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Francisco, 2- i Logroño, Mercado, 21. Avila, S. Segundo, 11, Oviedo, Uria, 16, S. Sebastián, Hernani, 11. Valencia, dr. S. Antonio. OS que entienden sus intereses y conocen la rlqiiísi ma ACilTA l fií C I. Or KíA l í l í O K I F K la comieran ¡lor garrafones do í litros y les sale el litro á 4 pe setas. Y de balde el garrafón ¡que vale 2 pesetas. Si no se encuentra en los depósitos, la Rancla su autor desdo Bilbao, Traiu. lodo gasto, romitién 5oI e 8 íí o. sotas. SEÑORITAS DE MUEBLES Actualmente la casa de moda en fVladrid En esta renombrada Casa existe lo que la elegancia dicta para la primavera. Preciosas novedades en colgaduras, portiers, paravents, alfombras y sillerías. Numerosísimos objetos decorativos de celebrado primor. Precios fijos. Baratura incom. parable De siete y media mañana á ocbo y media noche HAY GrAUDAMUEBI. 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Nadie sabía qué clase de presiones habíanse empleado sobre la doncella de cabellos de o r o ni de qué manera, al encerrarse en la tumba de las religiosas, cerró las puertas luminosas de su vida; pero después de las indispensables dilaciones, y sin que ni aun su hermano hubiese podido verla, pronunció sus votos, mientras Ramuncho, en una lejana guerra colonial, siempre apartado d e los correos franceses, entre los bosques de una isla austral, ganaba los galones de sargento y la medalla M i l i t a r Francisca había tenido casi miedo de que el hijo querido volviese al país... ¡Y, al fin, volvía! E n t r e sus dedos, enflaquecidos y ardientes, daba vueltas á la carta, que decía: (rSalgo pasado mañana y estaré ahí el sábado p o r la noche. ¿Q u é hará él- -se preguntaba la madre- -cuando vuelva, y qué resolución tomará en su vida, cambiada tan tristemente? E n sus cartas se había obstinado Ramuncho en no nablar de esto. Y t o d o además, variaba para la pobre madre. Los inquilinos de abajo se habían marchado de Etchezar, d e jando el establo vacío, la casa más solitaria y como es natural, también cuedaba disminuida en mucho la m o desta renta que percibía. P o r otra parte, en una colocación de dinero desgraciada perdió parte del que el extranjero le diera para su hijo. Verdaderamente, pensaba, era una madre torpísima, que así había comprometido la dicha de su hijo querido, ó más bien, era una madre sobre la que pesaba ahora espantosamente la justicia de lo alto p o r la falta de la juventud... T o d o esto habíala Las casas vascas emergían aquí y allá entre los árboles, alzándose, con el tejado en pendiente, muy blancas aún en su vejez centenaria, con sus ventanas pardas ó verdes, de un verde pálido y sin brillo. P o r todas partes, en la balconada de madera, secándose al sol, se veían calabazas de amarillo de o r o y montones de alubias encarnadas; de las paredes colgaban como gigantescos rosarios de coral ristras de rojos pimientos; t o d o lo que dan la tierra fecunda y la luz solar, nodriza inagotable, mostrábase reunido en g r u p o s según la milenaria costumbre, como la previsión de los meses sombríos en que el calor se va y huye.