy análogo, existe ya en el ministerio de la plaza de Santa Cruz y funciona con excelente resultado para cuanto se relaciona con nuestras posesiones del África Occidental; lo cito como ejemplo de que puede ser lo que es lógico sea. ÍÍJÍJ o puede el Gobierno dormirse en el asun to sin contraer grandes responsabilidades con el país y con el exterior. Hay cosas que no pueden improvisarse y sólo faltan ocho meses para que todo funcione, pues el Sultán, á quien conviene más que á nadie, no dejará de firmar lo convenido en Algeciras. si no hay alguien que le obligue á no hacerlo. Francia, por su parte, está bien preparada y en quince días puede cumplir sus compromisos. Ahora que está cerrado el Parlamento y que tenemos al frente del Poder al hombre que conoce mejor que ningún español los asuntos africanos, se deben aprovechar hasta los minutos para la preparación y desarrollo de un plan que corresponda al triunfo que hemos conseguido en Algeciras. yo con mejores Consultandoque no heuno de mis honra deamigos, al tenido la conocer, sobre algo que no deja de preocuparme, me dice lo que á la letra copio: Sin embargo del desenlace tan satisfactorio, la cuestión queda pendiente y aplazada para más adelante. Por más que la Francia proteste de su moderación y de su repugnancia á todo mayor engrandecimiento en el continente, ello es que en aquel suelo están frente á frente la civilización y el fanatismo, y nunca se observan enemigos tan contrarios sin venir á las manos en una lucha de vida ó muerte. Todos los esfuerzos de la diplomacia se estrellarán contra la naturaleza de las cosas, y la España debe seguir cuidadosamente con los ojos acontecimientos tan importantes para que no la sorprendan desapercibida. En el instante en EL VAPOR ALEMÁN BOURGERMSlSTER EN EL CUAL SALlÓ DE ÑAPÓLES EL DÍA l 6 S. A. R. EL DUQUE DE LOS ABRUZZOS, DIRIGIÉNDOSE A ÁFRICA DONDE EMPRENDERÁ UNA NUEVA EXPEDICIÓN AL MONTE RUZEV 0 R 1 dos estos pensamientos debemos contar con el apoyo franco de Inglaterra, que ni puede levantar una cruzada contra la civilización en África, ni mirar con indiferencia, por otra parte, el exclusivo dominio de la Francia en aquel continente. Por consecuencia, la política de la Gran Bretaña no puede ser otra que la de estar de acuerdo con la España para dirigir cualquier evento y contingencia que pueda influir sobre los destinos futuros de Marruecos. Hasta aquí mi maestro y amigo, que hace sesenta y tres años escribía lo anterior, demos- El duque de los Abruzzos r a s pasados publicamos una interesante cró nica de Franchi, nuestro corresponsal en Roma, dando cuenta de la nueva expedición queS. A. el duque de los Abruzzos ha emprendido á África Central para hacer exploraciones en el monte Ruzevori. Sabido es la afición de este ilustre Príncipe italiano á las exploraciones científicas, tan útiles para la ciencia misma y para la humanidad. Reciente está su expedición al Polo Norte, 1900, á bordo de la Slella Polar, llegando al 86 33 de latitud Norte. Muchas penalidades y la pérdida de un dedo le costó esta exploración que, en cambio, constituye una página gloriosa para la historia dsi príncipe Luis de Saboya. Arriesgada es también esta nueva aventura, para la cual ha salido hace pocos días del puerto de Ñapóles á bordo del vapor alemán Bowrgermeister; pero el animoso joven sabrá vencer ios grandes peligros que ofrece la empresa, y á los méritos contraídos añadirá un nuevo título digno de admiración y de respeto para el mundo culto. A OFICIALIDAD DEL VAPOR BOURGcRMeíSl ER QUé CONDUCE A ÁFRICA AL DUQUE DE LOS ABRUZZOS Fots. Groce ue la Francia traspase las margenes del Mu; iya, amenazando las provincias de Guert, Irrif y Tetuán, debe la España obrar activaíente para que nadie domine aquella parte de 1 costa septentrional de África, y para esto es ecesario tener más en cuenta y en menos abanDno nuestras posesiones de aquel país. En to- rrando una clarividencia y un conocimiento de estos asuiUos que maravilla. ¡Cuántas cosas acaecidas después aclaran esos renglones de D Serafín Estébanez Calderón! ¡Cuánto y cuánto deben meditar sobre ellos nuestros hombres públicos! FELIPE OV 1 LO S. A. R. EL DUQUE DE LOS ABRUZZOS