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A B C MIÉRCOLES 18 DE ABRIL Dñ 10.06. PAG. 5. tíDICION t emoción de una ciudad entera que es el Paraíso de ¡Italia, además del terror que siempre causa una inmensa catástrofe... Algo así como la Mala Pascua cantada por Santuzza en la Cavaílería rusticana de Mascagni. Se trataba de la destrucción de Ñapóles, y recordaban las gentes la siniestra profecía de un santo, que nació en España y que vivió mucho tiempo en Ñapóles, respecto á dicha ciudad, donde reposa, sin descomponerse, su cuerpo: Vendrá un día en que se dirá: ¡aquí fue la ciudad de Nápoles! Las noticias seguían negando terroríficas á Roma, mientras el Rey con su augusta esposa, sin bombo ni platillos, sin que les acompañara ni una sola dama de honor, se dirigieron de noche á la estación y tomaron el expreso de Ñapóles que sale á las doce y treinta y cinco minutos. A las seis de la mañana JOS Soberanos llegaban á Ñapóles, donde los aguardaban Su Alteza Real el duque de Aosta, su primo, que es jefe del Cuerpo de Ejército que está de guarnición allí, y gobernador de la provincia. Ni un minuto de descanso, ni una parada de algunos instantes para mudarse y hacer una toilette muy necesaria después de un viaje de seis horas. ¡Era preciso no perder tiempo! Subieron los peregrinos Reales en dos automóviles de 70 caballos y voliron hacia las campiñas invadidas. La marcha fue penosa; las cenizas habían invadido los caminos y alcanzaban 5o centímetros de altura; los laptlli caían como lluvia de fuego. Era peligroso avanzar, era difícil respirar aquél aire saturado de cenizas y de gas sulfuroso. No import. ¡Adelante siempre! ¡Sempre uvanti, Savoia! que es el grito de nuestros soldados. El automóvil sufre un desperfecto, es preciso abandonarlo; no importa, los dos Soberanos suben al automóvil que montaba el general Brujati, primer ayudante del Rey, y ¡siempre delante! Llegan á ottajano, pequeña ciudad abandonada por sus habitantes, encontrando al paso una estatua de madera de Santa Ana, protectora de la región. La lava ardiente ha respetado la estatua, pero ha devastado el país protejido. Desde Ottajano a Torre Annunziata y luego á Boscotrecasse. El daño causado es inmenso, el peligro inminente. Todos los habitantes están aterrorizados. Pero el Rey sabe infundirles valor, los anima, los sostiene. ¡Algunos miles de francos entregados personalmente alivian muchas miserias y enjugan muchas lagrimas! El alcalde de Resina corre ai encuentro del Rey, y gritando le pide el envío de cien soldados. ¿Cien so dados? -pregunta el Jíey- ¿para qué? -Señor, -contesta algo turbado el alcalde- -para limpiar de cenizas los techos de nuestras casas... ¿Y por vjiíe no barren las cenizas los habitantes? -Porque están aterrorizados... Están rezando en las iglesias... -Rezar... rezar; eso es bueno- -replicó el Rey; -pero bien podrían rezar y mover al mismo tiempo una pala. Quizá entonces producirían más efecto sus rezos. El Rey Víctor Manuel, acompañado siempre por su augusta esposa, ha repartido dinero, y además se ha expuesto sin titubear á los mayores peligros. Ha entregado cien mil francos al gobernador de Ñapóles para cubrir las más urgentes necesidades y, o que vale más que el dinero, ha dado ejemplo de un valor y de una sangre fría admirables. Ha subido a! Observatorio del Vesubio, donue ei d i t l o i el piui. süi Vláii uccj, es- taba encerrado con algunos carabineros bloqueado por la lluvia de piedras y de cenizas. Después de verse libre ha querido permanecer allí prestando servicios á la ciencia. Luego, los Soberanos visitaron la iglesia de San José, que está en ruinas y bajo cuyos escombros se encuentran sepultados un centenar de devotos, y animaron á los trabajadores que procedían al salvamento bajo una lluvia incesante de cenizas y de tapilli. Entonces fue cuando Víctor Manuel se separó de la Reina, bajando ésta á Ñapóles para visitar en los hospitales á los heridos y para consolarlos de las pérdidas causadas por el volcán que ha arrasado los camp os y las cabanas, haciéndoles perder toda esperanza en el porvenir. La Reina ordeno que atañeran ios pisos bajos de la Reggia (Palacio Real) para que allí se refugiaran los fugitivos del Vesubio. Italia entera admira la conducta de sus jóvehes Soberanos, que han aliviado tantas miserias y han consolado á tantos afligidos. Deseo que el eco de esta admiración unánime llegue hasta mis amables lectores de A B C. Para mí es un deber intentarlo... y ya lo he cumplido. María, aquella hermana de Felipe IV que qiiiso vestir luto por él cuando ¡apolítica que le trajo el novio decidió volvérselo á llevar? La enemistad de Isabel de Inglaterra y de Felipe de España llena, con sus antecedentes y sus consecuencias, una centuria entera de nuestra vida nacional. Con haber sido su hermana María la esposa de nuestro Rey, el nombre de Isabel suena mucho más á cosa conocida en los oídos españoles. Ella fue la hija de aquella Ana Bolena que arrebató un trono y un marido á Catalina de Aragón; ella tuvo e atrevimiento, que mucho era necesario en los tiempos que corrían, de desdeñar la mano que por cálculo le ofrecía el Rey Católico; ella fue la rival vengadora de María Estuardo, personaje tan popular en nuestra patria, y ella, en fin, provocó la funesta expedición de la Armada Invencible, de cuyos restos, que aún yacen en el fondo de los mares, quedan venerables salpicaduras en las costas de Escocia é Irlanda. ¡Cuan distinto hubiera sido el curso de la historia si aquel hombre y aquella mujer, en vez de odiarse, se hubieran amado! Carlos J, cuando era príncipe de Gales, vino á España llamándose sencillamente John Smith; le acompañaba sólo el duque de Buckingham, y le traía á Madrid una intriga político- amorosa. Venía á enamorar á la hermana del Rey. N AMERICANO QUE DE- DesdeelQui- Es positivo que lo logró: los retratos de CarSEA CASARSE CON LA final hasta el los, pintados por Van Dycfc justifican el éxito HERMANA DE PIÓ X V a t i c a n o el Pero no consiguió igualmente que Buckingham camino es corto. Pronto puede recorrerlo una enamorase al conde duque. La infanta pudo anécdota. perdonar al príncipe el susto que la dio un dí A pesar de esto, no sé si vaje ia pena rererir cuando se presentó á su vista r e improviso, la ocurrencia de un archimillonario yanqui lla- saltando á su jardín por encima de una tapia. mado Wedder, que se ha dirigido solemnemen- Olivares no perdonó nunca á Buckingham que te y con los requisitos de rúbrica al papa Pío X hubiera un favorito real más fastuoso, más para pedirle la mano de la más joven de sus arrogante que él. La boda se deshizo; la inhermanas, una señorita de unos sesenta años. fanta lloró; Carlos regresó á Inglaterra, que Pío X está algo molesto con las pretensiones declaró la guerra á España. Años después, á ¡o barnum de ese Sr. Wedder. Pero como se John Smith era el rey Carlos, marido, por destrata de un buen católico, de un hombre que pecho, de Enriqueta de Francia; y la infants suele hacer magníficos donativos á la Iglesia, era la emperatriz María, esposa, por razón d Pío X ha dado el encargo al cardenal Gibbons Estado, de Fernando de Austria. Carlos 1, de que haga comprender, si es posible, á mís- mal aconsejado, huyó un día al castillo de Cater Wedder que su business, mejor dicho, su risbrooke, cuyo guardián lo entregó á sus enesolicitud, es algo inconveniente. migos, que lo llevaron al cadalso. Seguramente lloró por él la Emperatriz de Alemania, ya DR. FRANCO FRANCH 1 madre á la sazón del que había de ser Leopoldo I, y despedazar á España en la guerra de CONCURSO DE Sucesión. ¡Cuan distinto hubiera sido el curso de la historia si la política hubiera dejado que APUESTAS MUTUAS se amasen aquel hombre y aquella mujer! U SUMAS RECIBIDAS DE 1 AS Doña Aurora Peláez 3 Ptas. D. José M Saraleguí 14 Ángel Revilla José Duran Manolito Fernández Vares. I Aurorita Fernández Vares 1 D. Cristóbal Vivancos Muto Chito Doña Aurora Vivancos D Miguel Sánchez Vivancos 2 Dentro de unos días visitarán los rístos de Carisbrooke Castle, unos excelsos novios. El amor les unió y la política no se interpuso entre ellos. ¿Por qué no esperar de este amor bendito por dos pueblos que hoy son los únicos favoritos de los Reyes, más lisonjero por venir que el que años atrás depararon á nues tra Patria la aversión recíproca de los monarcas Isabel y Felipe y la antipatía de los privados Buckingham y Olivares? F. DE LLANOS Y TORRIGLIA 1 f N CASTILLO EN LA ISLA DE WJGHT Para quien sepa leer en piedras viejas, Inglaterra está llena de recuerdos de España. Aún en la minúscula isla de WV ght, cuya población diseminada en Var as ciudades no liega á la quinta parte del número da habitantes de Madiid, hay un castillo maltrecho por el cual parecen vagar aún las sombras de dos reyes que influyeron no poco en nuestra historia. Es el castillo de Carísbrooke, antigua fortaleza normanda reedificada en el siglo xm, ampliada luego por Isabel Tudor, y asilo un día, cárcel al siguiente, del infortunado Carlos Al nombrar á Isabel, ¿quién no recuerda á su pretendiente calabaceado Felipe 111? Al citar á Carlos 1, ¿qué español medianamente leído no pensara en sus amores con nuestra infanta SAN JERÓNIMO I a iglesia de San Jerónimo, donde recibirán la bendición nupcial y oirán la misa de velaciones S. M el Rey don Alfonso XIII y la princesa Victoria Eugenia de Battenberg, tiene antigua é interesante historia. Su origen es una fundación que el rey D. Enrique V hizo en el camino del Pardo para conmemorar el paso honróse que en aquel sitio defendió su favorito D. Beltrán de la Cueva. Los Reyes Ca tólicos trasladaron la iglesia y el conven to, habitado por frailes Jerónimos, al sitio donde hoy se halla, y se gastaron