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dejándolos inmóviles. De todo esto se reía con razón el no menos célebre naturalista conde de Buffon; pero á su vez presenta a l a hiena como muy atrevida y valiente, acometiendo á las personas, rompiéndolas puertas y empalizadas de los rediles. Según el citado autor, se defiende del león, no teme a la pantera y acomete á la onza, que no la puede resistir; y cuando la falta presa, socava la tierra y saca los cadáveres. De esta opinión era el dueño de una menageríe que se exhibió en esta corte, que al describir las costumbres de las fieras de su colección, decía de la hienaSus instintos son demasiado de sanguinarios: se lanza en los cementerios, desentierra los cadáveres e... se los come vivo CARTAS DE DOS MUÑECAS IV ROSA A ESMERALDA Q uerida heimana mía: T e doy las gracias mas expresivas por tu carta. ¿Cómo te has compuesto, Esmeralda, para escribirme regañándome y corrigiendo mis defectos y conseguir que no me enfade? ¡Pero soy una tonta en preguntar estas cosas! Has rodeado tus reprensiones de tanto cariño, que han llegado á mis heridas sin lastimarme. Verdaderamente, hasta á las muñecas nos hace falta la dulzura y el talento en las correcciones, para enmendarnos de buen grado en nuestros defectos. Voy á contarte algo de mi vida en estos días, para que veas que no me olvido de nuestras antiguas promesas. Los niños han ido á Carabanche! á una quinta preciosa de unos tíos suyos que viven allí todo el año. Deben estar en muy buena posición, porque la casa esta puesta con mucho lujo, aunque los muebles son de un gusto muy antiguo. Juana le suplicó á su mama que la permitiera llevarme, y yo le agradecí muchísimo este recuerdo y este deseo de que yo participase de sus alegrías, y al mismo tiempo me alegraré de tener ocasión de ir á Carabanchel, porque he oído decir algunas veces que los viajes instruyen mucho. Hemos corrido por el jardín; hemos jugado muchísimo, y los chicos del pueblo me contemplaban con asombro y decían al verme: ¡Anda, y qué maja va Juanita, por la noche me llevó á un salón muy grande y muy elegante, y me enseño los retratos de su familia, explicándome quiénes fueron, cuándo vivían, y á juzgar por sus noticias, tenemos unos antepasados sumamente nobles. Como no había llevado mi camita, Juana me colocó en una cama grandísima que tienen de respeto, y se empeñó en jugar á que yo era su abuehla, ¡figúrate qué niñada! M e empolvo el pelo para darme aspecto de ancianidad, y en la mesa de noche colocó un plato con bizcochos y una copa de agua; porque, según ella, las personas de cierta edad suelen despertaise entre noche y necesitan tomar alguna cosa. Allí me dejaron soia, y apenas se quedó la alcoba en profundo silencio, oí un ruido extraño, y no tardé en enterarme de que eran los ratones que coman á su gusto por la habitación. Pasaron por encima de mí, que temblaba de una manera horrible; dieron mil vueltas, y por último se dirigieron al plato de los bizcochos. Decididamente aquel os ratones eran de cierta edad, porque necesitaban también tomar algo entre noche. Solamente uno de ellos, más joven sin duda, corría sin cesar por mi almohada, causándome un miedo que solo una muñeca es capaz de comprender... y temblaba, sobre todo, por mi pobre nariz. Dirás que por qué. Yo misma lo ignoro: no se si la daría más importancia por hallarse en medio de la cara. ¡Cuánto hubiera dado por oir el canto de un gato, más deseado entonces por mí que la música mas sublime! Al rayar el día huyeron ¡os bandidos, y el corazón latíame aún de miedo. ¡Que cosa más rara es el corazón: una gran alegría le hubiera hecho también latir con violencia! La ventura y la angustia tienen algo de parecido. Cuando he contado el suceso á los n ños, Juanita casi lloraba y su hermano me ha regalado una pistola para los apuros en que pudiera verme. H e aprendido á manejarla perfectamente; pero me encuentro más en situado i cuando tengo en mi mano una flor ó un abanico. Adiós, Esmeralda; escríbeme mucho. M e despido de ti diciéndote que te quiero muchísimo y que... mi nariz es 1 sana y salva. LAS GRANDES CIUDADES r i- OERLIN. LA. PLAZA Al fina! de 1 a famosa Avenida de los 1 ilos (linter den linden) y pasada la plaza de la Opera, se llega al Puente del Castillo sobre D E L C A S T I L L O el Spree Al otro ado se halla e! listga. tep antiguo jardín del Castillo, hoy plaza de 2 ü 5 metros de largo por 200 de ancho, oí cL esta la estatua cuestr de Fsdenco Gu. ller no 113. Inned Jto se e cuentra el Castillo Real, fundado por el Elector Federico 1