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A B C. VIERNES 16 DE MARZO DE 1006. PAG. 6. EDICIÓN i. Los dos espiritistas e presentaron á dos espiritistas en una reunión muy mundana, donde se habló de! Ugestión, de espiritismo y de otras ciencias acuitas. Uno de estos señores era médico. El otro era su médium. Se acercó á mí el médico y me dijo en voz- ¿Quiere usted hacer un experimento? Convide usted á comer á mí médium mañana, á las siete, en casa de Vóisin. Apenas hubo pronunciado estas patabras, atravesó el médium todo el salón con paso rígido y me dijo, mirándome fijamente: -Acaba usted de convidarme á comer mañana, en casa de Voisin, á las siete. Bizqueó de un modo terrible, y como arrastrado por irresistible influjo, añadió: -Acepto- -También iré yo- -dijo el médico, -y verá usted cosas curiosas. Al día siguiente, á las siete, fui á ia cita. M e aguardaban ya los dos espiritistas. Ei médium, algo pálido, parecía cansado. -Su poco apetito me preocupa- -afirmó el médico. -Es necesario que coma mucho, porque se cansa mucho. Tendré que comer más que de costumbre para darle el ejemplo. Luego redactó una lista de platos especiales que favorecerían, según é! el desarrollo del fluido magnético: langosta á la americana, solomillo al madera, perdices trufadas, ensalada usa y otras menudencias. -Sobre todo- -me dijo, -nada de patatas cocidas, nada de carne del puchero. Arabas cosas son enemigas del fluido. Pedí lo indicado y pronto tuve el gusto de vet que el médico tenía razón. Con e ¡ejemplo que daba y con la sabia elección de los manjares, se consiguió que el médium repitiera de. cada plato. Al llegar á los postres, el médico se levantó y llevándome á un rincón, me dijo misteriosamente: -Va usted á presenciar un experimento muy curioso. Mande usted traer una ó dos botellas de Borgoña. Trajeron vino del de veinte francos la botelía; ¡o probé y lo encontré excelente. cuarto donde estábamos, el mostrador, el mozo y hasta el techo. día, que nunca puede conmovernos nJ apenas interesarnos. La misma verdad me obliga á poner en prfmer término la acertada vts cómica que al personaje de Pichardo imprimió Santiago, pues Ferriando Díaz de Mendoza, tan aplaudido por mí en otras ocasiones, ¡imitóse á la reproducción del héroe de La Musa loca, D Abel Secano. Los demás, excepción hecha de Mariano Díaz de Mendoza, que supo vivir el desahogado Momo, no tuvieron ó no encontraron ocasión de hacerse dignos á nuestro recuerdo. FLORIDOR OMED 1 A. La retreta, comedia dramáti ca de Franz Ad? m Beyerlein, arreglada del alemán por los Sres. Brcuta y Quirós. Se trata de un conflicto trágico entre las pasiones humanas y el principio de autoridad. Rosler, antiguo marechal des logis (en España este cargo no tiene equivalente, ni casi traducción; pudiéramos llamarle sargento furriel) es muy apreciado por sus jefes. Ha consagrado su vida al regimiento. Su hija Clara ha sido seducida por el oficial Lauffer. Rosler no acierta á comprender cuál es su deber. Después de treinta años de venerar á los oficiales, uno de sUos le deshonra. Decide vengarse. Maísría al seductor, pero no puede, no debe atentar contra un hombre que lleva galones. Está tan acostumbrado á obedecer, á inclinarse ante el superior, que el arma se le cae de la mano. Mataría 2 su hija antes que intentar el castigo del verdadero culpable. El drama realmente e- mpíeza con la llegada del cabo Miler, que ha pasado dos años en una escuela militar, y que era antes de partir el no vio, casi el prometido de Clara. Cuando vuelve y sabe qus ésta renuncia al matrimonio, quiere saber la causa de desvío tan repentino. Espía á Clara y la sorprende en el cuarto del teniente Lauffer El sargento, celoso y burlado, ultraja y amenaza á su superior, que le da un golpe con el sable y le reduce á prisión. Miler comparece ante un Consejo de guerra. Lauffer no quiere dar ninguna explicación. Miler, para no perder á Clara, tampoco explica el motivo de su insubordinación. El infeliz acusado será castigado severamente. Clara no quiere echar sobre sü conciencia este nuevo crimen, y se presenta ante el tribuna! diciendo la verdad. Finalmente, cuando el padre va á matar á Lauffer, Clara le confiesa que no fue seducida; fue ella la que se entregó. Y el padre la mata. La refreía gustó. El público vio que además de la fábula interesante hay algo que personifica el viejo sargento: el culto á la autoridad, y algo que simboliza el joven Miler: la influencia de ia doctrina socialista inoculada ya hasta en los cuarteles alemanes. El segundo acto gustó mucho. El telón se levantó dos veces y los actores recibieron el premio de su labor ¡a de los traductores deja bastante que desear, literariamente hablando) El tercer acto imptesionó mucho. El Consejo de guerra está admirablemente trazado. Los aplausos fueron más persistentes. El cuarto acto fue acogido con menos calor. N o sabemos si los autores se han atenido al texto alemán. De la traducción francesa se han apartado, especialmente en el final de los actos tercero y cuarto. De los intérpretes, merece preferente lugar la Sra. Pino, única mujer que trabaja en la obra. Interpretó á conciencia el pape! de Clara. Borras, muy bien en el último acto. Discretamente los demás actores. La obra muy bien puesta en escena. Los uniformes, auténticos de toda autenticidad La retreta es obra que debe ver todo el rautido, si queda gusto en Madrid. -C. Cuando salimos, el médico y su médium estaban de tal modo bajo! a influencia de los espíritus que iban tropezando contra las paredes, desde donde otros espíritus malignos los rechazaban obstinadamente hacia el arroyo. TRISTAN BERNARD I v A BODÁ D TjáTPR NCESA. VICTORIA POR TELÉGRAFO Londres, i 5 9 n. Contestando á una pregunta que se le había dirigido sobre el particular, el cancillet del Echiquier declaró en la Cámara de los Comunes que no se trataba de presentar á la Cámara petición alguna de crédito para ofrecer un regalo á la princesa Victoria de Battenberg, con ocasión de su casamiento. Huelga de carpinteros POR TELÉGRAFO arín, i 5 6 t. Los obreros carpinteros, cumpliendo el acuerdo adoptado en reunión que celebraron ayer, no han acudido hoy al trabajo por haberse negado los maestros á aumentarles el jornal. -7 iai. Equivocación funesta POR TELÉGRAFO l Ferrol, ¡5 1 1 n. Un rico labrador de esta ciudad, llamado Nemesio Rey, creyendo tomar unos polvos que le había recetado su médico, ingirió arsénico que tenía para matar ratones, y falleció entre terribles dolores. Su muerte ha sido sentidísima, pues era persona de excelentes dotes personales y socorría con esplendidez á los vecinos pobres. E E médico llenó su vaso, llenó también el vaso del médium y dijo con voz imperiosa: -Esto es vinagre, bébalo usted. El médium se echó al coleto el contenido del vaso, é hizo una horrible mueca. Se repitió tres ó cuatro veces la prueba y siempre se consiguió la misma mueca. -Podría intentar el experimento contratío- -dijo el médico, -darle vinagre, haciéndole creer que se trata de un excelente Borgoña, pero no me atrevo, porque anda mal del estómago. Trajeron licores, y el médium, sugestionado por el médico, tuvo aberraciones extrañas. Confundió el gin con el curajao, el cognac con el anisado, e ¡kumme! con la ginebra, la chartreuse verde con la amarilla y viceversa. Hasta cogió varias vec s mi vaso, confundiéndole con el suyo y bebió su contenido. Luego afirmó que una mesa, dos mesas, tres mesas, daban vueltas, no solamente ias mesas, tambiVn el LÓS STREÍÍbs E ENdo L ESPAÑOL. Beneficio de FernanDíaz de Mendoza. Estreno de La casa de García, comedia en tres actos, original de los hermanos Alvarez Quintero. Prueba bien elocuente y justificada de lo mucho que el público estima á los ingeniosos escritores sevillanos, la dio anoche, ¡imitándose á rechazar de modo cortés La casa de García, sin exteriorizar más visiblemente su protesta. Sólo en los apuntes sainetescos, en las frases felices, el auditorio rió, como siempre, el donaire de los autores de Pepita Jueyes; pero ni por un momento le interesó la comedia que en su entraña nos trae á la memoria, Come le foglie, ¡a obra capital de Qiacosa, Duéleme, dado el afecto que Jos felices escritores sevillanos me inspiran, ser cronista de la verdad; pero yo debo decir que La casa de García es una lamentable equivocación, y equivocación que nace del pensamiento matriz de la come-