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CUATRO. N U M 440. CR Q. M A D R I D 27 DH MARZO DE 1906. NÚMERO TO, SUEL 5 CÉNTIMOS JSÍICA UNIVER- SAL ILUSTRADA. y España y no ha de pasarse mucho tiempo sin que se sume á las cuatro una gran Potencia cuyos intereses mediterráneos son iguales á los de aquellos pueblos. A pesar de todo, la situación de Alemania espués de un largo período de abstención se han reunido en sesión oficial los dele- no resulta tan desairada como pudiera haber gados délas Potencias. Enterados nuestros lec- quedado sin el talento, la sagacidad y el tacto tores de lo que diariamente pasaba por las no- demostrados por Radowitz y Tattenbach; se ticias de nuestro inteligente corresponsal en necesita todo el prestigio del primero y el coAlgeciras y por la información de lo que, pen- nocimiento del asunto y perspicacia del segunsando en buena lógica, había de suceder, han do para haber sostenido la campaña que han podido explicarse lo allí acontecido sin necesi- sostenido contra todos sin desprestigiarse y dad de molestarse con la lectura de comenta- consiguiendo ventajas para todos. Más hubieran logrado sin haber estado atados por imrios, que por esa razón hemos suprimido. puestas intransigencias que habían de impedirSabían bien que Rusia debía intervenir, que les la libertad necesaria en estos casos; así y Austria había de dar buenos consejos, que Intodo, pueden estar satisfechos y su labor ha de glaterra no podía ver con indiferencia lo que merecer el respeto de sus propios rivales. la afectaba en primer término; que Italia, cada Lo que tiene visos de suceder, es que la 7 ez más lejos de la tríplice, había de ayudar con sus buenos oficios, y flotando sobre todos esos Conferencia de Algeciras, que produjo una porqués, les era perfectamente conocido el víctima en el mundo de la diplomacia- -Delcasvnás poderoso, el convencimiento que tenía sé- -antes de comenzar, ocasione otra poco después de terminar: Bülow. Alemania de su aislamiento, y para anticipar el- esultado no se necesitaba ser profeta. p l cansancio y el deseo de terminar pronto Aseguramos que Rusia no encontraría dine se han apoderado de los reunidos en Alro entretanto no se alejaran los temores de una geciras: pero como lo que tienen que hacer allí, guerra próxima, y como ese dinero la era in- la reglamentación de lo acordado, es un tradispensable para su pacificación, ella realmente bajo que reclama meditación, estudio y tiempo, dio los primeros pasos para que en Algeciras es probable que casi toda esa reglamentación ¿e llegase á un acuerdo. Austria, decíamos, no se aplace para que la resuelva el Cuerpo diplo uede comprometerse en locas aventuras en los mático acreditado en Tánger y eso sería lo momentos en que Hungría, á causa de los mejor que pudiera acontecer, porque ahora compromisos internacionales de su hermana que nadie desea la guerra, cualquier impruhace lo posible por separarse de ella, y Aus- dencia pudiera provocarla, á pesar de todos y tria ha contribuido á las ideas de paz. Ingla- contra la voluntad de todos; de este peligro terra no había de dejar que el pensamiento ale- no se han percatado bien y esto es preciso que mán dominase sobre todos, y ¡a invitación reflexionen los que allí conocen á fondo la privada de Eduardo V en París á Delcassé, vida interior de Marruecos. en este año, vale casi tanto como la visita de Mucho más interesante que e! numero ae Guillermo 11 á Tánger en el pasado. Para Ale- jefes y oficiales que han de ir á instruir á los mania, hemos dicho repetidamente en estos co- soldados del Emperador, y los puertos que mentarios, no es tiempo aún; Alemania cederá, han de guarnecer, es buscar y encontrar los como cederá Francia, aunque no tanto como medios para que el Sultán, el jefe religioso de aquella porque ya cedió mucho y así ha acon- los musulmanes, no encuentre dificultades que tecido porque no debía ni podía suceder otra le hagan imposible la vida, tanto, más aún, osa. que el acuerdo entre todos los conferenciantes Constituye este asunto de la Conferencia reunidos en Algeciras, es indispensable mecjarga pesadísima para todos, desde el momen- ditar el modus faciendi, para no verse obligados to en que, por tierra el objetivo del iniciador á una guerra de conquista ó al descrédito del de ella y asegurados los intereses comerciales nombre europeo en aquel país tan refractario de todos, queda reducido el problema á lo que á lo que no sea su tradición y sus costumbres. sólo interesa á Marruecos y á sus vecinos. El porqué del peligro que amenaza la paz Alejado el pavoroso aspecto de la guerra y sus que tan laboriosamente se ha preparado en Alposibles complicaciones, sin la necesídad de geciras, merece explicaciones, para las que nos cubrir las apariencias y de salir decorosamente falta espacio. del callejón sin salida en que se encontraban los FELIPE OVILO delegados, ya hace días que habrían regresado á sus hogares. Se necesita estar ciego para no haber visto lo ocurrido estos días: intervención de los téc nicos, sin acordar nada factible ni práctico; p r í o viento huracanado, granizo, niedisputas y discusiones, como si se tratara de ve, lluvia, nada más. Este fue el ob (la anexión de una provincia por cantidades sequio del quinto día de la presente poé Irrisorias de partición en el futuro Banco, y tica y fecunda primavera... tempestades basadas en aquel donoso argumenCompletó este cuadro pintoresco e! te del pasillo de nuestro inmortal Lope, Las Aceitunas, reproduciendo las segundas partes desfile por las calles de la coronada villa jas demostraciones, y aun de mayor vuelo que de hambrientos obreros sin trabajo, que pedíar! limosna para comer. Un modesto fias promovidas por los plenipotenciarios al (principio, cuando á pretexto de Marruecos se indust al se mató colgándose de una cuerTrataba en realidad de la paz del mundo. da, desesperado, tal vez, por la marcha pAk lemania ha visto perderse algunas ilusiones de sus negocios. Síntomas son estos datos v T en este tiempo. Inglaterra y Francia, de pública y creciente prosperidad. lejos de desunirse, han estrechado más sus laLa Sociedad de Actores celebró en gos de amistad, á ellas se aproximan Portugal SOBRE LA CONFERENCIA D para obras pías entre sus colegas, también necesitados como todo hijo de vecino. El jefe del Gobierno, acatarrado, zh cama. Y la política también. El anémico Manzanares fue el únicfc que demostró salud. Por lo mehos, mientras otros enfermos guardaron cama, éJ quiso saltar de ella, ó lo que es lo mismo abandonar su lecho; y en previsión de que al hinchársele las narices perjudicase con un estornudo á los vecinos de las orillas, se adoptaron precauciones contra el terrible recuerdo de ríoContinuaron los rumores de agitación carlista en Gracia y otras poblaciones catalanas. Y menos ¡mal que después de todo es cosa de Gracia. En la Audiencia hubo una vista interesante, sensacional. En el banquillo de los acusados se sentaban varios concejales. Pero no se precipite á alegrarse el curioso lector. Se trataba de concejales de Campo Real. De Algeciras, nuevas y viejas noticias. Viejas y olvidadas de puro sabidas: que se discutió mucho. Nuevas: que hubo principio de acuerdo. ¡Si hubiese postre del mismo génerol Se tuvo noticia oficial de la feliz llegada del Rey á Canarias. La Bolsa contestó con alza general á lo de Gracia. Más vale así. Por la noche, estreno en Price di Monteleón, drama sangriento, terrible, espeluznante, abrumador, que, naturalmente, obtuvo un franco éxito de risa. AEMECE I A- HUELGA DE COURR 1 ERES Y LA JORNADA DE OCHO HORAS La catástrofe de Courrieres ha adelantado 1 fecha del movimiento huelguista que los soci? listas estaban hace tiempo preparando en e Norte de Francia. Más de setenta mil obreros han abandonado el trabajo, resueltos á no reanudarlo mientras los patronos no se muestre? dispuestos á atender sus reclamaciones. ¿Qué piden? Lo de siempre: aumento de salario y la jornada de ocho horas. EJ proletariado, con tenacidad nunca des mentida, aprovecha, desde hace dieciséis años todas las ocasiones que se le presentan para pedir esa jornada de ocho horas. El 14 de Julio de 1889, el Congreso socialista, reunido en París, acordó celebrar la fiesta del trabajo el 1 de Mayo del año siguiente. Ese día los obrero de la mayoría de las grandes ciudades europeas, y de casi todos los grandes centros industriales pidieron á los poderes públicos la reducción á ocho horas de la jornada legal de trabajo. El 1. de Mayo de 1890 fue el punto de partida de un movimiento que no ha cesado todavía; desde entonces no han cedido los obreros en su empeño; los de algunos oficios han conseguido ya las ocho horas; los demás siguen persiguiendo ese ideal inmediato. Lo que sucede ahora en las cuencas carboníferas del Norte de Francia es la consecuencia de los acuerdos to- MADRID AL DÍA Apolo una función en propio beneficio y D i CIENCIAS GEOGRÁFICAS Y SOCIALES