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A B C DOMIN 6 -i- DS ABRIL DE 1906, PAG. 12. EDICIÓN dolas forma perfecta en armonía con el resto de í la el j y la fisonomía. Patente 1. clase, i38, San Ber- café de la Concepción, situado en la Corredera nardo, 3, duplicado. Baja de San Pablo. No se sabe quién haya sido el cómplice en la fuga del instrumento músico. unta de Reformas sociales. En la Junta de Reformas sociales celebra aida desgraciada. da anteayer en e! Gobierno civil, bajóla presi Al salir de una taberna de la calle de Medencia del gobernador, se trató principalmente de las excepciones del descanso dominical con- són de Paredes Manuel Mendívil, en no muy signadas en el reglamento correspondiente. Se buen estado la cabeza, se cayó sobre el cristal acordó pedir la supresión del art. 15, en el de la puerta, causándose en ¡a mano una herida cual se halla comprendida la Prensa periódica. que fue calificada de grave por los médicos de J k toaos los anunciantes La Administración de A B C Serrano, 55, Madrid, ofrece un regalo muy interesante á todos los anunciantes españoles. Se remite prospecto explicativo á cuantas personas lo soliciten. Por fuerte y crónica que sea, se cura ó se alivia siempre con las la Casa de Socorro donde fue asistido. TT ren tranvía entre Getafe y Madrid. A contar desdes hoy 1 de Abril, quedará modificada la marcha del tren tranvía número 29 que circula los domingos y días festivos entre Getafe (directa) y Madrid. Saldrá de Getafe á las 19,30 para llegar á Jas 20, en vez de salir á las 19,19 y llegar á Madrid á las 19,45. BIBLIOGRAFÍA El lunes próximo se pondrá á la venta la preciosa novela titulada La Soberana del campo de oro, por Emilio Salgar! que forma un tomo de gran Sujo de la Biblioteca Calleja aObras literarias de autores célebres. Esta Biblioteca es la más barata deí mundo; sólo en ella se ven tomos elegantísimos y empastados por 1,6o pesetas; y por suscripción, ó sea comprándolas Jos lunes, días en que se ponen á la venta las obras nuevas, mitad de precio (80 céntimos t J óvenes desesperadas. En la plaza de Santa Bárbara, núm. 11, intentó ayer suicidarse Josefa Mena, de veinte años de edad, con un veneno. En ge ave estado fue conducida al hospital rie ¡a Princesa. or disgustos de ramilla también intentó ayer suicidarse, tomando una cantidad de lejía, Concepción López, de dieciséis años. Después de curada en la Casa de Socorro pasó á su domicilio, Arriaza, 9. 1 f n violm en fuga. O. Manuel Taberner ha denunciado el hecho de haber desaparecido un violín de marca extranjera del año 1740, que había dejado PASTILLAS del DR. ANBREU. ADOPTADOS DE R O POít LOf MlNlSTEniOS DE GUERRA Y MAR NA RECOMENDADOS POR LA REAL ACADEMIA DF MEDICINA Toda clase de INDJSPObiC- ONES DEL TUBO DIGESTIVO, VÓMITOS Y DIARREAS, ETC. en niy adultos se curan pronto y bien con los SAL 1 CILA OS DE BISMUTO YCER 1O DE VIVAS PÉREZ. De venta en todas las farmacias acreditadas del mundo. CLÍNICA DEL DR. GONZÁLEZ OSSORlO, CONSULTA DIARIA, DE z á 4. ECONÓMICAS PARA LOS OBREROS, DE 7 á 8. ARGENSOLA, 19, PRAL DCHA. MADRID 94 BIBLIOTECA DE A B C RAMUNCHC 95 noches de Abril; todo el alborozo deliciosísimo oe ia vida, si hay también, tocándose irónicamente con toda eso, separaciones, decrepitud y muerte... XV Al otro día, viernes, se organizó el viaje á la aldea en que se verificaba el partido de pelota el domingo. Estaba situada muy lejos, en una comarca sombría, al dar la vuelta á una profunda garganta, al pie de cumbres muy elevadas. Arrakoa había nacido en ese pueblo, donde pasó los primeros meses de su vida, cuando su padre habitaba allí como jefe de las Aduanas francesas; pero no conservaba recuerdo alguno de la aldea, porque lleváronlo de tila cuando eia muy pequeño. En el cochecillo de los Detcharri iban Paquita, Madalén y, con un látigo en la mano, la Sra. Dargaiñáraz, tiadre de aquélla, guiando el carruaje. Marcharon en cuanto sonó el Mngelus del mediodía, con objeto de ir directamente á la aldea, metiéndose por los caminos de montaña. Ramuncho, Arrakoa y Florentino, que tenían que arreglar asuntos del contrabando en San Juan de Luz, dieron una gran vuelta para llegar de noche á Erribiague, por la vía férrea que wne á Bayona con Burgueta. Los tres jóvenes son felices y ningún cuidado les agobia; nunca boinas vascas cobijaron rostros más alegres. Caía la noche, cuando en el tren que va á Burgueta se internaron en la tranquilidad de la región á que se dirigían. Los vagones iban llenos de gente, la muchedumbre regocijada de las tardes primaverales, volviendo de alguna fiesta; muchachas tocadas con un pañuelo de seda anudado ai moño, y hombres de boina que cantan y ríen satisfechos, derrochando júbilo y bullanga. A pesar de la obscuridad, que todo lo va invadiendo, se distinguen aún los setos blancos de los ojiacantos y los bosques blancos también, de acacias en flor; en los compartimien tos penetra el olor, suave y violento á la vez, que viene de los campos. Y sobre esta floración blanca de Abril, que la noche esfuma y borra, el tren que pasa va dejando como una estela de alegría el sonar de una antigua canción navarra, indefinidamente comenzada á plena voz por toda esa juventud que junta su algarabía ruidosa al estrépito de las ruedas y del vapor... ¡Erribiague! -gritan en las puertas, y el nombre recuerda á los tres jóvenes dónde están. La banda can tora había bajado un poco antes del tren, ahora silencioso, y en que aquéllos quedaron casi solos. Dormitando estaban; la noche se había tendido negra y profunda de las altas viontañas cuando ellos las cruzaron en su viaje. Saltaron á tierra un poco entontecidos, en meaio de jna obscuridad en que hasta los ojos de contrabandista veían poquísimo. Era ella tan grande, que sólo la rompían algunas estrellas brillando allá arriba; tanto ensombrean y velan la luz del cielo las altas cimas pesadas y come desplomándose. ¿Dónde está el pueblos- -preguntaron a un nomcre que les esperaba para recibirles. t- -A un cuarto de legua, por este lado, por la derecha. En efecto, distinguieron el trazo gris ae un camino perdiéndose en lo más denso de las sombras. Y entre e solemne silencio, entre la húmeda frescura de estos valles sumidos en las tinieblas, empezaron su caminata, sin hablar, un poco caído su buen humor ante la majestad sombría de los guardianes de la frontera, los picachos cu biertos y arrogantes. Vieron, al fin, el arco curvo de un puente viejo, tendido sobre un torrente; después, la aldea dormida, por ninguna claridad anunciada. Una luz brillaba, sin cm-