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A B C S Á B A D O 24 D E MARZO D E roo 6. P A G 4 E D I C I Ó N 1. Se denunció el hecho de estarse adoqui nando una calle con piedra vieja que se paga como nueva. Y así sucesivamente. ¿Cabe nada más pintoresco y ejemplar? Sí: la pachorra de este Juan Lanas de Madrid. Se observó ayer bastante marejada entre las cigarreras de la Fábrica de tabacos por estar disgustadas las. operarías que hacen las cajetillas de treinta céntimos, por la mala calidad del papel. Sólo por eso ¡oh, apreciables jóvenes! La opinión no os dará la razón más que á medias, porque considera que el papel es malo, cierto; pero que el tabaco es peor. También hubo revuelo entre arquitectos y estudiantes de Arquitectura. Lo del revuelo está dicho con propiedad, porque para dar con el origen hay que remontarse á respetables alturas. Finalmente, agitación y conato de huelga entre impresores. Por la noche dos estrenos, uno en Eslava, E recluía, que aun en estos tiempos de jurisdicción militar no gustó á la jurisdicción civil, y La taza de íé, en el Cómico, que si llega á ser de tila debería habérsela tomado la claque para calmar us indomables nervios. AEMECE mt tffm tes; y unos gallos que cantan valientes en la lejanía, y una voz que entona una canción melancólica cuando el d; ía apunta. ó cuando todas las cosas reposan en los mediodías estivales. Vemos nosotros todo esto en la Italia clásica. Y vemos nosotros también esos aristócratas fieros, audaces, dúctiles, altivos, temerarios, crueles, que llevan grabada en el corazón esta máxima de Maquiav elo: Deve perianto un principe non si curar delVinfamia di crudele. Vemos un mundo de pintores enamorados, apasionados de la vida, de las bellas formas, de las carnes tersas, de las cabelleras sedosas, de los bordados, de las sedas joyantes. Vemos á M i guel Ángel con su semblante atormentado y sus barbas cabrunas. Vemos á Rafael con su cuello de cisne y sus ojos rasgados. Vemos á esta desconocida esposa del Jocundo que pintó Leonardo con su sonrisa de misterio. Vemos á las mujeres ardorosas que retrató ron los senos desnudos Palma el Viejo, y á la hija del hornero por quien adoleció de amores S a n z i o U n país de a r d o r de energía, de placer, de lucha y de impiedad: este es el resumen de nuestras sensaciones sobre Italia en tales centurias. Un ilustre poeta, E d u a r d o M a r q u i n a ha querido llevar á la escena un trozo de esta vida. Y esta noche, en el teatro de la Princesa, se representa p o r vez primera su drama Benvenuio Cellini. AZORIN FIRMA DE S. M. A yer, con veinticuatro horas de retraso, se facilitó en el ministerio de Gracia y Justicia nota de los decretos firmados anteayer p o r S M el Rey. S o n los siguientes: N o m b r a n d o presidente de la Audiencia territorial de Barcelona á D Buenaventura M u ñoz; de la provincial de la misma, á D Ramón Rubio Juncosa; de Cáceres, á D Francisco Mifsut; de Guadalajara, á D Leopoldo L ó pez; de Zamora, á D Alberto Vela; de L o g r o ñ o á D Francisco Alcalde; de Huesca, á D Santiago N e v é de Badajoz, á D Valentín Escribano; de C ó r d o b a á D E d u a r d o Uribar r i y de Cuenca, á D Antonio Uriarte. Presidentes de Sala de la territorial de Barcelona, á D Vicente M a r t í n Cereceda y D M a r i a n o Enciso; de Palma, á D Manuel Jimeno; de Valladolid, á D Rafael Bermejo; de Valencia, á D E d u a r d o S e r r a n o Fiscales: de la provincial, de Barcelona, d o n Enrique Díaz Guijarro; de Pamplona, D J u a n T o l e d o de Albacete, D P e d r o Escobar; de Guadalajara, D Alberto Ripoll; de T a r r a g o na, D Juan Parriza; de L o g r o ñ o D Fidel Gante; de Vitoria, D Miguel Bobadilla; de San Sebastián, D Enrique Gotarredona; de Pontevedra, D José Román. Tenientes fiscales: de Barcelona, á D Carlos Toledano; de Las Palmas, á D Joaquín Sagaseta, y de Sevilla á D Francisco García Berdoy. Abogados fiscales: de M a d r i d á D Alejandro García del P o z o de Barcelona, á don Andrés Galindo y P a r d o D Constantino Bailester, D Manuel Suárer Martínez y don Segundo Fernández Arguelles. M a g i s t r a d o s de Barcelona, á D José Delg a d o D Carlos Miguel Lizana, D Luis Rubio, D Guillermo M a r í n D José Campoamor, D Miguel M a r í a Rivas, D G e r a r d o Parga, D Saturnino S a n c h o D Manuel Blanco, D Ángel Velasco, D Diego del Rio y Pinzón, D Federico Stern, D Vicente Creus, D Federico Serantes, D Antonio J Villanueva y D Faustino Ortega y A r n a l D e Valencia, D Francisco Lapoya; de Zaragoza, D Alfonso G r a n d e de B u r g o s D Vicente Agustín y Santandreu, y D G u mersindo Buján; de Sevilla, D Ángel de León; de Coruña, D Luis Salcedo, D J o s é Gadeo y D Jacmto C o r t! d e L o g r o n a don José López M o s q u e r a de C ó r d o b a D D a niel M o r c i l l o de T o l e d o D Carlos Sánchez, D Manuel Izquierdo y D Tomás Sanche Cañas; de Castellón, D Manuel M a r t í n e z D e Huelva, D Alejandro Rodríguez, don Diego Dávila y D Roque P i z a r r o de Badajoz, D Timoteo Silván; de Almería, D C a r los Valcárcel; de Soria, D Julio M a r t í n e z de Salamanca, D Francisco Martínez y d o n Manuel Gómez; de Almería, D Francisco Alvarez; de Orense, D Félix Jaraba; de León, D Vicente M e n é n d e z de Lérida, D Ignacio Valor; de Castellón, D P e d r o Zamora; de Vitoria, D E n r i q u e Robles. Jueces: en Barcelona, del distrito de la U n i versidad, D Manuel Ibáñez; del del Hospital, D Ramón Mazaña; de la Barceloneta, D P e d r o Vilsar; de la Lonja, D D o m i n g o G u e r r a de la Audiencia, D José Cátala; de la C o n cepción, D M a r i a n o Oiz; del Oeste, don Francisco Deschent; de Atarazanas, D Valentín Díaz; del S u r D Bernardo L o n g u é y del N o r t e D Vicente S Mánsüla. E n M a d r i d del distrito del C e n t r o D José López Díaz, y de la Universidad, D José Martínez M a r í n Real decreto aprobando la instrucción para la celebración de las subastas de obras y demás servicios á cargo de la dirección general de Prisiones. Y cinco decretos de indulto, entre los que figura uno conmutando por la pena de destie r r o la que le fué impuesta á Enrique B u r g o s autor del crimen del Bar de la calle de Alcalá. UN ESTRENO ó m o sentimos nosotros la Itaiia de Jos si g os X y XVI? ¿Qué vemos en este bello V pedazo del planeta, bañado p o r los mares M e diterráneo, Adriático y Jónico? Ante todo, nosotros vemos unas grandes ciudades, llenas de monumentos, bulliciosas, pintorescas, como Venecia, Florencia, Roma, Milán, Genova, Ñapóles; después nosotros atisbamos otras p e queñas ciudades, cuyos nombres n o son tan conocidos, como M a n t u a Parma, Cremona, Pavía, Verona, Novara, B é r g a m o Nosotros preferimos estas últimas; el turismo no las ha frecuentado tanto; la historia no se ha ocupado de ellas a) igual que de las otras; las guías no les dedican largas páginas; p e r o en ellas está ia fuerza, la esencia y el encanto de la hermosa tierra italiana. Y vemos nosotros en ellas unas callejuelas llenas de sol; unas callejuelas en que hay- -como en las de España- -unas sombras izulcs, en las horas ardientes, bajo los aleros d e los tejados y en los rincones; en las casas van y vienen unos hombres vestidos con trajes d e colores encendidos y unas mujeres que tienen unos ojos relampagueantes y unos movivimientos prestos; mil ruidos llenan la poblásión; entramos en un claro taller y charlamos con un buen artífice de mirada perspicaz, que se halla tramando una bella tela- -una de estas bellas telas que amaban el Tiziano, el Veronés, el T i n t o r e t t o- -ó que da el último toque con su lima á un maravilloso y áureo puño de espada; un pintor en otra casa y en otra ancha pieza, va poniendo sobre un lienzo unas bellas figuras de mujeres desnudas, espléndidas, que tendidas en un p r a d o entre unos árboles, escuchan voluptuosas el son que un músico saca de su vihuela; sobre un bufete, tal vez en una tercera casa, un joven de largas y sedosas guedejas, con un mostacho retorcido, escribe un sutil soneto de amor ó una página picaresca, que luego á la tarde, en sus paseos por las afueras con otros caballeros, ha de leer en alta y reposada voz bajo el cielo dulce del crepúsc u l o Y hay en estas diminutas ciudades- -también como en las de España- -unos hornos populares y rumorosos donde entran y salen á todas horas las comadres con sus tableros en Ja cabeza; y unas herrerías alegres, tintinean- LOS ESTRENOS p N E L C Ó M I C O La taza de ti, caríca tura japonesa en un acto y tres cuadros, libro de Abatí y T h o u s músic. i de Lleó Los S r e s Abatí, T h o u s y o t r o que se ha quedado en la primera caja, han hecho un intento muy estimable de zarzuela bufa y á mí rae parece francamente más digno de aplauso p r e tender ia resurrección de ese género, que seguir por el melodrama comprimido adelante; lo primero n o tiene pretensiones, se nos ofrece espontáneo, con un plausible deseo de alegrarnos las h o r a s lo segundo, sobre ser p r e suntuoso, enfunebrece nuestra vida, y á eso, ¡caramba! no hay derecho. i a taza de té, rebajando las exageradas p r o porciones que inoportunamente quiso darle la claque, aliviándola de algunos chistes q u e ay! invitan al dulce abucheo, y reduciéndola de medida, queda en condiciones para el aplauso; es pintoresca, entretiene, y en ocasiones es feli? y chistosa. N o es la Geisha, aunque se desarrolle el primer cuadro en una casa de t é único recuerd o que la obra de anoche puede d e s p e r t a r ni sus autores tomaron el empeño de hacer una obra de aquella importancia, ante t o d o p o r el carácter y ambiente de su música, es sencillamente un pretexto para exhibir lujosos, ricos kimonos- -aunque no tengan mucha propiedad que digamos- -vestuario espléndido y tres d e coraciones de M u r i e l ia última, sobre t o d o m iy notable. Las aventuras de un matrimonio español en T o k i o en busca de una taza de té para completar su vajilla, los amores de un príncipe japonés caricaturesco con una Geisha y otros incidentes constituyen el asunto de La taza de lé, que resulta muy cargadita, lo que n o es un defecto para el paladar del público del C ó m i c o La música de Lleó no tiene carácter oriental, sin duda, p o r q u e el joven y simpático maestro no se lo p r o p u s o para huir de posibles murmuraciones, p e r o es ágil, graciosa y ayudó al éxito, repitiéndose tres números. Ontiveros caracterizó con fortuna el príncipe T e t o c o y las S r t a s López M a r t í n e z F o n s M a n s o y A n d r é s como siempre, ma reantes de gracia y juncalerta. La S r a Traín