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A B C MIÉRCOLES 4 DE ABRIL DE 1906. PAG. 11. EDICIÓN i. Huelga conjurada POR TELÉGRAFO TM ueva York, 3, j 1 n. Telegrafían de In díanópolis, que las Compañías de carbón bituminoso, que emplean más de cien mil obreros, ha aceptado el nuevo tipo de salarios. Es de presumir que mediante este acuerdo, desaparece todo temor de que se declare la huelga general. Se han presentado cuatro caballos admirablemente preparados. A presenciar los ensayos asiste escogida concurrencia. -Mir. Los reyes de Inglaterra POR TELÉGRAFO ABC GRATJS Jl arselia, 3, 4 t. Han llegado á este puer TM to los reyes Eduardo y Alejandra, em barcándose acto seguido zn tí yate Real. Es de presumir que salgan esta misma tarde con dirección á Sicilia. DE SEVILLA POR TELÉGRAFO MARTES, 3 11 N 1 os delegados marroquíes. En el tren correo de Málaga han llegado á Sevilla los representantes marroquíes que han asistido á la Conferencia de Algeciras. En la estación les esperaba el alcalde, don Cayetano Luca de Tena, quien les cumplimentó y los acompañó al Hotel de Madrid, donde se hospedan. En esta población permanecerán hasta el viernes, día en que regresarán á Algeciras para asistir el sábado á la sesión de clausura de la Conferencia. A 1 iserere brillante. Se ha conseguido que el célebre tenor Viñas se preste á cantar el Miserere de Eslava zn las funciones religiosas en Semana Santa. Le acompañará el barítono Giovachini. oncurso hípico. Resultan muy animadas las prueDas que en la dehesa de Tablada se verifican para el concurso hípico que se ha de celebrar durante la feria. Las personas que en Madrid utilizan los tranvías, podrán desde el viernes próximo leer gratuitamente ABC. En virtud de un contrato celebrado entre la Sociedad de tranvías de Madrid y la empresa de A B C, todos los números de este periódico ílevarán impreso un vale de cinco céntimos que admitirán por este valor los cobradores de los coches en todas las líneas de vía ancha, re- Hallazgo de un cadáver Ayer tarde algunos soldados dealIngenieros del cuartel de la Montaña, pasar por los. terraplenes situados entre el paseo de Rosales y el del Rey, observaron que por entre un montón de escombros asomaba la cabeza de un hombre. Se aproximaron y pudieron confirmar que, efectivamente, se trataba de una cabeza humana y que ésta pertenecía á un cadáver. Dieron cuenta del hallazgo en el cuartel, se comunicó la noticia á la Capitanía general, y desde este centro militar se díó aviso telefónico á la delegación de Vigilancia del distrito de Palacio. Varios bomberos y soldados i ealizaron los trabajos de extracción del cadáver, que no pudo ser identificado por el estado de descomposición en que se encontraba, resultando en apariencia ser de un hombre como de cuarenta años, pobremente vestido. Personado en el lugar del suceso el Juzgado de guardia, ordenó su traslación al Depósito judicial. El día i 3 del pasado Febrero ocurrió en dichos desmontes un hundimiento de tierras, y según la versión de unos chicos que vieron desplomarse el terraplén, en la parte más elevada del desmonte estaba sentado un obrero. Suponiendo que hubiera quedado sepultado sultando, por tanto, A B C completamente gratis. A los señores anunciantes que por conocer este contrato tenían solicitado hacer publicidad en dichos números, cuya circulación aumentará considerablemente, les advertimos que deben enviar sus órdenes antes de las seis de la tarde del próximo jueves, y que de faltar espacio para todos los anuncios que se nos envíen, tendrán preferencia los orimeros que se reciban. 104 BIBLIOTECA DE A B C RAMUNCHO 201 Hacía un calor que ahogaba en e ¡fondo de aquella garganta, empotrada en la profundidad del valle; á pesat de la sombra de los castaños, los rayos de sol tamizados por entre las hojas, abrasan. Y la tierra desnuda, de color sanguinoso, la vejez extrema de la casa vecina, la antigüedad de los árboles, dan á los alrededores, mientras los novios hablan, un aspecto algo áspero y hostil. Nunca Ramuncho había visto á su amiguita tan coloreada por el sol; tiene en sus mejillas la hermosa sangre roja, afluida allí para teñir la piel mate, la piel fina y transparente; Madalén, por su matiz de rosa en la cara, parece una de las flores de la digital. Moscas y mosquitos zumban en sus oídos. Uno de los insectos picó á Madalén en lo alto de la barba, casi en la boca, y la mozuela, empeñada en aliviarse el escozor del aguijonazo, quiso pasar la punta de la lengua por el sitio herido, arañárselo y morderlo con sus dientecillos. Ramuncho, que mira esto de cerca, desde muy cerca, se sintió presa de una languidez súbita, y cual si se divirtiese, estiró violentamente los brazos como si se desperezara. La niña volvió á insistir en su labor porque el labio le seguía escociendo, y él, Ramuncho, de nuevo echó los brazos y el dorso hacia atrás. ¿Pero qué haces, Ramuncho, estirándote como un gato? Y ya no le fue posible contenerse; á la tercera vez, cuando Madalén se mordió en el sitio de la heridilla, al mostrar aún el extremo puntiagudo de la lengua, Ramuncho se inclinó, vencido por irresistible vértigo, y mordió también en el fresco labio que el mosquito picara, suavemente, sin apretar, como se hincan los dientes en un fruto rojo al que se tiene miedo de despachurrar. Hubo un silencio de delicioso espanto, durante el que los dos se estremecieron, ella tanto como él; los labios aldeanos por senderos que no se distinguen, guiando, delante de ellos, borríquillos de contrabandistas, peque ñísimos como insectos; á esa distancia van pasando los caminantes, silenciosos, por el flanco de la montaña; son los vascos de otros tiempos confundidos, cuando se les. mira desde abajo, con la tierra rojiza de donde salieron y donde volverán á entrar después de vivir como sus antepasados, sin sospechar las cosas de nuestra época, las cosas de más allá... Ramuncho y Arrakoa se quitaron las boinas para enjugarse la frente; hacía tal calor en aquellas gargantas por donde tanto corrieron y saltaron, que el sudor bañaba su cuerpo. Se está muy bien allí gozando de! espectáculo de la Naturaleza; pero querían llegar a! lado de las dos muchachuelas que les aguardan. Mas ¿á quién preguntar ahora por el camino, si no hay nadie en aquellos contornos? Ave María- -dijo cerca de ellos, saliendo de la espesura del ramaje, una voz ronca. Y la exclamación continuó con una serie de palabras dichas en decrecimiento rápido, apresurado; es una ora- ción en vascuence murmurada con jadeos de sofoco y pérdida de aliento, comenzada muy alto para acabar desfallecida y casi en silencio. De entre los heléchos apareció un anciano mendigo, terroso, belludo, gris, encorvado sobre su makila, como un hombre de los bosques. -Toma- -le dijo Arakoa echando mano al bolsillo. -Pero vas á llevarnos á la casa Olagaray, si quieres ganar nuestra limosna. (La casa Olagaray! -responde el anciano. -Vengo de ella, hijos míos, y en ella estáis. En efecto, ¿cómo no la habían visto á unos cien pasos, cual un peñón negro, por entre la fronda del castaño? En un sitio donde Jas esclusas juguetean murmurantes, bañadas por el torrente, mostrábase entre los casta-