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S ¿AÑQ CUATRO. NUM. 457. CRO: NICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. f MADRID, 14 DE ABRIL DE 1906. NÚMERO EXTRA 10 CÉNTIMOS jé DESDE SEV 1 LLA CRÓNICA DEL VIERNES 9 O PALABRAS POR TELÉGRAFO VIERNES, 1 3 9 N. pil viaje de Rey toca á su fin. Cuando escribo estas líneas sólo quedan algunas horas más de este interesante ajetreo en que el pueblo ha vivido durante seis días disputándose el puesto para ver al Monarca á su paso por las calles ó en la tribuna de la plaza de San Francisco, rodeado del fausto de las galas de corte ó al través de calada verja, postrado ante el altar en el ambiente de paz de la basílica. El Monarca ha absorbido la atención de todos, en primer término; el fervor, uando en alguna ocasión logró imponerie en estas mixtificadas fiestas religiosas j e Sevilla, dejó siempre tregua al entusiasmo, y el Monarca ha arrancado con sólo su presencia aclamaciones entusiastas, como la que le tributaron los sevillanos al paso por la calle de las Sierpes y la plaza de San Francisco, la tarde del jueves, cuando recorrió ambas vías ante las andas de la Virgen de la Victoria. Es uno de los episodios más salientes de la estancia del Rey en Sevilla. El Monarca, vistiendo el uniforme de gran Tiaestre de las Ordenes militares, está en tribuna que domina la extensa vía con os Infantes y los personajes de la Corte. El concurso que afluye por todas las calles laterales pugna por embeberse en la gran masa que llena ya el recinto de la plaza, anchurosa y en inmensas oleadas se agita mientras tiene fija la atención en la persona del Monarca que la sugestiona con la majestad de su realeza. Llega al Rey la noticia de que se aproxima la cofradía de la Virgen de la Victoria, patrona de las cigarreras, cuya Hermandad obtuvo el señalado honor de ístar presidida por el Rey. D. Alfonso ibandona la tribuna entre frenéticos plausos y marcha á colocarse delante de las andas de la Virgen con su brillante séquito, mientras los Infantes quedan en la plaza presenciando el desfile. Por la calle de Tetuán marcha el Moíarca y encuentra al paso las andas de la Virgen en la calle de las Sierpes, frente á Ja de Rioja. Le reciben los cofrades, entréganle la insignia de Hermano mayor, y comienza la marcha entre gritos de entusiasmo, aplausos y aclamaciones de la concurrencia Cuando se interrumpe e ronco natir de los tambores, cesa la gritería y suena una aeta, que melódica voz entona, y dice: La Virgen de la Victoria esta de contento llena porque le han puerto su nombre a nuestra í itura Rema Luego se escucha mil voces; uno grita ¡viva el Rey valiente! ¡viva el Rey cristiano! y las aclamaciones van adelantando sus ecos como huracán por la Arboleda, hasta la plaza donde el Concurso recibe al Monarca de pie sobre las sillas y agitando los sombreros entre aclamaciones, mientras el Rey, con gran emoción, avanza lento y respetuoso ante la? esplendorosas andas, donde destellan sobre el pecho de la imagen las piedras preciosas que parecen lágrimas desprendidas de sus tristes ojos. Difícilmente se borrará de la memoria de los sevillanos el recuerdo de aquellas escenas y yo creo que el Rey no las olvidará tampoco. Esto, el desfile ae la mañana al visitar los Sagrarios, y por la noche, después de las cofradías, al regreso al Alcázar, fueron las notas más interesantes del jueves, que ha sido á su vez el día más fecundo en impresiones. Ese paseo de última hora por barrios extremos, obscuros, fue originalísimo. Al salir de la tribuna el Rey ordenó que se variara el itinerario ya marcado dé antemano y vigilado por la policía y la Guardia civil. La extrañeza se pintó en todos los semblantes. Las autoridades y los palatinos, temerosos de que pudiera ocurrirle algo, iban á hablar, pero el Rey salió al paso á todas las consideraciones diciendo al gobernador que marchaba delante: Señor gobernador, al frente. La marcha se hizo á un paso insostenible. Damas, generales, gentileshombres, todos llegaron á Palacio en los comienzos de la axfisia. El Rey, muy tranquilo durante el trayecto, iba contestando con afecto al pueblo que corría tras él aclamándole. Hoy viernes ÍO más saliente han sido los oficios de la mañana. El Rey depositó como ofrenda una onza de oro al hacer la adoración de la cruz. Los palatinos le imitaron y los demás del séquito. El alcalde, Sr. Luca de Tena, que, según las tradiciones del cabildo no puede dar más que cinco duros, cantidad tres veces menor que la del Rey, tuvo la delicada atención de depositar, como ofrenda, una libra esterlina. Ya en traje de marcha por la tarde, han asistido el Rey, los Infantes y su séquito, á la tribuna de la plaza de San Francisco, las presenciando el paso de la mayoría de nueve hermandades que desfilaron hoy. Las aclamaciones á la llegada fueron entusiastas. Ahora, un público numerosísimo le espera á la salida y seguramente le hará cariñosísima despedida. José M 1 R CRÓNICA POLÍTICA L PLEITO DEL TERCER Insiste la E ENTORCHADO g te en creer que una de las cuestiones, llamadas á resolución en el Consejo de ministros que ha de celebrarse con motivo del regreso del Rey, es la del nombramiento de un nuevo capitán general. Llegó á suponerse que, como señal de mayor altura de miras en las regiones del Gobierno, sería amortizada la vacante dejada en esa suprema dignidad del Ejército por el fallecimiento del general Blanco. Todo parecía abonar la medida. Sin embargo, la opinión pública se muestra ya muy escéptica respecto de! asunto. Y no es que se halle convencida por las razones, que se han aducido para justificai tal nombramiento. Ni aun con el criterio más curialesco se podrá persuadir á nadie de que semejante resolución se toma por escrupuloso respeto á la ley. En estas mismas columnas se ha hecho constar que la ley de 14 de Mayo de i883, la cua! determinó las condiciones del Estado Mayor General, fija en cuatro el número máximo de capitanes generales, pero no dice de ninguna manera ser preciso que haya cuatro capitanes generales. La ley de 19 de Julio de 1889, que amplió unos artículos y modificó otros de la antes dicha, para nada se refiere á los capitanes generales. Y por último, la de 11 de Julio de 1894, que se ha citado ahora, tampoco habla de la necesidad de que haya cuatro capitanes generales. Promulgóse con objeto de reducir el número de generales de la Sección de actividad, fijado por la de 1883, señalando en 3o el de los tenientes generales, que ésta había dejado en 40; no alterando la cifra de 60, que la misma había marcado para los generales de división, y rebajando á 120 el número de generales de brigada que por la de 883 llegaba á 160. Del de los capitanes generales dice que se reducirá á cuatro y no dice más. Pero, ¿de dónde se saca de esto que, sin cuatro capitanes generales, el Ejército no puede vivir? De aquí se deduce que hay un interés, distinto del jurídico, que induce al nombramiento, y que se quiere cubrir curialescamente á los ojos de la opinión el motivo. ¿Cuál será ese interés? ¿No obedecerá al deseo de hacer tamaño favor á un amigo, porque son varios los tenientes generales que han de quedar disgustados, no existiendo mandato legal ni razón alguna, para que la suprema dignidad del Ejército se limite á la escala activa, sin contar para nada los méritos del pasado De suerte, que se satisfará á uno, y se enojará á varios; por esa parte las pérdidas habrán de ser mayores que las ganancia en