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A B C DOMINGO 22 DE ABRIL DE ic, c 6. PAG. ¡S. EDICIÓN 1. Tema una Herida en el cuello de dos centímetros de extensión y diez de profundidad, que había seccionado la arteria yugular. E L CRIMINAL. El autor de la hazaña se llama Vicente Hernández Yubero, de treinta y tres años, soltero, cerrajero, natural de Madrid, con domicilio en la calle de la Magdalena. Como hemos indicado, su tipo es del mas refinado criminal, de cuerpo desmedrado, aspecto repulsivo, ojos pequeños y felinos y rostro sombrío. Marchaba al trabajo cuando se encontró a ios golfos detenidos, y sus censurables impulsos le obligaron á ponerse de su parte y acuchillar á los representantes de la autoridad. Fue conducido á la delegación dei Centro, donde al principio reconoció la navaja como suya; pero después lo negó, lamentando que se le hubiera detenido sin haber hecho nada. I A VICTIMA. Manuel Claro tenía vein titrés años, era natura! de Sevilla, con- ¿omicílio en la calle de Valverde, núm. 6. Mantenía á su padre octogenario. Hace tres años que ingresó en el Cuerpo de Seguridad y muy pocos meses que contrajo matrimonio en su pueblo natal, de donde regresó hace cuatro días. Su cadáver fue trasladado al Depósito judicial. El gobernador se ha ofrecido á costear el entierro y socorrer á su familia. N E L JUZGADO El asesino fuéconduD E GUAftDJ A cido al Juzgado á última hora de la tarde, prestando declaración ante el juez decano Sr. del Valle. Negó rotundamente. Los guardias municipales y civiles y el compañero de la víctima reconocieron al agresor. Este quedó detenido é incomunicado en los calabozos del Juzgado. El gobernador civil ha dirigido una comunicación al coronel jefe de Orden público manifestándole el sentimiento que le ha causado la muerte violenta del guardia Claro, y reflejando su admiración hacia quien ha sabido morir en el cumplimiento de su deber. Le encargó que en la orden del día del Cuerpo, y durante un mes, figure el nombre del infortunado guardia, para rendir con ello el debido homenaje á su memoria, y le dice que además de la suscripción que se abrirá, se pagará por el Gobierno á la viuda una pensión mensual. Termina diciendo el señor gobernador que él costeará el entierro de Claro, al que asistirá con todo el personal á sus órdenes franco de servicio. EDI DAS OPOR- El martes publicará TUNAS el g o b e r n a d o r un bando prohibiendo el uso de armas blancas eon punta, b? jo la pena de una crecida multa y de arrestos gubernativos. -1 Muerta por imprudencia C e encontraban ayer tarde en el tejar de Vaf gas, situado en el Puente de Vallecas, Fernanda Guerra, de dieciocho años, y Francisca de Lama González, de catorce, platicando amigablemente, cuando á la primera se la ocurrió asustar á su compañera con una escopeta que había en la casa. Creyendo que estaba el arma descargada, 1 cogió Fernanda y apuntó á luüana diciéndola: ¡Que te mato! Entonces puso el dedo en el gatillo, salió ei disparo y cayó al suelo Juliana manando sangre. Cuando acudieron á recogerla la encontra ron cadáver; La imprudente agresora fue presa de un inmensa congoja al darse cuenta de lo que había hecho. E LOGIOS M í i R E C 1 DOS ECOS ACADÉMICOS 1 nstiluto Científico, Literario y Artístico. En esta Sociedad, que á causa del lema que ostenta ha alcanzado en el poco tiempo que lleva de existencia lega! tan justo renombre, se ha verificado una modificación en su Junta directiva, entrando en ella, en sustitución del Sr. Fernández de Velasco (D. Recaredo) que venía desempeñando la secretaría de actas, D. Teodoro Vázquez y López. El Sr. Velasco se traslada á Salamanca, donde funciona. desde hace tiempo la Sociedad de Santo Tomás de Aquino, para la que es portador de un mensaje de salutación, á la vez que de invitación á realizar una campaña de instrucción y divulgación de las ciencias, de acuerdo con el Instituto Científico, Literario y Artístico. E ir ONVICTO Y Varias veces compareció CONFESO anoche ante el juez, señor Valle; el escribano, Sr. López, y el oficial, seüor Alcocer, el matador del guardia Claro. Por fin á última hora se confesó autor del crimen, mimfestando que la navaja no era suya y que se la dio uno del público. Hernández Juvero tiene una hermana casada con el Sr. Carbonell, policía de Barcelona. Es reincidente, habiendo cumplido veintiún meses de cárcel por haber herido de una puñalada á un compañero de oficio el día de la coración de Alfonso XIII. RAMUNCHO ÍJ SEGUNDA PARTE Han pasado tres años rápidamente, veloces. Francisca está sola en su casa, enferma, acostada, a líochecer de un día de Noviembre. Este es el tercer otoño que transcurre desde que mar chó s hijo. En sus manos, abrasadas por la calentura, tiene una o. arta de él, una carta que debía haber sido portadora de alegría sin nubes, ya que en ella anuncia la vuelta á casa, pero que, por el contrario, le produce torturantes ssnti mientos, porque la ventura de ver al hijo ausente se en venena ahora con tristezas, y más aún con inquietudes con horribles inquietudes... Ya había tenido presentimiento claro del sombrío por venir la tarde aquella en que, volviendo de despedir i Ramuncho, hubo de entrar en casa angustiadísima, des pues del reto lanzado por Dolores en plena calle: era verdad cruel que, en aquella ocasión, había destrozado para siempre la vida de su hijo... Meses de espera y de calma aparente habían, no obs tante, seguido á esta escena, en tanto que Ramuncho muy lejos de su país, combatía por vez primera. Después un día, se presentó á Atadalén un rico pretendiente, y ella ío supo la aldea toda, le rechazó obstinadamente, á despecho de la voluntad de Dolores. Desaparecieron entonces de súbito las dos, la madre y la hija, con el pretexto de visitar á unos parientes de la parte alta del país. Pero el viaje se prolongaba, la ausencia se envolvía en un manto de misterio, y de repente se esparció el rumor de que Madalén cumolía el noviciado en una fundación de las Hermanas da Santa María del Rosario, en un convente ¡Mí hija Cafarse con ese Bastardo sin dinero! ¡No faltaba más! -Pues bien, yo creo que sí, que se casará con él... ITrata de proponerle un marido de tu elección, á ver Jo que te dice... Entonces, como quien se desdeña de continuar liafelando, volvió á emprender su camino, oyendo por detrás la voz y el insulto de la otra, que ¡a perseguía. Temblaba todo su cuerpo y á cada paso vacilaba sobre sus piernas, á punto de desfallecer. En la casa, ahora yacía, jqué lóbrega tristeza cuando voivió á entrar! ¿La realidad de esta separación de tres años se le aparecía- bajo un aspecto nuevo, como si no hubiese estado preparada á ella, lo mismo que al volver dei camposanto se siente por primera vez en todo su desesperante horror la ausencia de los muertos queridos... ¡Y después, aquellos insultos en la calle! ¡Aquellas palabras, tanto más agobiadoras cuanto que, en el fondo, tenía en la conciencia el punzar cruei de su falta con el extranjero! En vez de seguir su camino, que es ¡o que debió hacer, ¿cómo había podido ocurrírsele pararse ante su enemiga, y por una frase murmurada entre dientes provocar aquella disputa odiosa? ¿Cómo había descendido á eso, á olvidarbe de ¡os quince años en que poco a poco ganara el respeto de todos con su conducta perfectamente digna... ¡Qué dolor sentirse atraída á sufrirla injuria de Dolores, cuyo pasado, realmente, era irreprochable, y que tenía, en verdad, el derecho de despreciarla! Reflexionando en- esto, se espantaba cada vez más de la especie de desafío para lo porvenir qus había tenido la imprudencia de lanzar al alejarse; le parecía con tales paiabras haber comprometido, al exasperar así el odio de aquella mujer, toda la ansiosa y halagüeña esperanza de Ramuncho.