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A B C LUNE 5 26 DE M RZO DE 1906 PAG- 5. EDICIÓN coronan. El reinado de Paradox es patriarcal, bondadoso; en su reino no hay ni Gaceta, ni ejército, ni magistrados; cuando se trata de fundar unas escudas, Paradox quisiera- -es una paradoja- -que estas escuelas no tuvieran maestro. IMo enseñemos gramática, ni lógica, ni é ica, ni retórica- -Jice también Paradox; -esto no sirve para nada ¿No es éste el mejor de los mundos posibles? Lo. malo es que una mañana al levantarse los habitantes de la ciudad ven que un ejército colonizador, con sus ametralladoras y sus cañones, cerca la ciudad; el ejército hace fuego durante dos días y destruye todas las casis. Algunos meses después el director de un hospital que los colonizadores han establecido en la nueva ciudad, le pregunta á uno de sus ayudantes: r ¿Qué novedades hay hoy? 1) Han entrado seis variolosos, tres alcohólicos, ocho sifilíticos contesta el ayudante. ¡Pero antes- -exclama el director- -no había aquí ni viruela, ni sífilis, ni alcoholismo! Es verdad- -replica el ayudante- -no había aquí nada de eso. Y por los mismos días un periódico de la ciudad da la noticia de que en la catedral ó parroq lia, un clérigo ha pronunciado tras la misa u. ia elocuente arenga, y en ella se ha congratulado fervorosamente de que al fin haya lecho su entrada en el país la civilización, la verdadera y amorosa civilización. Tal es en síntesis la nueva novela de Pío Ba -oja titulada Paradox, iey; al hacer nuestro extracto hemos suprimido muchos detalles un poco violentos. Este libro coincide con la promulgación de la ley tan debatida hace poco en las Cámaras; y en él, aparte de su trascendencia social, hay páginas de un puro y exquisito v a l o r literario, tan delicadas, tan hermosas como las que llevan por título Elogio sentimental del acordeón y Elogio de los viejos caballos del Tío Vivo. AZOR 1 N Hace tres ó cuatro días se ha celebrado en París la vista de uno de estos asuntos que tiene la particularidad de que es mutua la reclamación; es decir, que Edmundo Coquais, padre de la novia, reclama á M r osé Antonio Bignon 9.960 francos con 5o céntimos por gastos hechos en vestidos, sombreros, abrigos, alhajas, zapatos, ropa interior y accesorios; más una indemnización de 10.000 francos por el perjuicio moral que á la niña le ha producido la inesperada determinación de su prometido, en vísperas de boda; y, por su parte, M r José Antonio Bignon exige á Edmundo Coquais, padre de BU examada, 21.868 francos y 5 céntimos, porque, como aquélla, considérase perjudicado moral y materialmente, y tasa este perjuicio en la mencionada cantidad. Lo más curioso del caso es quí este sujeto, á quien en Madrid llamaríamos fresco, no ha ocultado en el juicio la causa que le impulsó á romper su compromiso, pues de modo claro y terminante manifestó su letrado al Tribunal que M r José Antonio no se casaba con la hija de Coquais porque éste no quería darle la dote de que le habló al entablar las relaciones amorosas con su exnovia. Argumento que el abogado empleó varias veces en el transcurso de su informe para convencer á los honorables magistrados de que la única víctima que el incumplimiento de la promesa matrimonial había producido era monsieur Bignon, su patrocinado. Y el Tribunal así lo ha entendido, pues declara en la sentencia que la ruptura 110 ha sido caprichosa, sino debida á la informalidad d; l que, á modo de cebo, ofreció un dote que, por las trazas, no existe más que en su imaginación. Y fundado en esta y otras razones, absuelve de la demanda á M r Bignon, y condena en los gastos del pleito á la hija de Coquais, la cual puede ahora decir que te ha quedado compuesta y sin novio, y ha salido además condenada en costas. Que es un colmo! Por lo. que hace á la demanda de Bignon, ha declarado el Tribnnal que aquél no tiene derecho á exigir cantidad aíguna a su exprometida, declaración muy justa á nuestro juicio, pues hubiera también sido otro colmo, que tras de no casarse le hubiesen indemniznzdo con 5.OOO duritos y... ¡un jamón! UN PASANTE La Reina madrileña, la Reina morena, de pálida tez, de negros cabellos y de ojos negros, no ha dado punto de descanso á su airoso cuerpo. Llegó á París cuando aún no había amane cido. Ello la privó de una calurosa recepción, de la misma recepción que se dispensó einticuatro horas antes á la reina de Roma. En la estación hallábase, sin embargo, la reina délos mercados de París, la gentil Mlle. Rose Blan che, y no la faltaron saludos, ni aclamaciones, ni flores. Desde esa hora no hubo ya reposo para Concepción Ledesma. Había que recorrer Pa rís en lando abierto, había que acudir á b redacción de l e Matin á brindar por Francia y por España con una copa de espúmame champagne, había que prepararse para asistir á la función de gala de Folies Bergéres y había que pensar en el día siguiente, en la visto sa cabalgata de la Mi- Caréme. aLa cabalgata, con sus carrozas vistosas, con sus jinetes uniformados, con sus mujeres hermosas, con sus trajes alegóricos recorre medio París; va de un lado al otro de! Sena y pasa por el barrio Latino, por los bulevares y por los Campos Elíseos, y al llegar al faubourg Saint- Honoré se detiene ante el Palacio del Elíseo, y las Reinas del pueblo depositan un ósculo en la mejilla del presidente de la República. Ese beso es para España algo más que un símbolo: es una deuda. i) La reina de los mercados de Madrid debe al primer magistrado de Francia el beso que la reina de los mercados de París dio, en ocasión solemne, al Rey D. Alfonso X 331. Aquella fue la nota de color del vb. je triunfal del Monarca español. Era una tarde de luz exuberante, de un primavera llena de esplendores. El entusias. no caldeaba todos los corazones. D. Alfonso Xlll, apuesto, alegre, sonriente, llegó á los soberbios mercados de París, y la Reina de aquellos lugares, una rubia encantadora, con los ojos bajos, el andar tímido y las mejillas encendidas, acercóse á él y dejó en su rostro un beso sonoro. Mr. Loubet ha sido un desventurado. Li respuesta de aquel beso recógela su sucesor, M r Fallieres. La nota española es la nota de actualidad en París, Y esa nota la representa una morena de ojos negros rasgados... Los parisienses la ven, entre sueños, en un mercado de Andalucía, bajo un cielo radiante, vendiendo cigarros, naranjas ó flores. En Montmartre reside, en el clásico V it martre, en el Montrnartre de los viejos estudiantes, de los artistas y de los bohemios. París la ha ofrecido el fondo en que mejor podía destacarse su figura: un fondo de pintorescos colores, de recuerdos históricos y de extrañas leyendas. A B C se felicita de este éxito de la belleza femenina madrileña en París, se felicita doblemente porque, modestia á un lado, algo ha contribuido á ese triunfo y porque es prueba de que este recién nacido A B C tiene fuerza y crédito en la opinión para organizar concursos como aquel de que salieron elegida la Reina madrileña y sus damas de honor, tres bellezas hoy admiradas v festejadas en París. i No obstante la prevención que hay en esta tierra contra esas fiestas, por falta de costumbre para celebrarlas; no obstante el vacío que parte de la gran Prensa hizo á nuestro concurso, éste se celebró concurriendo á- él muchas, muy bellas y muy dignas señoritas, entre las cuales se eligieron las que tan admirablemente representan al sexo bello madrileño en París. Nuestra satisfacción es legítima, y legítimo, por consiguiente, este alarde que de ella ha cemos TRIBUNALES -FORMACIÓN EXTRANJERA C O M P U E S T A Y El Código civil francés, SIN NOVJO como el español, tiene previsto el caso de incumplimiento de la promesa de matrimonio, y ambos conceden derecho á la parte inocente para reclamar á la culpable, cuando este caso llega, una indemnización de los gastos que originan los preparativos de la boda. Claro s que son muy pocos los que una vez amonestados, ó leídas las moniciones para escribir en términos canónicos, vuélvense atrás de su propósito, pues lo general es que el arrepentimiento, si viene, venga con el suficiente retí aso para que el asunto no tenga remedio; pero como pueden darse casos, y de hecho se dan algunos en la vida, la ley, previsora siempre, ha querido establecer la única indemnización que le es lícito pedir á la que se queda compuesta y sin novio. En nuestro país son muy raros los pleitos que con este motivo se promueven, pues la que más y la que menos, y no me refiero á los varones, porque todavía son más extraños ios casos ea qué el hombre es burlado en vísperas de su enlace, sufre en silencio la broma, el engaño ó el desprecio deque ha sido objeto, llora más ó menos tiempo por el bien perdido, que no suele ser bien, sino mal la mayor parte de las veces, y, por último, se resigna, sin que cruce por su mente la ¡dea de reclamar al ingraío los gastos hechos en vestidos, guantes, sombreros y demás zarandajas, que, según el refrán, si no vienen á bodas, no vienen á otra hora Pero en otras naciones, Francia, por ejemplo, no temen al ridículo que injustamente cree encontrar la mayoría en tales demandas, y con mucha frecuencia se ve ante los Tribunales este género de p eitos. EN LA Ml- CAREMF DE PARÍS Los periódicos de Parió ponderan la belleza de la Reina y de las damas de honor que Madrid ha enviado á las fiestas de la Xi- Caréme de la gran capital. Bonafoux en Heraldo de Madrid ha publicado varias crónicas hablando de aquellas lindas madrileñas. El Jmparcial publica ayer una carta de París, de la cual reproducimos á continuación algunos párrafos: El cielo de París ha sonreído á la reina de los mercados de España. Después de tres días de espléndida primavera, amaneció una mañana gris, opaca, londinense... Pero fue avanzando el día y viento fresco barrió las nubes y el sol brilló sobre un cielo purísimo. Nuestra soberana pudo admirar todos los encantos de la enorme ciudad; el bullicio in menso, ensordecedor, de los grandes bulevares; las notas pintorescas del París viejo; los esplendores de las soberbias avenidas de la Estrella y los panoramas incomparables del Sena y de les frondosos bosques, cuyas invernales manchas negras empiezan á mostrar tonos verdes, brillantes, que se descomponen en mil colores al reflejar la luz vibrante de la prima vera. E! día ha sido terrible; ha sido un día de prueba