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SEAÑO CUATRO. NUM. 43o. CRÓNICA UNIVERSAL ILUSTRADA. MADRID, íy DE MARZO DE 1906. NÚMERO SUELTO, 5 CÉNTIMOS como quiera que todos los hombres políticos, que en sus distritos, circunscripciones ó provincias tienen puebJos, que piden socorros con más ó menos razón, hacen la inevitable presión sobre el Gobierno quien con tan poderosa causa ha de verse negro para seleccionar los que habrán de ser socorridos. Este pordioseo nunca podrá tener fin; lejos de ello irá en creciente aterrador por todo el ámbito nacional. Es bastante más grave que las forzosas incorrecciones legales, que consigo traigan las condiciones de la obra. Sólo hallará término en la grande empresa de fomentar con brío y con acierto el desarrollo de la riqueza. A esto habrá que ir seriamente, y cuanto antes. De otro modo, se gastará el tiempo y la paciencia en adquirir vicios de pereza, que acabarán por producir incalculable daño. AUmiéi TRO YANO de Madrid, especialmente en los barrios bajos. El vals de las sombras fuera de Eslava. AEMECE CRÓNICA POLÍTICA e se trató R ESONANCIA DEL A ye! r Senado la LAMENTO en cuestión del crédito de dos millones de pesetas para los hambrientos trabajadores de Andalucía. El voto particular dei conservador Sr. Alvarez Guijarro fue discutido y votado. A pesar de que los conservadores se consideran más dueños de la situación en el Senado que en cualquier otra parte, la mayoría reunió casi el doble número de votos que la derecha monárquica. Dejando aparte lo que se dijo por el Sr. Alvarez Guijarro, sobre la manera de pedirse y de emplearse- esos créditos; asunto sobre el cual los conservadores es natural que ejerzan su acción fiscal izadora, exagerándola para demostrar que tam bien conservan con cuidado los hábitos mentales de la raza, hay en el fondo del asunto algo que merece especial estudio. El ministro de Fomento, al contestar al orador de la derecha, dijo y dijo bien que el problema presenta dos aspectos: el de la urgente necesidad de atender á la opresora miseria, de ponerle algún remedio, aun cuando sólo sea con carácter de lenitivo, y el trabajo de cegar esa fuente de perturbaciones y de males con una labor honda y seria, de resultados fecundos en lo porvenir. Esto es indudablemente lo seguro; pero exige preparación. La labor de actualidad requiere, en cambio, mucha circunspección, muchos cuidados, para que el remedio no venga á ser peor que la enfermedad. Como socorro lleva el Estado sus recursos á las comarcas azotadas por el hambre; pero ¿qué provincia española no tendrá hoy un rincón castigado por semejante calamidad? Y ¿dónde hallará el Tesoro público recursos para atender á todos? Seguramente hay regiones más castigadas que otras; pero cada cual se cree la más infeliz. Además, ya se atiene cada una al refrán que dice rrel que no llora no mama y los gritos llegan al cielo, y llegarán más de día en día. B Por otra parte, la tendencia á convertirlo todo en asilo es ingénita en la mayor parte de la Península. El Estado convertido en el hermano Melitón del drama inmortal del duque de Rivas, no hallará dinero suficiente para tamaña empresa. Los pedigüeños serán más que las monedas, y pronto se verá aquél precisado á dar á los pobres con el cazo, como el lego, haciendo mucho más daño. Es, pues, muy ardua la tarea que tiene sobre sus hombros. De una parte, no debe negarse al auxilio de las comarcas indigentes de verdad, y de otra tiene que evitar que los obreros mendicantes vengan sobre él como nubes de moscas. Y IMPRESIONES PARLAMENTARIAS A ÑORANZAS. Poco vamos i decir hoy; haciendo este hermoso tiempo que hace, tenemos que realizar un verdadero, un titánico esfuerzo para encaminar nuestros pasos hacia d famoso templo de 1 as leyes. Ayer, cuando penetramos en aquel recinto, no había apenas aún en él representantes del país; dimos unos paseos por los corredores y cambiamos unas ligeras palabras con Jos d tres amigos. Poco á poco fueron llegando más diputados; á las tres y cuarto ó tres y media, el presidente hizo sonar los timbres y penetró en el salón de sesiones. Y comenzó á hablar desde el banco azul un señor más bien bajo que alto, con una barba como todas las barbas, y con una rosada calva como- todas las calvas, rosadas. Sí habéis sido estudiantes; si habéis estudiado el Derecho; si por las mañanas (no todas las mañanas) habéis ido á lo largo de unas callejuelas que conducen hacía el viejo edificio de una Universidad, ¿no habéis sentido alguna vez un peso extraño en vuestras manos? ¿No provenía este peso de un recio, formidable volumen que vosotros llevabais? ¿Y no os ha dado la idea, algunas veces, muchas veces, de entrar en un pequeño billar (mucho más agradable que la vieja Universidad) y de hacer correr locamente sobre el verde paño las blancas bolas? Y si os ha sucedido esto, ¿no habéis dado in mente al diablo este- grueso libro que os molestaba un tanto, que habéis tenido que dejar sobre una silla, al lado de la caja de las bolas y de un trapo para limpiar una diminuta pizarra, y que luego acabado el deporte y cuando os marcháis á tomar el sol, sin acordaros de la vieja Universidad, os vuelve á molestar y á pesar terriblemente en vuestras manos? Pues yo quiero deciros la verdad: este señor afable, discreto, bondadoso, que ayer hablaba largamente en la Cámara, es el autor de este libro que evoca en nosotros tales añoranzas; ya la amargura suave que entonces experimentábamos al encontrarnos por las mañanas con este libro en 3 a mano, sin saber qué hacer de él, ha desaparecido; ya sabemos que este señor escribió este libro sin ánimo ninguno de molestarnos; ya sabemos también que él no da ninguna importancia á este libro; y ya, finalmente, llegamos á sospechar que si á este señor se le pusiera en el trance, verdaderamente absurdo, de decir que este libro no era de él, sino de otros cualesquiera tratadistas de la misma materia, él, lleno de bondad, lleno de transigencia, no tendría inconveniente en prestarse á tal confesión fantástica. ¿No es todo esto bastante para que nosotros escucháramos con una grande, con una profunda simpatía, al señor que desde el banco azul lanzaba un tenue, un discreto discurso al comenzar Ja sesión de la Cámara? Y este fue el cordial que nos consoló un tanto del cielo radiante, del ambiente tibio, del campo soleado, de las lejanías azules, que nosotros, encerrados en el ámbito del Congreso, no podíamos gozar. Dimos otras- vueltas por los pasillos. ¿No ocurre nada? preguntaba- MADRID AL DÍA I a primavera ha dado un paso de avance digno de gratitud, si Marzo no vuelve el rabo como dicen los agricultores. El día de ayer fue propio de Mayo. Por la mañana hubo manifestación oi rera ante el ministerio de Fomento. Gente sin trabajo acudió eti demanda de él. No se explica la exigencia. Cuando fracasó la ya desde el verano fracasada Gran Vía, iban á emprenderse no sabe- -mos cuántas obras públicas: la nueva casa de Correos, la demolición del cuartel del Rosario, la construcción de caminos, etc. ¿Qué prisas son las de esa gente sin trabajo que no se contenta con esperanzas? Acaso sientan hambre; pero como no la sienten nuestras excelsas autoridades, aguántense, que en cambio, de eJJas será el reino de Jos cielos. En el Congreso hubo desanimación completa. Con la retirada de ¡os republicanos, de los catalanistas y de lostradicionalistas, aquella casa va camino de ostentar pronto en sus ventanas los papeles de se alquila. La Corporación municipal celebró ani- N mada y pintoresca sesión. En ella se dijo, entre otras cosas, que existen en Madrid 38 casas, dentro de las cuales viven 53.O0O personas. A cualquier cosa llaman vivir estos ediles tan amantes de la vida. Las golondrinas hicieron su aparición en Madrid, anunciando, juntamente con la desaparición de las minorías del Congreso, buen tiempo. De Algeciras anunciaron que sigue sonando la de vamonos. De Barcelona, que llegaron los diputados catalanistas y hubo sardana por las calles. Por la noche siguió á obscuras parre