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ABC. MIÉRCOLES 25 DE ABRIL DE 1906. PAG. 12. EDICIÓN 1. que, á pesar de ser ya tan visto, hizo reír mucho á la concurrencia, no siendo á las que menos gracia hacía las á Reales personas. En resumen: una fiesta brillante y un éxito más para sus organizadoras la duquesa de Santo Mauro, las marquesas de Onteiro, Moctezuma y viuda de Bogaraya; condesas de Albiz, Grove y Aybar, y señoras de Allendesalazar, Villar y Eguilior, que con su iniciativa han conseguido, ayudadas por S. A R. la infanta doña María Teresa, recaudar una fuerte suma, con la que bastantes infelices, podrán tener alimento y educación, cosas ambas tan necesarias desgraciadamente para muchos. chando dos vagones, resbaló y cayó sobre los ríeles en el preciso momento en que descendía un tren de carga, triturándole los pies. En gravísimo estado fue trasladado al Dispensario, donde le fue hecha la amputación de ambas piernas. Se desconfía de poderle salvar. Después de limpiar y cargar el revólver el guardia municipal Roberto Quero, se lo colocó en el cinto y en tal momento se le disparó, atravesándole la bala el muslo derecho. El herido se halla grave. -Benet. La dimisión de Goluchowsky POR TELÉGRAFO arís, 24, 10 m. Noticias transmitidas de Viena al Eclair acogen el rumor de la dimisión de Goluchowsky en plazo breve, por motivo de un fracaso político en las relaciones de Austria con Servia. En los círculos políticos se concede poco crédito á la noticia. P EN EL TEATRO DE LA ZARZUELA se celebró en el teatro de la Zarzuela la función á beneficio de las Escuelas- Asilos de golfos organizada por la Junta de damas que las patrocinan. El teatro estaba espléndido, pues sus localidades se hallaban ocupadas por lo más distinguido de nuestra sociedad. Es imposible dar los nombres de la bellas señoras y señoritas que con su hermosura alegraban la amplia sala del teatro de la calle de Jovellanos; baste decir que en los palcos principales, entresuelos y plateas tomaban asiento, así como en las butacas, damas cuyos nombres figuran á diario en estas columnas. Primeramente la compañía del teatro Eslava interpretó con general aplauso Los tres gorriones, en la que se distinguió, como siempre, Loreto Prado, artista muy estimada por el público; después si hicieron Bohemios, por la compañía del teatro de la Zarzuela, y en último lugar se presentaron varios números de varietés, siendo el más celebrado el del mono TVathal, la A noche, con asistencia de S. M doñaReina y DE BARCELONA I ntento ladeCuesta de la Vega intentó suicidarsuicidio. de SS. AA. RR. las infantas Isabel, En doña María. Teresa y el infante D Fernando, POB TELÉFONO MARTES, 2 4 1 1 N. SUCESOS Oolidaridad catalana. La comisión organizadora del homenaje de solidaridad catalana ha dirigido una circular á los orfeones, masas corales y entidades musicales de Cataluña, solicitando su concurso é invitándolas para que asistan en corporación á la fiesta y procesión cívica que se celebrará el día 20 de Mayo. g ffna comunicación. El cónsul de los Estados Unidos ha dirigido una comunicación al alcalde interesándole la reparación de las carreteras que conducen á Francia, en vista del sin número de reclamaciones que á diario recibe de los automovilistas en tal sentido. T os desgracias. Un empleado de la estación del Norte, llamado Pedro Rodríguez, que estaba engan- se ayer de madrugada, infiriéndose varios cortes con una navaja de afeitar en el brazo y mano izquierda, el guardia de Seguridad Antonio Alonso, de veinticuatro años, soltero. Curado en la Casa de Socorro del distrito de la Latina, pasó al Hospital. BE LIS vus unáis CLÍNICA DEL DR. GONZÁLEZ OSSOR 1O, CONSULTA DIARIA, DE 2 á 4. ECONÓMICAS PARA LOS OBREROS, DE 7 á 8. ARGENSOLA, 19, PRAL DCHA. MADRID NO SE DEVUELVEN LOS ORIGINALES IMPRENTA Y ESTEREOTIPIA DE A B C BIBLIOTECA 0 E A B CB 3 AMUNCH 0 momento, creyendo haberle visto alguna otra vez, perc que no le recordaban sin duda y que volvían á hundirse en eS tranquilo sosiego de los campos... Pensando as! sentía, más acentuada que nunca, la diferencia primordial entre éi y aquellos trabajadores. Por alia abajo, sin embargo, vio venir un carro, cuya carga era tan grande, que las ramas de las encinas le ce, rraban el paso. Iba delante el conductor, con mirada de dulce resignación; un muchachote apacible, rojo cual los neiechos, como el otoño, con una elástica encarnada abierta por el pecho, que muestra desnudo; anda indolentemente, pero con flexibilidad de miembros; lleva los brazos en cruz sobre la aguijada de los bueyes, que va por encima y á través de los hombros. De la misma manera, sin duda, y por los mismos flancos de la montaña, anduvieron sus ascendientes, labradores y boyeros como él, hacía muchos siglos, siglos incontables. AI ver á Ramuncho tocó á los bueyes en la frente, los detuvo con gesto y voz imperiosa y se adelantó hacia el viajero, tendiéndole las vigorosas manos... Era Florentino. Un Florentino que había cambiado mucho, más cua. drado todavía que antes, hecho ya hombre, con todo el desarrollo y el hermoso florecimiento de la virilidad. Se abrazaron los dos amigos y miráronse en silencio, aturrullados de pronto por la ola de recuerdos que les subían desde el fondo del alma y que ni uno ni otro sabían expresar, aún menos Ramuncho que Florentino, porque si bien su lenguaje era mucho más completo, también, en cambio, aparecíansele insondables la profundidad y el misterio de sus pensares. Como les agobia y ata concebir cosas que no pueden expresar, sus miradas confusas, sin determinarse, caen sin darse cuenta sobre los hermosos bueves, que están parados. -bon míos, dijo Florentino... Ya hace dos años que me casé... Mi mujer trabaja por otro lado... Y as! trabajando, se empieza á vivir bien en nuestra casa. ¡Ah! añadió con ingenuo orgullo- -tengo todavía en la cuadra otra pareja de bueyes como ésta. Se calló, y se puso rojo como la grana de repente su rostro, que el sol tostara: sentía la ternura que brota de pecho, que por naturaleza poseen los más humildes y que no suelen tener gentes más afinadas por la educación; y sentía esto pensando en el volver desolado de Ramuncho, en su destino roto, en su novia sepultada allá abajo entre las negras monjitas, en su madre moribunda y en la crueldad que le había él mostrado al evidenciar con exceso su dicha ante el pobre muchacho. Volvió á reinar el silencio; aún se miraron un instan-