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A B C. L U N E S 9 DE A B R I L D E I Q- 6 P ¡VG. JO E D I C I Ó N i. a ¿Pues y los ojos, que mirando besan y, entornados, arroban y embelesan? ¿Y la incitante boca, que enciende y quema cuantos labios toca? ¿Y el alto seno, en fin... ¡Cómo! ¿Qué es es Padre? ¿se marcha usted y así me deja? -Si, no me siento bien; ya no confieso. ¿Y nada dice y nada me aconseja? ¡Ah, sí! quec- uando vuelvas resignado á relatar tus cuitas como ahora, te concretes á hablar de tu pecado... in decir qué tal es la pecadora. SINESIO DELGADO DESDE BARCELONA SÁBADO, 7 DE ABRIL. TTVOMENECH. Recordábamos nosotros haber visto hace algunos años, en unas Cortes liberales ó conservadoras, á un señor delgado, nervioso, que en dos ó tres ocasiones, sentado en los bancos que se hallan debajo de los republicanos, se levantó á usar de la palabra. Recordábamos que estas ocasiones en que se levantó á hablar este diputado eran ocasiones solemnes, críticas, en que toda la Cámara se hallaba presa de una emoción profunda, excitada, revuelta, inquieta, puesto que, lo diremos en dos palabras, se debatía en el Parlamento y en aquellas sesiones la cuestión eterna de Cataluña. Y recordamos, finalmente, que este señor que se levantaba á hablar no era orador, que tenía una palabra breve, cortada, incisiva, angulosa, pero que á pesar de no disponer de fluidez, de hipérboles, de metáforas y demás arrequives de la elocuencia, decía cosas substanciosas, cosas exactas, cosas sinceras, y venía á encantar nuestro espíritu, según acontece con los que no son oradores, tanto como el más diestro discurseador. A este diputado de aquellas Cortes es á quien nosotros hemos ido á visitar. Se trata del señor D. Luis Domenech y Montaner. El señor Domenech es uno de los arquitectos meritÍMmos, Henos de originalidad y delicadeza que han obrado el renacimiento de la ciudad; es también escritor político y sociológico de hondo pensar (y ahí están sus estudios y trabajos que lo proclaman) preside en la actualidad el Ateneo, v aoza, en suma, entre sus conciudadanos, predicamento de hombre justo, intuitivo y sincero. Al Ateneo fuimos á ver al señor Domenech. Hemos atravesado salones, recorrido pasillos, ascendido por escaleras y al fin, nos hemos encontrado en una estancia chiquita, en forma de ángulo, con unos estantes llenos de libros y un anchuroso ventanal ó mirador de cristales cubierto por sutil esterilla. El señor Domenech estaba ante nosotros; de la calle llegaba el estrépito de los coches, de los gritos de los vendedores, de los tranvías, de la muchedumbre que discurre por la ancha Rambla. El Sr. Domenech nos esperaba hacía un momento; hemos estrechado efusivamente su mano y nos hemos sentado. Nadie más sencillo, más afable, más desprovisto de toda afectación que el ilustre presidente del Ateneo barcelonés; hemos charlado mano á mano como dos antiguos amigos. El Sr. Domenech ha sintetizado en ivultitud de escritos su pensamiento. -Mi pensamiento es conocido- -dice el señor Domenech- -he tenido ocasión de exponerlo en periódicos, revistas y discursos. Yo creo, ante todo, que no han estudiado ni juzgan el problema con serenidad los que hablan de desigualdades irritantes ante los deseos, las exigencias de Cataluña de poseer medios propios, peculiares para su desenvolvimiento. En efecto, nosotros anhelamos estos medios porque la expansión natural, necesaria de nuestro pueblo los exige. Lo exige la intensificación de nuestra cultura, el desarrollo de nuestro comercio, el perfeccionamiento de nuestra industua. Todo ísto no es posible realizarlo en el actual estado de cosas; mil trabas, mil pequeños, pero invariables obstáculos de la administración, lo impiden. Necesitamos movernos nosotros solos; queremos poder disponer de nuestros medios y recursos naturales. Cataluña, la ciudad industrial por excelencia, no tiene hoy una sola escuela práctica industrial; no cuentan con medios de experimentación las facultades de nuestra Universidad; comarcas extensas existen en nuestra tierra que carecen de vías de comunicación; los saltos de agua que tanto abundan en la parte montañosa de Cataluña, no pueden ser explotados por carencia de estos caminos; consumimos todos los años millones en la compra de carbones extranjeros, no pudiendo explotar nuestras riquezas minerales; los bosques inmensos de los Pirineos que fueron destruidos, necesitan ser repoblados. Y todo esto hoy no podemos hacerlo... Oíamos nosotros atentos, con vivo interés lo qui iba diciendo el Sr. Domenech; todo cuanto expresaba lo iba exponiendo en forma sencilla y sin rodeos. -Y estas empresas- -ha continuado diciendo el ilustre presidente del Ateneo; -todas estas reformas, es imposible hoy el acometerlas. Muchas veces, y hace poco una de ellas, el actual presidente del Consejo se dirigía á mí y me preguntaba lleno de sinceridad y de buena fe qué es lo que se podría hacer por Cataluña, qué leyes, qué instituciones, qué reformas se podrían implantar para que el estado de opinión existente cesase. Yo he sido franco con el Sr. Moret. A mi entender, he dicho yo, lo primero que necesitamos es que á Cataluña se le conceda la facultad de allegar recursos por medios de que ahora no disponemos; es decir, queremos poder imponer nuevas contribuciones. El catalán hoy puede pagar masque otros habitantes de otras regiones pobres; este dinero que nosotros le pediríamos, él lo daría con gusto sabiendo que iba á ser empleado en su propio provecho. Y necesitaríamos también que, aparte de esta facultad de poder imponer nuevos tributos, se nos concediese uua zona neutral, un puerto franco que fomentase, que hiciese crecer nuestro comercio con América. Todo esto nos proporcionaría recursos propios. Y puesto que el Estado no atiende a las obras públicas que necesitamos, nosotros mismos, sin necesidad de su dinero, antes bien, cumpliendo con él religiosamente nuestras obligaciones; nosotros mismos mejoraríamos y multiplicaríamos nuestros establecimientos de enseñanza, construiríamos los ferrocarriles traspirinaicos, repoblaríamos los montes, trazaríamos los caminos... S Í SÍ, me decía convencido el Sr. Moret; hay que hacer algo especial por Cataluña. Y han hecho, en efecto, algo especial; han hecho una ley de represión... Después de otra breve pausa, el Sr. Domenech ha concluido: -Dicen que en Cataluña no pasa nada, que hay plena tr? nquilidad. Esto es lo que podría creerse. Los gobernadores que aquí vienen se meten en su despacho, no ven nada, no les visita nadie; cuando salen un rato de paseo la gente vuelve un momento la cabeza para mirarlos y luego sigue indiferente su camino. Y esto es todo. Así pueden decir que en Cataluña no pasa nada. Pero el trabajo es subterráneo; pero la labor está oculta, y es profunda, compleja. Yo no sé lo que en lo porvenir puede acontecer; lo que sí puede afirmarse es que señales de regeneración no aparecen por las esferas oficiales... Habíamos estado media hora hablando con e! Sr. Domenech y no nos parecía discreto el importunarle por más tiempo. Con lo que teníamos escuchado de sus labios podíamos, á nuestro entender, resumir, sintetizar su pensamiento. Así lo hemos hecho; sentiríamos haber incurrido en algún, error. AZ 0 R 1 N DE AGRICULTURA ercado de trigos. Durante la semana ultima se na cotizado el trigo á 45 reales fanega en Ríoseco; 46 en Medina del Campo y Barcelona; 56,2 en Yaüadolid, y 58 en Madrid. No se ha distinguido la semana por la actividad de los negocios en los centros productores, pues las plazas consumidoras apr ñas se acuerdan de los trigos de Castilla, Ca luña sigue apartada del tráfico en estos trigos Mediodía casi no compra nada La situación de los sembrados es excelentl en todas partes. La nieve y las últimas lluvia han venido á favorecer el estado de la tierra, la cual contiene jugos suficientes para la buena marcha déla vegetación, que ahora no necesitr más que una temperatuan templada para el des arrollo de la planta. El tiempo sigue siendo de lluvias probables que seguramente habrán de venir todavía mus bien á las futuras cosecha. En Barcelona existe un gran retraimiento por creerse que el resultado de las últimas lluvias será una cosecha abundante, en la que todo se comprará más bajo que ahora; tómase, pues, lo más necesario, á fin de no recargarse y de llegar aligerados á la época de proveerse. Por este retraimiento tan exagerado en los trigos no se ha hecho nada ni con extranjeros ni con nacionales. En cuanto á los primeros, nada tiene de particular el hecho, estando tan reciente el acopio motivado por el aumento de derechos; pero en los del país es más extraño, sobre todo cuando las ofertas vendedoras han cedido algo de sus anteriores pretensiones Aunque la situación comercial no ha variado en los principales mercados extranjeros, la flojedad de semanas anteriores ha vuelto á acentuarse. El balandro Mouriscot POR TELÉGRAFO preparativos en El Ferrol. Vetrol, 8, jo m. Se ha recibido con júbilo extraordinario la noticia de que el Rey vendrá á Ferrol desde Sevilla, y á pesar del poco tiempo que para ello queda, prepárasele un brillante recibimiento, que hoy han comenzado á organizar el Ejército, la Marina y el comercio todo de esta población. El Monarca asistirá á la botadura del balandro Mouriscot, botadura que, como es sabido, se verificará en el arsenal con gran solemnidad Las víctimas áz POR TELÉGRAFO 7 VA urcia, 9, 3 t. Amplío detalles de lo ocuí T vrido ayer en las obras de puente sobre el río Muía, por efecto de la rotura dei andamiaje Blas Rosauro, que es el que á consecuencia del golpe quedó muerto en el acto, era extraño al personal fijo de las obras, pues trabajaba en sustitución de un enfermo. Resultaron heridos gravemente ios operarios Moreno y Ortega, y con lesiones de poca gravedad Samuel Martínez, Juan Marín, Francisco Bernal y Narciso Martínez. El Juzgado instruye diligencias en averiguación de las causas originarias de! a catástrofe. En el puente donde esta desgracia ha sucedido, recuérdase que han ocurrido otras hace varios años. En los pueblos próximos ha impresionade profundamente al vecindario la noticia de lo ocurrido á los obreros De Murcia ha salido un tren para trasladar á los heridos al primer punto donde pueda prestárseles auxilio. -Zamoi a