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A B C SÁBADO 14 DE ABRIL DE IQOS. PAG. 10. EDICIÓN 1. GRÁFICO DEL VESUBIO ánimo las menudencias de 1609, las cua es sirven, después de todo, y comparadas con otras anteriores y con otras posteriores, para evidenciar que lo minúsculo y lo insustancial ha entretenido y entretiene seriamente y muchas veces á los poderes y organismos del Estado de todos los tiempos. Luis SOLER EL RELOJ DE TUTEREMU I uteremu es un parisiense ingenuo; hubiera podido servir de modelo á Paul de Kock, á Gavarni ó á Daumier. Le rob? ron un día su reloj y su cadena. ¿Como y dónde le habían robado? En un establecimiento de baños del Sena, según afirmaba. Estaba desesperado. Fue á la Prefectura de policía á hacer su declaración; las pesquisas de la Prefectura no dieron resultado. Durante varios días Tuteremu recorrió París en todos sentidos; estaba febril, nervioso, miraba á todos los chalecos que encontraba al paso. Buscaba su reloj. LA REGIÓN CIRCUNYESUBiANA Y LAS TRES PRINCIPALES CORRIENTES DE LAVA uno. Hasta 1608 solía gratificarse a los diputados con 185 reales cuando en representación del Reino iban á los toros. Después recibieron 20 ducados- -que deben darse, según acta de 24 de Julio de 1609- -á los procuradores y diputados, así casados como solteros, nivelación opuesta al espíritu de una moción presentada por un diputado en meses anteriores para que la propina á los casados fuera mayor. Aún tenían más gar. gas los señores del Reino. Dése cuatro hachas Dor procurador, auséntelo presente, para las luminarias en celebración del alumbramiento de la Reina nuestra señora, debiendo tener las hachas seis libras de peso orden circulada en 6 de Mayo del mismo año 1609. Ni en cera tenían que gastar. Se dirá que no era oro todo lo que relucía, pues los salarios de los procuradores no se pagaban, ó era con puntualidad bien escasa, porque disminuían las fuerzas por la miseria de los tiempos según frase He un procurador de Burgos; pero no es menos cierto que la pobreza de las ciudades se sustituía con repartos por S. M. otorgados liberal mente. En Junio solicitaron las Cortes de la bondad real 3o.000 ducados para distribuirlos entre los diputados y procuradores, por haber tanto tiempo que están fuera de sus casas- -hacía veintiséis meses- -y estar todas las cosas en tan subidos precios, y muchos no tener salarios, y ¡os que los tienen son tan cortos, que es como no tenerlos. Dióseles veinte mil ducados. Sirvieron para poco, pues apenas comenzadas las Cortes de 1610, ya demandaron al Rey treinta mil más. No se hacía mai uso de la facultad sooerana de conceder donativos: 3oo reales para un vestido al obispo de Almúz; 100 ducados al sacristán mayor del monasterio de Nuestra Señova de Atocha por el gasto del viaje de la imagen á la villa de Madrid; 12 ducados al licenciado Andrade por gastos de cera en dos años, en decir la misa que dice para el reino os ducados necesarios para trescientas misas, á fin de que la Divina Providencia alumbre los entendimientos de los comisarios á cuyo cargo corría un servicio de diecisiete millones y medio; y otros semejantes, como aguinaldos y ayudas de costa, á los porteros del reino. Estos percibieron por el expresado concepto i 2.000 maravedís en Julio de 1609, v e n Marzo del siguiente ño 9.000, y acaso más abundantes propinas habrían conseguido en el segundo de esos años á no ocurrir en los meszs postreros del primero dos hechos desagradables. Uno fue la desaparición de un candelero de plata de la sala de Juntas, y el otro el desacato de no presentarse para el servicio portero alguno de los seis destinados á la misma el día 3i de Octubre. No es inverosímil la sospecha de que se iniciaba el sentido colectivo de la huelga, porque en aquella sesión tenía que acordarse y se acordó una propina de 100.000 maravedís para un criado del duque de Lerma, llamado Tristán de Ceríza, destinado á anunciar las audiencias concedidas por su amo. La reprensión fue levísima, sin embargo, y no prosperó la (injusticia social de las Cortes, pues Rojas Sandoval renunció á la propina, porque no es bien que mis criados reciban cosa alguna Ya podía renunciar á los maravedís quien por aquellos días recibía 35o.000 ducados para s! y su hijo, á consecuencia de Ja expulsión de los moriscos; pero lo habían dicho las mismas Cortes al referirse á unos negocios de sisas; usurpan unos lo que otros pagan. Aparte lo cual, quizás al transcurrir otros tres siglos, ó mucho antes, la lectura del Diario de las Sesiones de Corles de los presentes días, con los prolongados interregnos parlamentarios, las tardes ociosas, los debates ruidosos sobre cosas fútiles y la ausencia de las graves y provechosas, producirá á las gentes de la época impresión análoga á la que causan hoy en el Jt A! cabo de un mes- ¡quién había de creerlo! -reconoció su reloj y su cadena sobre la opulenta barriga de un transeúnte. Le siguió, mirando al mismo tiempo si encontraba al paso algún agente de la autoridad. Cuando menos lo esperaba, el señor gordo subió en un ómnibus; también quiso Tuteremu penetrar en él: estaba lleno. Cogió un coche, dando orden al cochero de que siguiera al ómnibus. Los dos vehículos llegaron al mismo tiempo á su destino. Saltó del suyo Tuteremu y tuvo la suerte de tropezar con un agente de policía. Se hizo acompañar por él, y dirigiéndose al señor grueso, -Caballero- -le dijo, -lleva usted un reloj y una cadena que me han sido robados hace un mes. La fisonomía del interpelado reflejó una sincera sorpresa. ¿Es posible? -dijo. -Estoy seguro. El agente, dirigiéndose á Teteremu: ¿Puede usted dar una prueba? -Abra usted el medallón: está grabada dentro una flor, un pensamiento. -Es verdad- -dijo el agente; -síganme ustedes los dos hasta la delegación. Llegan á la delegación. El delegado, al verlos entrar, exclamó obsequioso: ¿Qué tal, Sr. Bonasse? jMucho me alegro verle! -Muy bien, ¿y usted, amigo mío? -contestó. -Como esta noche en casa de los Sres. Lievois, sus vecinos. -Y yo también. ¡Cuánto me alegro! Pero siéntese usted.