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SUPLEMENTO DE A B C ANO 1 JUEVES 5 DE ABRIL DE 1906. Un mes después, el hijo de la condesa tomaoa parte en el trío con Haydn y el principe Nicolás Esterhazy. Este último observó que el joven desempeñaba su parte con perfección, y por recomendación del ilustre compositor le nombró contiabajo y chambelán. La posición del joven quedó asegurada, y cuando Haydn volvió á ver á la condesa, la dijo sonriendo: ¿No os lo haMa anunciado? Predicción por predicción. C. M. LOS NIÑOS CÉLEBRES LAS DOS PREDICCIONES (Conclusión) l n día se hallaba retirado en su despacho, y José Haydn componía la célebre música de Las siete palabras, que le había encargado un canónigo de la catedral de Cádiz, cuando le vinieron á decir que una persona deseaba hablarle. Haydn manifestó primero que le era imposible recibirla; pero cambió de resolución al manifestarle el criado el nombre de la visita. ¡La condesa de Lippenheim! Que pase al momento- -exclamó el compositor. Y luego añadió: -Quiero que ella vea por sí misma si se ha cumplido su predicción. Un momento después, la condesa, acompañada de su mayordomo, era introducida en el despacho de Haydn. Este manifestó cuánto le extrañaba aquella visita que tanto le honraba, y aguardó á que Mine. Lippenheim principiase á hablar, haciéndolo del modo siguiente: -He pensado en vos porque me he acordado, aunque han transcurrido muchos años, de mi rápida estancia en Rohrau y del gusto que tuve al escucharos. Entonces pensé que estabais destinado á un gran porvenir y que vuestro genio sería una de las glorias de Alemania. No me equivoqué, y en todas partes se pronuncia con admiración vuestro nombre. Tan feliz como ha sido para vos el tiempo que ha pasado, ha sido desgraciado para mí y para mi hijo, pues nos han sucedido terribles catástrofes... ¿Es posible, señora? -interrumpió Haydn, vivamente mpresionado por este relato. -He perdido mi inmensa fortuna, y hoy busco una colocación honrosa para mi hijo, que le corrija un poco sus hábitos de prodigalidad, cuyas desastrosas consecuencias sufrirá mientras viva. Su deseo es entrar como chambelán al servi io del príncipe Nicolás de Esterhazy. -No lo desempeñará mal, señora condesa. -Una palabra vuestra le allanará, sin duda, cualquier difi: ultad que se presente para su admisión en la corte del Príncipe. En aquel momento Haydn se dirigió al piano y tomó el osario que en otro tiempo le había regalado el hijo de la condesa, se lo enseñó y la dijo: -Señora; si existe en mí algo de genio se lo debo á este rosario, que fue regalo de vuestro hijo. Nunca se ha separado de mí y muchas veces ha servido para romper las trabas de mi pensamiento. Pues bien; yo procuraré en las circunstancias en que os encontráis, devolver á vuestro hijo un poco de la felicidad que él me ha proporcionado. Basta con haberos escuchado vuestro deseo para que me ocupe del porvenir de vuestro hijo. A mi vez puedo predeciros que antes de ocho días será chambelán del príncipe de Esterhazy. La princesa demostró en su rostro la alegría que la habían producido las palabras de Haydn. Este la preguntó si su hijo era aficionado á la música, y habiendo aquella manifestado que no solamente le gustaba sino que tocaba con perfección el contrabajo, la dijo el compositor: -Eso nos servirá de mucho. Mad. Lippenheim se retiró. Apenas la acompañó hasta a puerta, el ilustre músico se puso al piano, y con una gran facilidad escribió un terceto para clavicordio, vioJonceüo y contrabajo. La obra quedó terminada en dos HISTORIA NATURAL LA HIENA p s la hiena un animal antipático y repugnante por lo feo de su cuerpo y por el olor pestilente que despide; pero su proverbial ferocidad es una pura fábula. Cuéntanse de ella horrores, y el vulgo, crédulo de estas consejas, la ha tenido y aun la tiene por el prototipo de la crueldad. A este concepto vulgar responde la frase que empleamos para ponderar la crueldad de una persona cuando decimos: rr ¡Es una hiena! Este cuadrúpedo de forma desgarbada, con el cuarto trasero tebajado, con su espesa y ruda melena y su piel pardusca y manchada, tiene cuatro dedos en cada pata con fuertes liñas propias para escarbar y formidable dentadura apropósito para roer huesos. La hiena, contra lo que de ella cuenta la fama, es un animal cobarde, que generalmente se alimenta de carnes podri- -if- das y huesos. No suele atacar al hombre, ni aun á los niños Pasa el día en madrigueras y de noche merodea buscando su alimento. La hiena manchada (hixna erocuta) y la parda brunnea) viven en el África meridional y oriental, mientras que Ja rayada ó listada (striata) se extiende desde el Senegal por todo el África Central y del Norte. Los antiguos naturalistas, el gran Plinio inclusive, consignaban las leyendas del vulgo como caracteres y costumbres de este animal carnicero. Según ellos, sabía imitar la voz humana y hasta aprendía los nombres de los pastores para llamarlos y encantarlos,