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A B C. LUNES 16 DE MAT? 70 DE iqo. 6. PAG. 7. EDICIÓN homenaje simpático a i hermosura... Un pueblo que MEÍ se divietíc, es un pueblo dichoso. ¿Acaso la alexia no es una virtud. Y mieii. ti as que desde un extremo á otro de l e grandes bulevares la multitud se entrega á una bata Íli ¡desenfrenada áz confiHi, a cabalgata se organiza en la piaz de la Concordia. Desde la orilla derecha dei Sena á la orill? izquierda las carrozas avanzan precedidas de sus escoltas. La concentración se hací. con una lentitud desesperante. Las pobres Reinas, sentadas sobre sus tronos audaces de dorado carlón, tiritan dt frío. Por fin, el cortejo comienza á desfilar en dirección del Elíseo, y ya en la puerta Us seis majestades descienden con sus damas de honor. Cumplidas las formalidades del protocolo las Reinas, seguidas de su séquito, penetran en el Salón dorudo. Rosa Blanche se coloca en el centro y a dere cha é izquierda se sitúan Concepción Ledesma y Mar íh 1 Speroni, la Reina de Roma; á su lado está la Rein; dz Lisboa, Valentina Cortea; á ia izquierda de Con cepción Ledesma la hada dr Vevey, Hermanee Taverney, Reina de las encajeras de Calais; detras forman sus respectivas damas de honor. ¿Cuál es la más beila... preguntan admirados los asistentas á la ceremonia. -Las seis majestades parecen simbolizar la belleza de su raza. Rosa Blanche es una muchacha deliciosa, Majrtha Speroni es encantadora; rpero, Dios mío... CARROZA DB LAS REINAS UE LA ALIANZA LATINA -Viaieiment sonf ¡ches ves petiíes reinei! -murmura á mi oído un señor de luenga y blanca barba. -Y en aquel momento penetra en el salón el secretario general de laPresidencia, M r Lañes, que en nombre de M r Failiéles presenta sus felicitaciones á las elegidas de la belíeza y entrega á cada Reina la pulsera de oro protocoiesca. Las pelites T eines, maravilladas y alegres, salen del Elíseo para volver á sus tronos respectivos. La cabalgata avanza lenta y majestuosa por la rué Royale y penetra en los bulevares, donde la batalla multicolor comienza. Las aclamaciones y el entusiasmo no tienen límites. Les petites J eines, responden á los besos que les aneja el pueblo entusiasmado. Al llegar al Hotel de Ville, nuevo descenso de los tronos y nueva recepción por el presidente del Consejo municipal de París. Mr. Chantara recibe á las Reinas en ei calón de los Prevost, y como en el Elíseo, éstas se agrupan alrededor de Rosa Blanche. Desde el Hotel de Ville las graciosas majestades van á saludar á M i Lépine. Y según reza el progiama, el alegre cortejo, después de ítravesar los puentes del Sena, va a desfilar bajo los balcones de M r Loubet, en la rué de Dante. Son Sas siete de la Urde, y la noche cae lentamente sobre París. Todo el mundo descienda de sus carrozas. Las Reinas se precipitan á subir sobre los landos que ¡as esperan CAKRuZA DÜ LA REINA 0 t i LAS REINAS DE PARÍS para conducirlas desde allí al banquete de 900 cubiertos Fots Chousseau Flavitíns y al baile de gala que se celebra en su bonor en la sala ¿y esa- -ires pelites espagnolas, con sus blancas mantillas de blonda, negligentemente co- de fiestas del Pefi f Journal. Pobres Reinecitas, íigitaáo es vuestro corto reinado... locadas sobre sus negras cabelieviís, sus ojos de i ucgo, v ÜÍ tentadoras sonrisas, y sus F. MORA ilUlíCS fU- Ml- ci! k)