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ABC. VIERNES 20 ü ABRIL DE 1306. PAG. 9. EDICIÓN 1 a afirma que Bibiano se ausentaba con frecuencia sin pedirle permiso, y supone que esos viajes hacíalos para activar en Madrid el pleito que con sus parientes sostenía. Sotero Moreno, portero del Refugio de San Antonio, confirma que Bibiano deseaba hallarse próximo á la corte para ocuparse en un asunto que Je interesaba mucho, según le dijo en una ocasión. Agrega que el ermitaño le hizo saber que no congeniaba con Vicente del Olmo ni con su mujer. Declaran luego José Serrano y Nicolás Martín, no haciendo revelaciones interesantes. procesados y termina manifestando que, aespués de cometido el delito, le confesó el pastor que si su mujer no le induce no mata al ermitaño. El letrado Sr. Bravo dirige una pregunta que motiva un incidente muy vivo con la Presidencia. AI retirarse Clara de estrados, el público, que ha escuchado con visible satisfacción cuanto ha expuesto al Tribunal, despídela con muestras de simpatía. Otro testigo, Gloria Serrano, dice que oyó al hijo del pastor, que su padre, después de matar al ermitaño, le quemó la barba con un candil. Y se suspende el juicio hasta las tres de la Añade que el niño le refirió también algunos tarde. actos inmorales; pero interrogado con habilif J O R LA T A R D E Comparecen Críspulo dad, concluyó por negar éstos, que sólo él Muñoz, Fermín García, Pedro Mayo- imputaba, siguiendo el mandato de su madre. El fiscal cree encontrar contradicción entra ral, Alberto Gil, Máximo Mago, Petra de la Cruz, Julián Peña, Gerardo Oñate, Andrea lo que dice en el juicio este testigo y lo que Pastora, Eloísa Serrano, Eduardo Muñoz, declaró en el sumario, y pide que se lean los Julián Morales y Cesáreo Martínez, pero sus folios que indica. El presidente no encuentra la contra iicción declaraciones no tienen realmente importancia, pues se limitan á confirmar que Bibiano se aludida y se opone á la lectura. creía perseguido por sus parientes; que no fra T E S T I G O S D E LAS Valentín Sosa, Muternizaba ni mucho menos con Vicente y su D E F E N S A S nuel M a t a m a t a mujer; que ésta es peor que su esposo, y á re- petir, por último, el relato del crimen (que Manuel Gamarra, Tomás Recuelo é Ignacio splo de referencia conocen) en la forma que López, son los testigos que presentan las defensas; pero sus manifestaciones ¡imítanse á más agrava la situación délos procesados. certificar que Vicente del Olmo, antes de cometer el crimen, era hombre de buena con jT ec ¡araciones de interés. Raimunda Cabello (a) La Cestera y Clara ducta. de la Mata hicieron manifestaciones intereD R U E B A DOCU- Resulta de ella que Visantes, pues la primera vio al ermitaño el mis- MENTAL cente del Olmo no tiemo día en que abandonó la cueva del B: ato ne herida que demuestre lucha con el ermitapara marchar á Madrid. ño, ni aparecen del reconocimiento practicado Le llevaba yo una cesta que me había encar- en el niño Mariano, hijo del procesado, señagado el pobrecito- -dice la testigo- -y me ex- les reveladoras de los actos deshonestos qu trañó no encontrarle en la ermita. Pregunté le atribuyen á Bibiano. por él, y ésta- -señalando á la procesada- -me 7 W ODIFJCACION DE C O N- Terminad! dijo que no se encontraba en casa; pero el niño T que estaba allí también aseguró que se hallaba CLUSIONES. ASESINATO la prueba arriba con suf padre, y en efecto, poco des- documental, modifican las partes sus respectipués le vi bajar, tembloroso, llorando y muy vas conclusiones. El fiscal, en el sentido de estimar los hechos azorado. María Crespo me rogó, observando mi ex- como constitutivos de un delito de asesinato trañeza, que no contase á nadie lo sucedido, cualificado por la alevosía, sin circunstanciar pues Vicente habíase visto en la precisión de modificativas de la responsabilidad; consideatarlo p ór una cuestión que ambos habían te- ra autor material á Vicente Olmo y por inducción á la mujer de éste, María Crespo, y sos nido. Bibiano me pagó la cesta, y aunque para tiene la existencia del hurto para ambos pronada la necesitaba, porque salía para Madrid cesados. La defensa modifica en sentido de que Vien aquel momento, se quedó con ella. Después me marché de allí, pero seguí oyen- cente, a! matar á Bibiano, no obró por vengai ofensa alguna, sino en defensa propia, y que e! do voces como si riñeran con Bibiano. Fiscal. ¿Pero oía usted las que daba el er- dinero hurtado no fue para lucrarse, sino para arrojarlo á la sima. mitaño? El defensor de María Crespo, Sr. Bravo j Testigo. N o señpr, á Bibiano no le oí, ni Lecea, sostiene la inculpabilidad de su patrocidijo nada mientras yo estuve en su casa. A preguntas del defensor de Olmo, asegura nada. Leídos los escritos correspondientes se susque María Crespo le habló del ermitaño en mal sentido, diciendo que había ofrecido di- pende el juicio hasta mañana, nero á su hija en varías ocasiones. Pero yo, La modificación de conclusiones ha aevuelts agrega, no di crédito á tales infamias, porque el Sr. Bibiano era un hombre muy formal y á esta causa el fnterés que la primitiva calificación fiscal Je había restado. muy bueno, El público escuchó emocionado la lectura de La otra testigo, Clara de la Mata- afirma que el ermitaño quejóse á ella de los malos tra- los escritos definitivos, y esta misma emoción tos que recibía del pastor y de su esposa, aun- puedo asegurar que ha trascendido á la ciudad, que á la hora presente comenta los incidentes que siempre creyó peor. á ésta que á aquél. E! fiscal interrumpe la declaración de la tes- de la vista y espera con impaciencia el fina! de tigo, dándose por satisfecho con lo que lleva la célebre causa del ermitaño, M. TERCERC referido; pero el presidente, que no opina lo mismo, la ordena que continúe. Afirma que el niño Mariano del Olmo díjole un día que no era su padre sólo el que había matado al ermitaño, pues su madre tenía tamMADRID. Cierre. Interior contado, 81,75; bién participación en el crimen Yo eatonces quise saber más, pero el niño fin de mes, 81,80; fin próximo, 82,10. AmortizaBanco, 435,5o. contestó que no hablaría del asunto porque sus ble, ioo,85. Libras, 18,89. Tabacos, 401, Francos, ¡5, ¡5. padres se lo tenían prohibido. A pesar de la gran baja de París, el mercado (María Crespo sonríe mientras declara la conserva su firmeza. Disminuye notablemente la testigo. doble del Interior, que ya no es más que de cinco Prosigue acumulando cargos contra ambos céntimos entre e! contado v el plazo á fin de mes. ARIA CRESPO. A continuación declara la mujer de Vicente, y afirma que ti ermitaño burlábase de los hijos y aun de ella misma, razón por ¡a cual había propuesto la procesada á su marido marcharse del lugar. Pero Vicente no quería abandonar la ermita, y siempre me replicaba: Calla y aguanta, que oronto recogerá la herencia. ¿Y por qué deseaba su marido- -pregunta el fiscal- -que heredara Bibiano? -Porque, según me dijo, habíale prometido egalarle un par de muías, algunos corderos y os aperos de labranza que necesitase. El fiscal le dirige otras preguntas, y la procesada contesta en forma tal que el presidente a llama al orden. El público acoge con muestras de aprobatíón el rasgo enérgico de la presidencia. María Crespo termina su declaración negando que auxiliase á su esposo en la realización del crimen, aunque no oculta su antipatía por el ermitaño. p R U E B A PERICIAL. Los peritos médi eos Sres. Serrano y Mazario decidieron, á nuestro juicio, el resultado de esta causa, pues su declaración terminante, categórica, sin dudas, vacilaciones ni diferencias de criterio, vino á demostrar: i, Que Bibiano murió instantáneamente á consecuencia del golpe recibido por la espalda. 2. Que no fue agredido en la escalera, sino cuando se encontraba en una superficie plana; y 3. QIXÍ el ermitaño no pudo apercibirse del ataque. Los médicos presentados por la defensa mostráronse conformes en un todo con lo expuesto por sus compañeros. El letrado Sr. Rodríguez Juan quiso con habilidad destruir el mal efecto de una de las manifestaciones del pastor (que, como decimos, se obstina en afirmar que no dio el golpe á Bibiano en la cabeza) y al efecto preguntó á los peritos si es posible que la ¡esión determinante de la muerte se ia produjera el ermitaño en la. caída; pero los médicos contestaron negativamente, porque el cadáver no presentaba señales en el pecho. Aparte, añadieron, de que un golpe sobre el corazón podía originar un colapso cardíaco y aun la muerte misma, pero nunca esas convulsiones que el pastor asegura que advirtió, sin duda para explicar la fractura del cráneo. Comparece en primer término María del Olmo, hija ie Vicente é hijastra de María Crespo. Afirma que ésta no podía soportar en su casa la presencia de Bibiano, pues antes de establecerse eJ peregrino en la Cueva del Beato, percibían aquéllos las limosnas que Juego recogía el forastero. Dice que en una ocasión oyó decir á María Crespo que Bibiano, que era quien se guardaba las ganancias, debía barrer el porta! de la casa y ocuparse de la ermita. El fiscal le dirige algunas preguntas para aclarar uno de los más interesantes puntos de ío manifestado por Vicente del Olmo; pero la muchacha elude hábilmente la respuesta. Dice, sí, que el ermitaño quería burlarse de ella; pero no confirma lo que dijo el pastor respecto á las intenciones deshonestas de Bibiano. ¡ariano del Oimo. Algo más explícito que su hermana, Mariano del Olmo, que no tiene más de siete años, asegura lo que su padre ha expuesto al Tribunal, y confirma los propósitos que atribuyó aquél al ermitaño. Al retirarse de la sala el niño, su madre lo braza y lo besa llorando. testigos. María y Francisco Crespo, madre y hermano, respectivamente, de la procesada, se abstienen de declarar. O. Cayetano Bíltrán, párroco de Cifuentes PRUEBA D E TESTIGOS BOLSAS DEL DÍA 19