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SíANO CUATRO CRONICA U N I V E R SAL ILUSTRADA tros, en los que solamente un ejército tan bravo y tan sufrido como el que mandaban O Don 1 3 ace cuarenta y seis añps amaneció un día nell, Prira, Echagüe, Ros, Zavala y otros tan- feliz para España; esa fecha es la del denodados hubieran salido incólumes de tan tratado de paz que se firmó en Tetuán dando dura prueba. Por otra parte, el espíritu público se había término á la guerra que españoles y marroquíes habían sostenido con tanto empeño como excitado en España de un modo inconcebible; desigual fortuna; por ambas partes no se eco- se habían amortiguado las antiguas rencillas; nomizaron ni el valor ni la sangre que al de- todos los españoles pensaban de igual manera, rramarse y confundirse en aquel suelo parecía y el general O Donnell, á impulsos de su conciencia que le gritaba por sus compatriotas que de las mismas venas había salido. Aquella campaña, calificada por algunos de muertos en la campaña y por sus compatriotas inútil, representa una de las más legítimas glo- vivos en la Península, rechazó de plano las proposiciones que le hizo Muley Abbas poco desrias de España y debe llenarnos de orgullo, porque en ella, COPIO ahora, esta infeliz nación, pués de la conquista? de Tetuán, sin acordarse peor tratada por sus propios hijos que por los para nada del compromiso que llevaba en el extraños, defendió la causa de la civilización y bolsillo, compromiso que como jefe del Godel progreso por encargo dt todos, por todos, bierno español había contraído con las Potencias extranjeras. Lo que se le proponía se le para todos y; en beneficio de todos. o no conozco hecho más hermoso de la antojaba muy poco para compensar la sangre historia del general O Donnell que ese trata- tan prodigada por sus heroicos soldados. ¡Y, do de 1 paz rechazado días antes de la sangrien- sin embargo, lo aceptó más tarde y después de ta batalla de Wad- Ras, comprometiendo toda la más sangrienta derrota que tuvieron los mola popularidad que había conseguido con sus ros, cuando la victoria de Wad- Ras le había abierto por completo la puerta del Imperio de victorias. O Doi. nell, que al salir de Madrid los sherifesl llevaba en el bolsillo aquel tratado, con muy ligeras modificaciones, tuvo por necesidad que é pasaría en el alma de aquel hombre tan dolerse en Tetuán de ello al recordar la mucha sagaz, de tanto valor como patriotismo? sangre española que había regado el camino de A punto fijo no lo supo nadie; ni aun á la perCeuta á la hermosa ciudad bañada por el Jelú. sona de su mayor confianza y cariño, al que le I as necesidades del comercio habían obliga- heredó en el título, á su sobrino D Carlos, le dijo nada concluyente. Se sabe sí que aquel do á Francia á disparar los cañonazos que hombre frío, impenetrable, ocultaba algo muy dieciséis años antes abrieron los puertos marroquíes al comercio del mundo; pero era pre- grave tras su apajrente satisfacción por aquel ciso penetrar en el país y obligar á sus fanáti- Tratado que nadie en España se explicaba cos habitantes á tratar á los extranjeros de un entonces; peto que hoy sería infantil que se modo más conforme con el espíritu moderno. ocultara á nadie los motivos que obligaron al ilustre general á un acto que le fue perfecta ¿Quién había de decidir la cuestión? ó mejor mente repulsivo. dicho, ¿quién se encargaría de realizar esa neEn primer lugar habían mediado promesas cesidad que en bien de todos era preciso poner que era preciso cumplir; en segundo, apenas en práctica? Los poderosos lo deseaban; Francia, más había negado al Califa marroquí su asentimiento en favor de la paz, notó que las simpatías que ninguna otra, ambicionaba encontrar el pretexto de reformar el tratado que en su nom- internacionales se extinguían y que amenazas bre firmara el general conde de la Hüe, que que en el acto se vieron confirmadas le ataban tantos disgustos había de ocasionarla después de pies y manos, comprometiendo la suerte de por la mala é incompleta delimitación de su este país infortunado, y, en tercero, observó que en lugares donde debían salir alientos y frontera argelina; pero entonces, como ahora, se despertaron recelos, y Napoleón III pro- esperanzas brotaban desdenes, indiferencias y puso á España, y convino con el resto de las quizá peligros. Se le anunció lo que iba á ocuPotencias que entonces estaban en juego, que rrir en las Baleares, como adquirió el convencimiento de que todo temor desaparecería con fltese ésta la encargada de tal misión la paz, y de su campamento vinieron á Madrid De nada de esto hay datos oficiales: todo se dos hombres de toda su confianza, ilustres más llevó por cartas y de viva voz; únicamente In- tarde en las letras patrias, y por ellos y por g aterra quiso que constase oficia mente que otros adquirió ya la certeza de todo, y el 26 Hispana no iba á África á satisface ntnj una as- de Abril de 1860 se firmaba en Tetuán, á guspa ación de conquista, y así se hizo constar me- to de Europa, el Tratado que tanto interés ha diante despachos que se cruzaron entre los Ga- tenido para la Historia universal. binetes de Madrid y Londres, únicos documentos oficiales que existen de semejantes neE n t o n c e s como ahora, consiguió España más gociaciones. ventajas de las que soñara alcanzar, después Napoleón respondió á Inglaterra, que por de haber sufrido el desengaño que pesó sobre los cierto aprovechó la ocasión para cobrar deu- soñadores que se habían forjado esperanzas de das atrasadas, de que nada importante aconte- otro orden que los triunfos alcanzados. Baste cería en perjuicio de nadie, aunque, por otro señalar que rio se cumplió del tratado, aparte lado, prestase á España, como lo hizo, todo el de la indemnización, cosas de más substancia apoyo que sin quebrantar la neutralidad apa- que aquellas de que todas las Potencias habían Kente pudo proporcionarla. de disfrutar al propio tiempo que España. El Gabinete español, indignado por los desUnas veces por nuestro abandono, otras por manes cometidos por los moros en Ceuta y resistencias pasivas del Gobierno marroquí, Melilla, pero al que, por otra parte, convenía sostenido bajo cuerda por elementos extraños, distraer la opinión, aceptó el encargo con gus- lo cierto del caso es que muchos de sus acuerto, creyendo, como todos, que la cosa era fácil dos no se han cumplido, y que otros del mayor y sencilla; pero en eso se equivocó: cuarenta y interés corren peligro inminente. No hay que dos días se tardaron en recorrer 37 kilómeacusar por ello á los Gobiernos, que salen de S MADRID, it DE ABRIL DE 1906 NÚMERO EXTRA. 0 10 C É N T I M O S nuestra masa, que tienen nuestras virtudes y nuestros defectos, y que no pueden hacer nada de orden internacional si el país no responde á sus iniciativas ó se encierra en un pesimismo muy semejante á la muerte. Varias ocasiones hemos tenido, que nuestra indolencia ha matado; pero hay algunas tar evidentes que abruman al historiador patiiota que en vano busca algo para disculpar esa atonía nacional; lo ocurrido en 1622, cuando se nos cedió á Larache, donde ahora debemos instruir á los soldados del Sultán; lo acontecido al final del reinado de Carlos IV, y lo que hemos presenciado después del tratado de Tetuán, son lecciones que no debe olvidar España, porque á lo que se ha comprometido en Algeciras la obliga muy mucho. Y son tantas las analogías de lo que hoy acontece con lo que pasó, es de tan vital interés para la Patria, que bien merece que Go bienio y ciudadanos mediten acerca de ello. FELIPE OVI LO 26 DE ABRIL DE 1860 MADRID AL DÍA TTntre hablar de trusts y de próximas fiestas Reales se pasa el tiempo mucha gente en días como ayer, escasos de noticias sensacionales. Las grandes catástrofes que nos ha brindado la presente primavera van olvidándose poco á poco. En Madrid había prisa por olvidarlas- -véanse las suscripciones abiertas para socorrer á las víctimas de Lens, del Vesubio y de San Francisco, -porque nos esperan las grandes fiestas. En su organización se ocupa el Gobierno y en su cele bración las corporaciones. Ayer, la Comisión de festejos dio á luz el programa de la fiesta musical de orfeones, rondallas y bailadores. Programa modestito y económico como para andar por casa. La Comisión provincial de la Diputación conferenció ayer con el gobernador civil y aceptó la idea de éste de ofrecer como mejor festejo la colocación de la primera piedra de un nuevo Hospicio. Plausible iniciativa si, además de ponerse la primera piedra, llega el día de ponerse la última y si después de puesta no se mueren de hambre y de frío los asilados. La sesión de la Diputación fue como la anterior, sosegada, y el único acuerdo fue el de cerrar el hospital del Cerró del Pimiento. De los golfos se ocuparon el ministro de la Gobernación y el gobernador civil, proponiendo éste el establecimiento de una casa de corrección, cuya necesidad se viene reconociendo veinte ó cuarenta veces todos los años. Y las que te rondaré, morena. Para la cuestión de las armas prohibidas, reconocieron los conferenciantes que conviene hacer cumplir una Real orden que existe para castigar á los poseedores de aquéllas. Es decir que, como era de suponer y el. caso constituye el pan nuestro de cada de día, existen medidas que no se cumplen. Re-