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BC. LUNES 16 DE ABRIL DE 1906. PAG. 8. EDICIÓN i. tera... Nadie sabe, ni puede figurarse lo que yo padecí en aquellas horas crueles... Pero todo terminó, dijo Vicente, mientras se limpiaba las lágrimas con el dorso de una de sus manos. Yo hice lo que hice obligado por las circunstancias. Y como esto es la verdad, y la verdad nc tiene más que un camino, espero que en el jui cioharáel Jurado justicia, declarándome incul pable... Teníamos cuanto deseábamos saber de lo que Vicente deí Olmo ha de declarar ante sus jueces y dimos por terminada ¡a entrevista. UN PASANTE EL ERMITAÑO DE Cl FUENTES n vi temblar como un azogado después de mis palabras; lloró, se arrodilló, y tantas y tantas veces hubo de pedírmelo, que al fin, apiadado, le saqué del encierro, donde estuvo algunas horas, y le dejé marchar. O Q U E D I C E La amabilidadde D Ma- Y vea usted, añadió Vicente, lo que son las -EL PASTOR riano Hernández, jefe de cosas d i la vida. Aquel hombre que de modo la cárcel de Guadalajara, nos permitió celebrar tan brutal me había ofendido, aquel ser que sin ayer una entrevista con el pastor Vicente del piedad me había afrentado consiguió inspirar- Oímo, procesado y preso por el crimen de que me lástima al saiir de mi casa, y si no es poi! mi mujer que me contuvo, temerosa quizá Je I fue víctima el ermitaño Bibiano Gil. que se reprodujera más tarde la cuestión, le De alta estatura, un poco caroado de espaldas, de largos brazos que mantiene casi siem- habría llamado y héchole volver. Y aquí hubiera terminado todo, pues el erpre cruzados, la figura del pastor impresiona desfavorablemente. Su cabeza, verdadera cabe- mitaño a b a n d o n a b a nuestra compañía p ra za Lombrosiana, de occipital altísimo y frente siempre; pero un día tuvo la fatal ocurrencia deprimida; sus salientes pómulos, sus ojos pe- de escribirme, manifestando deseos de regresar queños y maliciosos, que casi desaparecen bajo á mi casa. En la carta, que obra en autos, desus anchas cejas, todo, en fin, predispone en cía que, no existiendo ya la causa que motivó contra suya y le condena. Viéndole, tiene ex- nuestras diferencias, anhelaba reanudar su ausplicación el acierto del pueblo de Cifuentes, tera vida de ermitaño, y prometía además ser auz desde un principio señaló á Vicente como respetuoso y bueno con mi familia. autor de la muerte de Bibiano, y aunque su Yo vacilé. El recuerdo de lo ocurrido vivía declaración no hubiese disipado todas las du- en mí con un vigor que excluía toda idea de das en lo que al crimen se refiere; aunque hu- clemencia; pero... fui débil y accedí. biera negado su delito, sin vacilaciones ni tePocos días después instalábase nuevamente mores, podría haberse afirmado lo que hoy no en la Cueva del Beato Bibiano Gil. rs ya un secreto para nadie. Su vida en los comienzos de esta última etapa- -Se aproxima el juicio de su causa- -le di- nada dejó que desear, pues el ermitaño cumgimos, -y como todo lo que con ésta tiene re- plía las promesas que me hiciera por escrito. lación reviste interés excepcional, deseamos que Pero el día del crimen me entero al volver nos refiera usted algo, si no todo, de lo que se del campo de lo que el niño, avergonzado, proponga declarar. acababa de referir á su madre. Llamo á la criaEl pastor rascóse la cara varias veces, miró- tura, la interrogo, y... confieso que la rabia, los de hito en hito, y contestó: la indignación roe cegaron. Me dirigí al ermi- -La verdad, señorito, no tiene más que un taño profiriendo los más terribles insultos; le camino, y como éste es el que yo he seguido increpé, desafiándole al mismo tiempo, hice, debde que, por mi desgracia, di muerte al er- en fin, cuanto pude por conseguir que aquel mitaño, deseo con toda mi alma que llegue el hombre saliera de su hipócrita actitud y viniedía de la vista para contarlo todo y que se me ra noblemente á las manos conmigo. íiaga justicia. Porque se han dicho tantas cosas ¡Inútil empeño! Limitóse á disculpar su conde Bibiano Gil... -añadió sonriendo. ducta, poniendo ejemplos de grandes pecadores que habían llegado á santos arrepentidos- -Pero ¿no es cierta- -replicamos- -la causa de sus faltas, pero no conseguí otra cosa; y que, según de público se dice, indujo á usted sólo cuando furioso le amenacé con llevarlo atado á Cifuentes para exponerlo á la vergüeni privar de la vida al desdichado peregrino? za pública y entregarlo á la justicia, se revolvió- -No haga usted caso de nada- -continuó, porque, como antes le dije, se ha escrito y colético, y agarrando un ollero que en la cocipropalado mucho infundios con motivo de este na había, me lo arrojó á la cabeza. Yo cogí las tenazas, unas tenazas largas que isunto. En primer término, Bibiano Gil no era lo empleamos en el campo para acercar los pucheque parecía, pues bajo su capa de hombre reli- ros á la lumbre, y me dirigí á él; pero el ermigioso y bueno, ocultaba pasiones muy bajas y taño habíase apoderado de su bastón y me tiraba palos á la cara, á los brazos, á las piermuy malos instintos. En segundo lugar, yo no le maté porque su nas... Parecía otro hombre. Al fin lo tuve presencia en la ermita me perjudicase, sino por cerca, y de un golpe en el pecho lo derribé. -Entonces- -preguntamos- -la fractura de razones de otra índole mucho más poderosas. Porque yo hubiera querido que otro cualquie- los huesos del cráneo... -Se la causaría en la caída, porque ya en el ra se hubiese puesto en mi caso; yo colocaría En mi situación á cualquier hombre honrado suelo daba unos saltos terribles v ponía una ue tuviera hijos y si después de las afrentas cara... que en las personas de dos tiernas criaturas Al verlo de este modo, me fui de mi casa y hube de sufrir no vengaba como yo venoué conté á mi mujer lo sucedido. tan repugnantes y odicsos crímenes, quizá me María, ¡pobrecilla! me aconsejó que volvieconvenciera de que fui un insensato matando ra al lado de Bibiano por si aún era tiempo de al que para satisfacer carnales apetitos hizo auxiliarle, pero cuando lo hice, el ermitaño desgraciados á dos seres. había muerto. ¿Y usted se enteró de lo ocurrido el mismo Y qué le diré á usted, prosiguió, de las día del crimen? -preguntamos. torturas que sufrí hasta que vino la noche. -Lo que á mi hija se refiere- -prosiguió- -Deseaba que llegara gente para explicar mi súpelo poco tiempo después de su llegada á delito, refiriendo las causas de mi arrebato, y la ermita; entonces, indignado, quise golpear tenía miedo al mismo tiempo. Pensé en ir á al ermitaño, pero su cobardía, su actitud hu- dar parte al pueblo de Cifuentes, pero al pomilde me lo impidieron. nerme en camino me faltó el valor. Lloré, me Deseando, sin embargo, escarmentarle, le desesperé, arrepentido de mi crimen, pero tté con una cuerda que rodeé á su cuello; le como ya éste no tenía remedio, saqué el cadá ¿ujeté ¡as manos con otro cordel, y de esta ver poco antes de media noche y lo llevé á la manera ¡o conduje á una de mis habitaciones. sima. Ya en ella, hícele saber que mi propósito no Ya estaba el cuerpo de Bibiano en lugar era otro que el de llevarlo como á una bestia seguro, pero al volver á mi casa recordé que a! pueblo de Cifuentes, pues su conducta me el ermitaño tenía papeles, dinero y algunos obligaba á quitarle la máscara de hombre bue- objetos que podían comprometerme; los recono y santo, con la cual se presentaba en todas gí y fui de nuevo á la sima en la obscuridad partes. de la noche. Poco antes de amanecer hice un Esta amenaza prodújole mucho efecto y le tercer viaje para arrojar en el abismo una car- TOROS I NAUGURACIQN. Nada de introducción. Pensábamos dedicar el preámbulo á la bella y hermosa Primavera, y como somos constantes en todo, esperamos que llegue ésta, que al paso que viene será para mediados de Agosto, y entonces la dedicaremos la salutación que tenemos preparada. Claro está aue con los remiendos necesarios. En la Plaza, un lleno completo; muchas mujeres guapas luciendo la clásica mantilla y mucha animación. La tarde, amenazando lluvia. En el palco regio, los infantes doña María Teresa y D Fernando. Dan las cuatro. El presidente, D Venancio Vázquez, hace la señal convenida y salen las cuadrillas de Bomba, Machaco y J egalerín Primer toro, de Benjumea, como todos ios restantes. Atiende por Banderilla, viste de negro, es largo, adelantado de pitones y bajito de agujas. Tardeando, aguanta cinco puyazos, por tret caídas y una víctima. Arriero gana palmas en dos buenos puyazos, y Alvarez pasa á la enfermería á consecuencia de una caída. En quites se distingue Bombita. Morenito y Barquero colocan ias banderillas una á una para aue dure más la suerte y... la guasa. Brinda Bombita. Torea como los propio; ángeles, y arrancando de lejos, y desviándose suelta un pinchazo hondo. Más pases y con habilidad coloca una esiocada tendenciosa. Seguimos lo mismo que antes. Un buen torero y cero como matador. Palmitas. Segundo. Caribello, negro lombardo, biep colocado de pitones, más joven y más feo que el anterior. ¡Otro buey, Sr. de Benjumea! ¿Apuestan ustede; á que no vemos un toro bravo en tod? la corrida? El manso toma seis lanzazos, y pasamos a otra cosa. Patatero y Cámara banderillean con lucimiento y allá va Machaquito. Torea algo distanciado y con ayudas, para un estoconazo en lo alto. (Ovación. ¿Qué le ha paresia á oslé, mi arma? ¡Ay! que quién fuera de Cartagena y mixta. Tercero. Cabrito, berrendo en colorao, ojo de perdiz, buen mozo, gordo y bien colocado. J egaterín da tres verónicas y un recorte de chipén. (Ovación. El animalito es algo más voluntarioso que los anteriores, y en los cinco puyazos que toma proporciona dos batacazos á Chano y Veneno, y mata un penco famélico En banderillas bien Pepín de Valencia. T egaterín, que estrena terno tabaco y oro brinda y vase en busca de su enemigo. Émpie za con uno ayudado y sigue pasando con arte y lucimiento. Entra á matar á dos palmos di los pitones, derecho, sin paso atrás, mirando al morrillo, y da un volapié magnífico, ¡neo mensurable, que echa á rodar al toro con las patas pa arriba. Ovación formidable, sombreros, cigarros botas de vino, cubrecorsésy demás prendas H señora y caballero. ¡El desmiguen! -Vesinita, jvaya un madrileñitot, ¿ehi