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A B C JUEVES 29 DE MARZO DE 1906. PAG. 14, EDICIÓN i. bocacalles que afluyen al Ayuntamiento están que. Al sorprenderle negó nabería recibido pero se la encontró en el bolsillo. El cartero adidas por multitud de obreros. PO TELÉGRAFO La benemérita patrulla por las calles, En entonces rompir otras cartas que llevaba, reesultado del plebiscito. vista de la gravedad de los sucesos, el alcalde cogiendo el inspector los pedazos del suelo. Leiti, 28, 9 n. He aquí el resultado del El cartero José García confesó que la cartt ha creído oportuno consultar á las demás autoftferendum de los mineros del Pas de Calais: ridades. El regimiento de caballería de Al- se la había dado su compañero de la calle de Votaron por la huelga 20.574 y por la con- fonso X ha sido reclamado con urgencia, en Cañizares, José Cotanilla Martín, y que le Stnuación del trabajo, 12.582. previsión de que los sucesos adquieran mayor había dado otras cartas con la misma dirección, gravedad. Los obreros se apoderan de todo el que entregaba á los sujetos que salían á pedírselas. pan que encuentran á mano. El alcalde recriminó á los obreros por los En vista de la complicidad de los indicados escándalos á que han dado lugar, aconsejándo- carteros, han sido declarados cesantes y conPOR TELÉGRAFO les que se disolvieran y prometiéndoles ampliar ducidos al Juzgado de guardia en unión de evilla, 28, 11 n. En la capilla de los Re- los trabajos para invertir el mayor número po- Enrique Baque, á disposición del juez del Hospicio, que es el encargado de la causa. yes de la catedral se ha celebrado el en- sible de obreros. La benemérita se na retirado. Renace la tace de la billísima Srta. Anita Rodríguez de la Borbolla, hija del fiscal del Tribunal de calma y la tranquilidad. No obstante, hablase Cuentas con el abogado D Francisco Casti- de nuevos saqueos en las panaderías. llo, habiendo sido apadrinados por el padre de la novia y la madre del novio; actuaron como testigos el gobernador y otras personalidades, a enrermeaad que desde nace días aquejaba habiendo asistido al acto distinguida conculos veintidós procesados por realizar esal teniente general D Rafael Cerero ha rrencia. tafas escribiendo cartas al extranjero, tenido funesto desenlace á las cinco de esta hay que añadir tres que fueron detenidos ayer. madrugada. En Manchester (Inglaterra) se había recibiEste bizarro multar pertenecía al arma de do una carta prometiendo una fortuna á un Ingenieros, era teniente general desde el año comerciante de dicha ciudad. 1899, estaba en posesión de las grandes cruPOR TELÉGRAFO Enterado el cónsul y sospechando que se ces de Carlos y la Real y militar orden de erez aela Frontera, 28, 9 n. La crisis agra- trataba de un timo, se puso en relación con el San Hermenegildo, ésta última pensionada, v ria adquiere caracteres alarmantes. Grupos gobernador civil de esta corte, diciéndok que otras muchas nacionales y extranjeras. ¿Je obreros presentáronse en el Ayuntamiento la contestación á dicha carta se enviaba dirigiFue jefe interino del Cuarto militar de Su sn demanda de trabajo. Al pasar delante de un da á la calle de Cañizares, núm. 1, señas indi- Majestad y había tomado parte en varias camgrupo de hambrientos un hombre con una carga cadas por el firmante de la misma. pañas, entre ellas la de Cuba, distinguiéndose de pan, aquéllos le atacaron, apoderándose de El gobernador encomendó al inspector Vi- por sus notables trabajos de ingeniería. illa. Los municipales cargaron contra los gru- llalta la detención del autor de la carta, y ayer Por sus prendas de carácter y su caballeropos, repartiendo muchos sablazos, á los que la consiguió en la calle de Lavapiés cuando el sidad era generalmente estimado. los amotinados contestaron á pedradas. Los cartero de dicha calle, José García Herreros, A su atribulada y distinguida familia v ¡aguardias viéronse obligados á hacer uso de las le entregaba la referida carta, á pesar de venir mos la expresión de nuestro oésanje. á otra calle cuyo reparto no le correspondía. carabinas. Todos los comercios están cerrados. Las El que cogió la carta se llama Enrique Ba- La huelga de Coutfriéres R I UNA BODA S Detención de estafadores EL GENERAL CERERO A L El hambre en Jerez J 90 BIBLIOTECA DE A B C 2 AMUNCHO 91 taran de dónde venían, con el tono burlón que adoptan las chicas para interrogar á los muchachos, se sonrieron los dos y se golpearon en el pecho, que sonó como si di metal fuese... Por los senderos de la Gizune habían venido de España á pie cargados con moneda de cobre del cuño del gentil rey niño Alfonso XJ 1I. ¡Vaya un negocio el de los contrabandistas! Según las cuentas de Itchúa, habían cambiado una gruesa suma de plata por aquellas monedas, que correrían á escape y á la par en las ferias próximas, en diferentes aldeas de las Landas, donde de ordinario pasan y se emplean mucho las perras españolas. Ellos, los dos, traían en los bolsillos, entre la camisa, pegadora la piel unos cuarenta kilos de cobre, que en abundante lluvia dejáronlos caer sobre el antiguo granito de los bancos, á los pies de las regocijadas jovenzuelas, á las que encargaron que contasen y guardaran ti dinero; en seguida, habiéndose enjugado la frente y después de respirar un poco fuerte, comenzaron á jugar y saltar, encontrándose sin la carga más ágiles v ligero que otras veces. Aparte de los tres ó cuatro cuquillos que corrían tras ide las pelotas perdidas como crías de gato, no estaban en ti frontón más que las muchachas, desperdigadas en g upos en las filas bajas de aquella gradería desierta, de co or rojizo, que ostentaba, entre las piedras, la hierba y las florecillas de Abril. Los trajes femeninos de indiana con marineras blancas ó rosa, eran la única nota alegre de este lugar solemnemente triste. Al lado de Madalén sentábase Paquita Dargaiñáraz, otra rubia de quince años que estaba prometida á Arrakoa, con quien iba á casarse pronto, porque, como hijo de viuda, no tenía que ir al servicio militar. Y hablando de los jugadores y alineando sobre el granito las líneas de filas de monedas, reía sin cesar el concurso de mujeres que cuchicheaban sin canasarse; y con acento cantado hacían rodar tan musicalmente a r en los finales en rra ó en rri que, oyéndolas, se hubiese dicho que el ruido que producían era el de las alas de gorriones agitándose en sus bocas. Ellos, los jugadores, estaban tentados á la risa, y frecuentemente, con el pretexto de descansar, venían á sentarse entre las chicas. Cuando jugaban, éstas les azoraban y les intimidaban tres veces más que el público de los grandes partidos; ¡tan burlonas eran! Ramuncho supo entonces por su novia una cosa que nunca se hubiera atrevido á esperar: que había obtenido permiso de su madre para ir á aquella fiesta de Erribra gue, para asistir al partido de pelota y visitar el pueblo, que rio conocía; ya estaba convenido que ¡ría en coche con Paquita y la Sra. Dargaiñáraz; allí las encontraría, y acaso fuese fácil la combinación de volver todos juntos. Desde hacía dos semanas, en que las citas de noche habían comenzado, era la primera vez que tenían ocasión de hablarse de- día y delante de otras personas, y su trato en tal ocasión era diferente, más ceremonioso en apariencia, envolviéndose además en un suave misterio. Hacía mucho tiempo que él no la había visto tan bien y tan cerca en pleno día; poique Madalén embellecíase mucho en aquella primavera y estaba guapa, guapísima... Su pecho se redondeaba, mientras que estrechábasele la cintura; su aspecto ganaba paulatinamente en elegante distinción. Continuaoa pareciéndose a su nermano; tema los mismos rasgos, igual óvalo perfecto; pero en los ojos cada día ss: diferenciaban más; mientras que los de Arrakoa, de un matiz azul verdoso que parecía desvanecerse en el fondo, se empequeñecían al mirarlos, los suyos, por lo contrario, de pupilas y pestañas negras, se dilataban ansioso para mirar fijamente. Ramuncho no conocía en nadie otros que se les asemejaran, y adoraba en eílos 1 ternura franca y su interrogar ávido y profundo. Mu-