Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C V I E R N E S 16 D E M A R Z O D E 1906. PAG. 4. EDICIÓN i. a guardamos nosotros celosamente nuestros hábitos provincianos y nos place el comer á esta hora. Y así lo hemos hecho; excusamos decir que hemos comido despacio y sosegadamente. Dice Montaigne en alguna parte que así como hay maestros que enseñan á leer, debía haberlos también que enseñasen á comer; nada más acertado; el comer es una de las operaciones más importantes y difíciles; de la precipitación y del descuido con que se suele hacer, proceden mil males, morbos y dolores. Escribiríamos largamente sobre esto y aportaríamos multitud de detalles de propia experiencia; pero nos falta el espacio y el tiempo y nos vemos obligados á pasar á otra cosa. Después del yantar meridiano ha corrido un breve lapso de tiempo que hemos empleado en una amena charla con estos ó los otros amigos; y la hora de dirigirnos á la Cámara popular se ha aproximado. No ha ocurrido nada en esta Cámara popular; entrábamos y salíamos en la tribuna; dábamos mil vueltas y revueltas por los pasillos y por los salones; nos encontrábamos cada dos minutos á las mismas personas con quienes acabábamos de hablar. Todos estábamos aburridos; todos hubiéramos deseado estar en otra parte, y sin embargo, todos estábamos allí, sin saber qué hacer, llenos de tedio. Al cabo nosotros nos hemos zafado de este templo de las leyes y no? hemos marchado á pasear. Nosotros somos terriblemente peripatéticos; nos interesa mucho más lo que pasa en la calle que Jo que dicen los libros. Y cuando nos hemos cansado de caminar y de charlar con los amigos con quienes tropezábamos, hemos procurado volver sobre nuestros pasos para buscar la cena. La jornada ha terminado asistiendo á un estreno... Esto es lo que nosotros hemos hecho en el día de ayer y hacemos poco más ó menos todos los días. Nada más sencillo. a Yo me despierto todas las mañanas con un deseo secreto de ver la luz- -decía en su autorretrato el gran parlamentario Montesquieu; -yo veo la luz con una especie de delicia, y todo el resto del día estoy contento. Yo paso la noche sin despertarme, y cuando voy á la cama, un cierto sopor me impide el hacer reflexiones. sonas de mi trato diario. ¿Quién es San Expedito? les preguntaba. ¿San Expedito... No lo conozco, me respondían todos. Entonces tuve que resignarme á recorrer bibliotecas, á hojear libros y á consultar á las autoridades en esta materia, y así logré saber al fin algo. Lo que averigüé no fue gran cosa. Supe que el Santo, objeto de la draconiana medida, se venera en Italia, que está en una ermita mal construida y peor revocada, situada casi en medio de! campo desolado. La imagen del Santo dicen que es menos que mediana, aunque el rostro tiene una expresión franca y leal. En la ermita no abundan las ofrendas, y las pocas que existen son de plata, apenas visibles por la tenue luz de dos cirios, constantemente encendidos, sobre un pequeño aliar de madera carcomida. Este San Expedito parece ser que es el abogado de los pedigüeños impacientes. Impaciente también el Santo, parece ser que prefería las cosas hechas de prisa, así de golpe y porrazo, y prestaba más atención á los ruegos apenas formulados, que á las interminables salmodias de los devotos. Dicen que con sólo abrir la boca, ¡zas! la gracia era concedida ó el milagro consumado. Esta espléndida cualidad de San Expedito, que, aunque choque á los ortodoxos, tengo por muy recomendable, había llegado á desagradar bastante á los cardenales de la Congregación de los Ritos, que debieron raciocinar, poco más ó menos, así: Si para conseguir aquí, en la tierra, de los simples y míseros mortales la más pequeña cosa, hay que librar verdaderos asaltos y volver á la carga pacientemente una porción de veces, ya se trate de un mal empleo, de un préstamo amistoso ó de cualquier otra cosa, ¿no deben ser mucho mayores nuestros afanes y fatigas cuando queramos obtener de! cielo alguna gracia, por leve que sea... ó del amigo Barraquí la traducción de uno de esos hermosos libros que publica el todopoderoso Garnier, que nos permita pagar el terme? Además, había otra razón más y muy especial para esa inquina contra el solícito San Expedito. Todos los mortales, en mayor ó menor medida cada uno, sabedores por experiencia de lo inútiles que son para mover el ánimo las buenas palabras y las promesas, tratamos siempre de apoyar nuestras demandas con dones ó recuerdos convenientes. Y ¿qué sucedía con San Expedito? Simplemente esto: que seguros de obtener de él lo que se deseaba con sólo abrir la boca, los devotos no le hacían nunca ofrenda alguna, ó si llegaban, ¡cosa rara! á tener tiempo de formular una promesa antes de que les cayera en las manos lo que pedían, nunca se acordaban después de cumplir lo prometido. De modo que un buen día los cardenales de la Congregación de los Ritos lanzaron un decreto borrando á San Expedito de la larga lista hagiológíca y prohibiendo á los que habían sido devotos del infortunado Santo que volvieran á dirigirle preces de ninguna especie. Ya lo saben los políticos impacientes: inútil es dirigir ya votos á San Expedito; el generoso Santo ha sido destituido... ¡Qué lástima no haberlo sabido á tiempo! -dirá entristecido Maura. ¡Vaya una noveniía que se ha perdido San Expedito! F M ORA GACETJLLA RIMADA. COPLAS DEL VJERNES Los demócratas actuales cuentan en todo momento con Jos aplausos de Maura... ¡Que les haga buen provecho! Se retiró Salmerón con toda la minoría, pero volverá al Salón, porque la revolución la deja para otro día. Mi amigo Jacinto March ¡si será el pobre infeliz! toma en serio á Tatienbacb y á Revoil y á Rado vit Vi en las Cortes, escriío con yeso, un letrero de rasgos muy finos que decía: Se alquila un Congreso sucursal de los Cuatro Caminos. Noticia que es fatal y h? cc reír: En Sevilla hay personas dos ó tres, que de balde se prestan á oprimir la garganta á Lopera y al Trances... Horrible el crimen fue, pero aún lo es más, de los reos la triste situación... ¡Doce penas de muerte... y además, que ¡es mate un verdugo de afición! Se marchó la forastera y ha estado muy mal, Facunda que á una mujer de primera, la hagan fiestas de segunda. A un hombre detuvieron anteayer, y vieron con asombro natura! que aunque hombre parecía, era muicr. ¡Lo mismo que el partido liberal! f Una pata tengo aquí y otra tengo en el iejao, ya ves, dijo don Melquíades, si estoy bien espalarrao. Sigue Atoret tan campante; sigue Maura tan bendito, y siguen todos los pueblos con su miaja de apetito. No hay dinero y sooran males, ¿mas, quién por eilos se aflige... Cuando no haya aquí dos reales, exportaremos postales con pensamientos de Aldije. Luis DE TAPIA AZOR 1 N POSTALES EUROPEAS SANTO D E S- Un proverbio itaCAL 1 F 1 CADO liano reza: Juega con los soldados, pero deja en paz á los santos. Gran respeto merecen, en efecto, los santos, dado su carácter augusto de intermediarios propiciatorios. Pero el Santo de que voy á hablaros aquí no es ya un santo propiamente dicho, porque después de docto y maduro examen, la Congregación de los Ritos ha resuelto descalificarlo. ¿Acaso se le acusa de incapacidad para el cargo, de infidencia, de mala voluntad tal vez... Al contrario, parece ser que su desgracia proviene de un gran exceso de celo. Y no hay apelación posible; el pobre San Expedito tendrá que abandonar el sitial en que los mortales le habían colocado, para ir á confundirse humildemente con la multitud de bienaventurados sin título que pueblan! as celestiales esferas. Confieso ingenuamente que antes de producirse este hecho yo no he tenido nunca el placer de conocer á San Expedito ni aun de nombre, y la verdad es que á no haber sido por el alboroto que ha producido esa revolución- -de que los buenos devotos partidarios del infortunado Santo han protestado enérgicamente, -yo estaría aún en las mismas. Esto me ha obligado á averiguar los antecedentes del infortunado varón. Al principio traté de sa iv del paso pidiendo informes á las per- UN L A N C E PERSONAL jC n una finca de D León Broutín, maestro de esgrima, se congregaron á primera hora de la mañana de ayer los Sres. Qtieípo, oficia! de Caballería, y Campomanes, comandante de la misma Arma, en representación de! teniente coronel de Infantería D Miguel Primo de Rivera; y D. José Cánovas y D. Ignacio Santillán, en la de D. Rodrigo Soriano, para ventilar una cuestión de honor. Asistieron los médicos Fatás y Semprún y amigos de los interesados Avmiñán, Cvistino Marios, Saárez de Figueroa, Bores, FontaI AS FIESTAS Dfí LA Ml- CA- gud, Duro, Gatería, Castro y Hermoso. Los Sres. Primo de Rivera y Soriano, pro REME EN PAR 3 S Nuestro querido colega La Correspondencia baron á todo juego la espada francesa con de España, ha organizado, con el concurso de punta y filo, y en el primer asalto, á un quite la sociedad Los viajes prácticos, una expedi- del Sr. Primo de Rivera, el arma ds su adverción á París con objeto de que sus abonados sario le rozó el carrillo derecho, recibiendo puedan presenciar las próximas fiestas de la después un ligero puntazo en la tetilla. Reconocido por los facultativos, manifestaMi- Caréme en París, que este año revestirán excepcional solemnidad, á precios y en condi- ron éstos que podía continuar la prueba. En el segundo asalto el Sr. Primo de Riveciones sumamente beneficiosas. Son de estimar y merecen caluroso elogio ra hirió al Sr. Soriano en la mano derecha, las iniciativas de! copular diario de! a noche. interesándole un tendón, causa que, á icio de