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C. T F A IRRUÍ, O 1006 í J 1 1 i. tu ¡fji I T- t S ti i S N FRANCJSCO DE CALIFORNIA. ViSlA DE LA CIUDAD Y DE SU B i H) mente azucarada, que se tomará por la mañana, Sarde y noche. Es medicamento la cerevisina granulada efi: az en toda clase de erupciones dérmicas; en mi clínica particular rae está dando excelentes resultados, y por eso aconsejo á mis lectores hagan uso de él, bajo la dirección de cada médico particular, que deberá aumentar ó disminuir la dosis según el temperamento é idiosincrasu de cada paciente. DR. CORRAL Y MA 1 RA. Bárbara, otra gloria de la escena, Ei sí de las niñas. Los aplausos que la tributamos aquella noche fueron los últimos que oyó la que tantos, tan ruidosos y merecidos, había recibido en su gloriosa carrera. Fue entre nosotros Teodora, la Teodora, como se decía familiarmente, una verdadera institución. De hermosa figura, de tez pálida y grandes y hermosos ojos negros La Teodora 1 os que por dicha suya son fóvenes, no saben lo que significaba para los que ya somos viejos la gran actriz española T e o d o r a Laraadrid, que hoy hace diez años, el 21 de Abril de 1896, bajó al sepulcro. Para el público había muerto mucho antes, desde que se retiró de la escena. La última vez que la vimos sus admiradores fue en una función extraordiparia del teatro del Conseivatorio, representando con b hermana doña u LA CATEDRAL CATÓLICA DE PANr rXANCJSCO que chispeaban, cuando era preciso, con las llamaradas de la pasión, impresionaba lo mismo cuando se adornaba con las preseas de la T (ica hembra, que cuando lucía las galas versallescas de Adriana Leccuvreur. Su voz era dulce y quejumbrosa, y llegaba al alma en los momentos solemnes de los dramas, como cuando cogía la cuerda que había de hacer sonar la campana famosa de la AlnuidaJua. Fascinaba al pú blico y ejerció una 1 7 gran influencia sobre las señoras de su tiempo, que se vestían se peinaban y hasta hablaban á lo Teodora. ¡Cuántas de éstas hemos conocido en sociedad! Fue la gran artista una gran señora cuyo trato encantaba y yo he pasado horas muy agradables conversando con ella en el elegante gabinete azul del entresuelo de la plaza de O r i e n t e donde, retirada del mundo y consagrada al culto de la adorada DE CALIFORNIA lija q u e perdió