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í i íS s i? 4 íí Pf r WífP j W 5 v- ¿T r: r V- f SUSCRIPCIÓN PAGO ANTICIPADO ülliadrid, por cada mes, i,5 q peseta Provincias 5 pts. trimertrc. Trimestre: -P. ortu 6 fesetas. Unión Postal, 8. francos. J t httJ nifttracién 55, Sei- rano; 55. Madria N. -434. MADRID, MIÉRCOLES 51 DE. MARZO DE 1906 NUMERO SUELTO, CINCO CÉNTIMOS EN TODA ESPAÑA ABC á, precio fijo marcado: se li- quidan en un día. l n l l e d e l l i ad 2 5 I j c n t l a n e i i l i s t a i ü oQciaf Oaños práct. seofrece; dentads. 4 pts. diente. Enseña aspirantes sistema sin paladar; composturas en el acto. Hortaliza, 63 y 6. Ó, frente calle Gravina. e n e c e s i t a un maestro panadero. Informes: señor Cortés, Jacometrezo, 50. l.o a sacarina, el saloi y los 1 Jáuidos que contienen varios dentífricos son muynoci. vos al esmalte dentario. Kl U c o r d e l P o l o carece de substancias tan perjudiciales y se compone solamente de vegetciles. todos ellos completamente saludables y eficaces para los dientes y encías. 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Dan los eusKaros esos gritos durante las fiestas o para llamarse por la noche en la montaña, y especialmente para celebrar un suceso alegre y p r ó s p e r o una ventura imprevista, una gran caza ó una redada abundante en el agua de los r í o s Los contrabandistüs divertíanse con este juego de sus mayores; dalian ese grito para glorificar su empresa, llevada á feliz término, p o r necesidad física, desquitándose así del obügndo silencio de tantas horas. P e r o Ramuncho se quedó callado, sin sonreír siquier a T i l e s gritos le anonadan, le hielan, aunque le son conocidos de toda su vida; le sumergen en las meditaciones que tanto le ¡nquiet. in y que no acaban de aclararse distintas y sin confundirse. Después sintió aquella noche una vez más cuan incierto y mudable er: i su solo apoyo en el mundo, el apoyo de Arrakoa, al que tenía necesidad de considerar como á hermano; sus audiicias y sus éx tos en el juego de pelota trajéronle, sin duda, su cariño, pero una tontería, una nonada p o d í a llevárselo en un instante. Y entonces le pareció u e In esperanza de su vida no tenía ya base, que todo sf. desvanecía como una inconsistente quimera IX Era la noche de San Silvestre. T o d o el diu habíase visto ese cielo sombrío que con tanta frecuencia es el del país vasco y que concuerda tan bien con las ásperas montañas, y la mar rugiente y alborotada, allá ab ijo, en el fondo del Golfo de Vizcaya. U n a gran ansiedad, una angustia mortal le a h o g a ¿Qué va á hacer ahora... Esta es una nueva complicación; es preciso o b r a r sin un g r i t o de socorro, sin un uido, porque á lo largo de la costa, que parece un país vacío, sólo por las tinieblas lleno, hay carabineros escalonados en interminable cordón, que velan todas las n o ches en la raya española como sobre tierra p r o h i b i d a Trata de apoyarse en el fondo con uno de los remos larg o s con objeto de volver hacía atrás, pero ya no se toca el fondo, no se encuentra más que la inconsistencia del agua negra que huye, la profundidad es muy g r a n d e ¡A r e mar, cueste lo que cuestel... j N o hay o t r o remedio Con gran trabajo, con el sudor en la frente, llevó él solo, contra corriente, la lancha pesada, inqujeta á cada golpe d e remo, producidor d e un chirrido que desde allá abajo podría percibir un oído a g u d o N o se distinguía nada á través de la lluvia espesa que empaña los ojos; t o d o estaba n e g r o negro como las entrañas de la tierra donde el diablo mora. Ramuncho no reconoció ya el punto de partida donde deben esperar los amigos, cuya desgracia tal vez habrá causado; duda, se detiene, con el oído atento, la respiración anhelante, y se acerca pegándose á ella, para reflexionar, á una barca grande española... A l g o se aproxima, deslizándose con infinitas precauciones por la superficie del agua, apenas removida: una sombra humana, mejor dicho, una silueta, de pie- -un contrabandista, seguramente, puesto que no mete ningún r u i d o -U n o y o t r o se reconocieron, se adivinaron. Gracias á DiosI es A r r a k o a Arrakoa que desató un bote español, ligero y frágil, para ir en busca del a m i g o tCl encuentro de ambos probablemente salvó á todosl P e r o A r r a k o a al llegar, profiere con voz sorda y rabiosa, con voz que sale apenas de entre sus dientes de felino, una serie de iniurias que reclaman ínniediata r é-