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A B C. jÜEVHS r H 1 BR 1 L DE i906. PAG 9. EDICIÓN 1. LISBOA. XV CONGRESO INTERNACIONAL DE MEDICINA. GRUPO DE LOS MÉDICOS ESPAÑOLES QUE HAN ASISTIDO Al allí sabemos que Cortelon, de evolución en evolución, ha llegado á senador; que su mujer Antoinette deja á un amante para tomar otro, y que, últimamente, en los baños de mar fliríeaba con el enemigo más encarnizado de su marido, con Leclerc, el nuevo diputado socialista. En ese momento, un criado anuncia la visita de Cortelon, que no ha visto á su hija desde hace diez años. Cortelon ha envejecido horriblemente. Está triste. Hablando con Ana, sabe que Leclerc va á llegar de un momento á otro, y Cortelon pide á su hija que lo deje á colas con él algunos minutos. Ana se aleja, y los dos hombres se encuentran frente á frente. ¿Qué queréis de raí... -pregunta Le clerc. y, arrodillado ante él, le suplica que no vuelva á ver á su mujer. Leclerc calla, y sale sin haber respondido. En el acto final, Cortelon es ya ministro; mas para asegurar las riquezas de su mujer, ha prevaricado una vez más. Una interpelación en la Cámara está anunciada. Es la caída inmediata, terrible, estruendosa, inevitable. Y ante la espantosa debácle, Antoinette se fuga con uno de sus amantes... Cortelon pierde la razón... Y su hija Ana, ante tanta desgracia, desaparece. He a! i el fin lógico de esta obra audaz y siniestra, que ha dado un éxito más á los muchos que tiene alcanzados su autor, Henry Bernstei: j. F. MORA LAS DE LA CASA DE LA MONEDA Figuraban en los tiempos de la Revolución de Septiembre, y figuraban en primera línea en la sociedad de Madrid, unas señoritas de extraordinaria hermosura muyelegantes y distinguidas, á las que se llamaba las de la Casa de la Moneda -Sé que mi mujer j s concede algunas entrevistas- -responde Cortelon. -Dadme vuestra palabra de que no sois el amante ie Antoinette. -Os la doy. -Aseguradme que no la veréis más. -Pedídselo á vuestra mujer. Ya sabéis que no tengo voluntad propia. Y el anciano se humilla... Confiesa saber de antiguo que su mujer le engaña, pero que su amor le hace representar el papel de marido ciego. Sin embargo, no quiere ser enqsñi c noor Leclerc- f BARCELONA. CORBETA- ESCUELA D GUARDIAS MAUIN ÁS DE ITALIA, QUE HA FONDEADO EN t i PUtRTO LA CIUUAD CONDAL porque habitaban con su padre, que era un alto funcionario de aquel establecimiento, en el edificio de 1? plaza de Colón. Se llamaban las señoritas de Serra, no y eran hijas de uno de los sobrinos predilectos del duque de la Torre. Cuandola duquesa, que gustó de acompañarse siempre de mujeres guapas, quería que su palco de) teatro estuviera brillante, decía: