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CUATRO. NUM. 4 3 9 CRÓNICA UNIVER AL ILUSTRADA. S ¿MADR 1 D, 26 DE MARZO DE 1906. NÚMERO SUEL, 5 CÉNTIMOS tRÓNICA POLÍTICA i A OBRA MAGNA. Grande es la obra s que puede preparar el Gobierno para presentarla á las Cortes. Ábranse éstas en Abril ó sigan cerradas hasta después de la boda del Rey, estos días, durante los cuales los ministros no se ven en la necesidad de emplear buena parte de sus horas en asistir al Parlamento, en responder á las preguntas de los representantes del país y en prepararse para las obligadas contestaciones, son los más abonados para la labor honda, difícil, penosa de Gabinete, más pesada seguramente, que la mecánica y á veces ruda tarea de descacho. Y entre aquellos trabajos, ningunos más serios y trascendentales que los que se refieren á los presupuestos generales del Estado. La voz pública dice por las columnas de los periódicos: Tráiganse á la Representación nacional unos presupuestos de reorganización de los servicios de la Administración pública, dotados convenientemente, sin aumento de gravámenes, sin cargas abrumadoras, con alivio de aquellos impuestos que son ligaduras que dificultan la circulación de la riqueza en la economía del país, y en fin, unos presu- puestos con la mira puesta en esa economía, en vez de los actuales, sin más finalidad que la de salvar el crédito, mediante la nivelación. La obra pedida es, según se ve, obra magna. Con los presupuestos vigentes vegetamos; con los que se demanda queremos progresar. El problema planteado es muy complejo, muy arduo, y reclama, á su vez, de la opinión pública una circunstancia que es condición primera de su desarrollo orgánico y de su solución acertada: que nos hagamos cargo de su magnitud. De otro modo, todo se reducirá, como siempre, á exigir de los gobernantes imperiosamente, atrope- 1 lladamente, neciamente, el milagro. V el milagro no se hará. No para eso, que es lo que el pensamiento imaginativo de nuestra gran masa social, estimulado por los que explotan esa debilidad, pide á todos los Gobiernos de todos colores y matices; sino para hacer algo de serio y de sólido, se necesita como primera condición del tiempo. No queremos contar con él para nada. Nunca nos persuadimos de que, andando KS como se adelanta terreno; eso de ir paso tras paso hacia algún objeto, no nos cabe en la cabeza. Decidimos que hay que marchar á saltos, aunque éstos sea? i saltos mortales. jAsí estamos de estropeados! k Si los presupuestos han de revestir los ndicados caracteres, el ministro de Hacienda no debe demorar el momento de trabajar en ellos con actividad y fe; pero la gente española necesita penetrarse de que D. Amos Salvador no va á hacer buñuelos, sino que tiene precisión de tiempo y de espacio para su comprometida y delicada faena. Sus colegas han de disponer de condiciones análogas, si han de cooperar con algo de substancia y de provecho. Conocida es la historia de los primeros presupuestos de D. Raimundo Villaverde. Este se ocupó con el empeño vehemente de su eficaz voluntad en reforzar los ingresos, pero sus compañeros de Gabinete no le ayudaron á la nivelación convenientemente en los presupuestos parciales de sus departamentos respectivos, y la primera tentativa fracasó y hubo que retirar aquéllos para rehacerlos y presentarlos de nuevo á las Cortes. Hechos tales no son para repetidos. De manera que ahora, que no hay que ir al Congreso, ni al Senado, desde las dos de la tarde hasta las siete ó desde las tres hasta las ocho; que las horas de recepción en los ministerios pueden abreviarse, porque la mayor parte de los representantes del país han salido de la capital; que los cerebros están menos fatigados y más descansada la voluntad, es el período útil para la trascendental y patriótica tarea. Y si resulta corto hasta mediado de Abril, se le prolonga cuanto sea preciso; pues la nación puede pasarse una temporada sin asistir á las peleas de sus consabidos representantes; pero no puede quedar sin la regularización de su vida económica, que es lo que verdaderamente importa tratar en las Cortes. MANUEL TROYANO C L CONVENIO MED 1 TERRA NEO ENTRE LAS NACIONES LATINAS T oma, 22 Marzo. De seguro no habrá pasado inadvertido en España un telegrama de M r Méville, corresponsal en Algeciras de L Echo de Parts, que afirmaba haber sido sentadas las bases de un tratado de alianza entre España, Italia, Francia y Portugal, tratado que completaba recíprocos compromisos con Inglaterra. Desgraciadamente, esta noticia, que tiene un fondo de verdad; no es absolutamente cierta. Y á este propósito creo que no carezca de interés el conocimiento de lo que es y lo que ha sido hasta hoy la situación diplomática de Italia por efecto de sus tratados y compromisos, respecto á los asuntos mediterráneos. Todo ello es historia, tal vez ignorada, que data de 1902. Garantizó la verdad, la exacti tud matemática de lo que voy á referir. Al ascender á las alturas del poder en 1901 el Gabinete Zanardelli, se encontró con que el ministro Sr. Yisconti- Yenosta había firmado un convenio con Francia respecto de los asuntos mediterráneos. En lo porvenir, Francia reconocía á Italia toda clase de derechos sobre Trípoli, é Italia, por su parte, reconocía la preferencia de los derechos de Francia sobre Marruecos. Los dos Estados contratantes se comprometían no sólo á no estorbarse mutuamente en sus respectivas esferas de influencia, sino á prestarse mutuo apoyo pacífico, cuando las dificultades que pudieran surgir en la ejecución del programa lo hicieran necesario. Pero como el convenio con Francia no podía ser eficaz sino se obtenía la adhesión de los demás Estados, el Ministerio Zanardelli- Prineti la gestionó con todo empeño. La primera adhesión que pudo lograrse fu? la de Inglaterra. El Gobierno británico, declarando que deseaba e mantenimiento del statv quo, reconocía que, llegado el caso, Italia tenis derecho á hacerNvaler la preferencia en sus in tereses legítimos en la Tripolítana y en la Cy renaica. Continuaron las negociaciones con nuestro; aliados los Imperios centrales, y hubo no pocas dificultades. Pero se acercaba el plazo de renovación de la Triple Alianza, que, en efecto, fue renovada en la primavera de 1902 por diez años, y esto facilitó considerablemente la? negociaciones para la adhesión al tratado ítalo francés. El Gobierno italiano logró que Aus tria y Alemania reconocieran aquel convenio, como ya lo había hecho Inglaterra. La cancillería berlinesa comunicó su forma! aceptación por conducto del embajador de Italia, conde de Lanza, en un protocolo en que se expresaba claramente las condiciones del convenio tanto resoecto á Trípoli como á Marruecos. Este convenio de 1902 aceptado por rancia, Inglaterra, Austria- y Alemania, ha sido el ubi consistam de Visconti- Venosta en Algeciras. Puedo añadir que cuando el rey Víctor Manuel III visitó la corte de Berlín, las personalidades más eminentes de la política y de la diplomacia alemanas, expresaron á nuestros estadistas la plena satisfacción del Emperador j de sus ministros por el convenio franco- italiano. que según sus propias palabras era el com plemento necesario de la Trip e Alianza. Desde entonces hasta hoy nada nuevo h ¡ocurrido que pueda modificar tal acuerdo, que los aliados de Italia deben respetar hasta 1912, fecha del vencimiento de la Triple Alianza y que fue estipulado sitie die con Francia ¿I n glaterra. ¡Y también con Españal- -me interrumpe alguien. Yo contesto: -Hasta aquí he referido la historia de hechos consumados. La interrupción puede referirse á un hecho muy de desear por todas las naciones latinas, pero que aún no pertenece á la historia de los hechos consumados. O por lo menos á la de los consumados oficialmente... Ds. F. FRANCHI MADRID AL DÍA 1 a jornada de ayer fue de oro para el campo; de oro también para las empresas de espectáculos bajo techado, y de desesperación para la villa que descansa y se divierte los días festivos Llovía si Dios tenía qué, y los qu más deploraban el temporal eran los apre ciables jóvenes del gremio de dependientes de ultramarinos, que desde ayer consiguieron el exacto cumplimiento de la ley del Descanso dominical cerrando las 15? ÍOSÍ DE QENOAS GEOGRÁFICAS SOOAIB