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ABC. MIÉRCOLES 14 DE MARZO DE 1006. PAG. 5. EDICIÓN 1 Largo rato ha durado esta situación en la Cámara; al cabo se ha apaciguado un poco el tumulto y el señor presidente ha podido decir: La presidencia ha declarado terminado este incidente; si algún señor diputado no está conforme, puede presentar un voto de censura Grandes aplausos han seguido á estas palabras: estaba por decisión de la presidencia acabado el incidente; era preciso que la Cámara pasara á otro asunto. Y aquí comienza la parte patética, trágica, de la obra. Un señor secretario, en virtud de la decisión presidencial, se ha puesto á leer un documento parlamentario- Y no ha podido avanzar mucho en su lectura: los diputados republicanos gritaban exaltados, golpeaban sus pupitres; de pie, el Sr. Salmerón, extendía sus manos hacia la presidencia, con gesto suave, como hombre que está muy seguro de sí, é intentaba hablar. N o le concedía, sin embargo, el presidente la palabra al vocero de la minoría republicana. El incidente estaba terminado; había negado la presidencia la palabra á otros señores diputados. ¿Con qué derecho le iba á ser concedida al Sr. Salmerón? No existen dos clases de diputados en la Cámara: los modestos y los ilustres; todos son lo mismo. No existen tampoco dos reglamentos en el Congreso: uno para los altos y otro para los bajos. Continuaba protestando ruidosamente, con todo, la minoría republicana; permanecía en pie, extendiendo sus manos, como hombre que está seguro de sí mismo, el Sr. Salmerón; replicaban airados á los gritos de los republicanos, liberales y conservadores. ¡Orden, orden tocios! -gritaba el Sr, Canalejas. ¡Autoridad discutida no es autoridad! Resonaba una salva de aplausos y el tumulto tornaba á reproducirse. Y entonces hemos visto que el presidente de la Cámara se levantaba de su sitial; al observarlo los diputados, los aplausos han redoblado y repercutido en el salón durante largo rato. Y en tanto, el Sr. Canalejas, de pie junto á su sillón, alargaba los brazos hacia la Cámara y parecía indicar gratitud al propio tiempo que pedía que estas salvas atronadoras concluyesen. Después hemos visto que el Sr. Canalejas tornaba á sentarse en su sillón y comenzaba á hablar. ¡El presidente no puede conceder la palabra al Sr. Salmerónl- -exclamaba el Sr. Canalejas. ¡Queda terminado este incidente! Una voz- -la del Sr. Romeo- -grita: ¡Así se preside! y de nuevo se aplaude estrepitosamente... ha descendido lentamente y ha desaparecido. Y en los escaños republicanos ha quedado únicamente el Sr. Moya, sentado, mudo, impertérrito, con los b r a z o s cruzados sobre el pecho... Y cuando toda la minoría ha desaparecido el Sr. Canalejas grita: Yo he entendido así el cnmpli miento de mi deber. ¿Es un error? ¡No, no! replica la Cámara á coro. Y el señor Moret comienza á hablar. El señor presidente de la Cámara- -dice el orador- -ha cumplido con su deber; no le faltará nuestro apoyo. j ¡No hay otro camino! exclama vibrantemente el Sr. Maura. Y el drama acaba. Perdone el lector nuestras muchas faltas; si algo hemos puesto en nuestro relato es impersonalidad. La minoría republicana se ha retirado del Parlamento: no podrá decir á sus electores que ha sido por una cuestión honda, vital, grande, que afecta á la vida y al bienestar del pueblo. AZOÍUN IMPRESIONES PARLAMENTARIAS A L AVENT 1 NO. Habían hablado ya va ríos señores diputados y la sesión se deslizaba monótona, cuando el Sr. Muro se ha puesto en píe y ha dicho: Señores diputados: ayer... Inmediatamente, como si saltase un depósito de materia inflamable, el ambiente de la Cámara se ha enardecido. ¡Pido la palabra! ha gritado con voz vibrante el S i Soriano. ¡Pido la palabra! ha exclamado también el señor marqués de Cañada Honda. ¡Pido la palabra! ha voceado asimismo el Sr. Mataix. ¡Pido la palabra! ha reclamado á su vez el señor conde de San Luis. Se ha producido un clamoroso murmullo en el salón; una vez restablecida la calma, el Sr. Muro ha continuado hablando. Se refería el Sr. Muro al suceso del día anterior; pedía este diputado al presidente de la Cámara tres cosas: i. a que diese una versión exacta del incidente; 2. a que declarase q u e resoluciones había adoptado; 3. a que expresase qué concepto le merecía lo ocurrido. El señor presidente déla Cámara ha hablado á continuación para contestar al señor Muro; decía el señor presidente que se trataba ie un hecho acaecido á la vista de muchos diputados; que él había adoptado sus resoluciones, y que en este caso no podía ser cuestión uno de aprobar ó condenar la conducta del presidente ¿Me pregunta el Sr. Muro- -proseguía el Sr. Canalejas- -qué juicio me merece el hecho? ¡Yo condeno la violencia- -añadía; -aquí no es tolerable la violencia! Y luego agregaba el señor presidente: ¿Qué quiere el Sr. Muro que añada? ¿Qué quieren los señores diputados que han pedido la palabra? ¿Pretenden que yo autorice un debate que sólo sirva para excitar y encender las discordias? ¡Cualquiera que hable aquí no podrá hacerlo sino para censurar al presidente! Si el señor Muro encuentra algo censurable en la conduct a del presidente, el presidente tratará de justificarse. Y por lo tanto, fundándome en lo dicho, acuerdo no conceder la palabra á los señores que lo han solicitado. Este ha sido el prólogo del drama; el señor Muro ha pronunciado luego breves palabras manifestando su sentir de que el asunto debía ser llevado, no á la jurisdicción militar, sino á la ordinaria, y se ha puesto en pie á continuación el presidente del Consejo. Se ha producido un profundo silencio en todos los Jados de la Cámara. Permítame el señor presidente de la Cámara una palabra tan sólo- -ha dicho el Sr. Moret, -y es el que yo exprese la satisfacción con que el Gobierno ha oído las palabras del señor presidente. Un aplauso formidable, unánime, ha resonado en el salón; entre el ruido estruendoso de las palmas se ha comenzado á oir la voz del Sr. Soriano. Este señor diputado pedía insistentemente la palabra; daba fuertes campanillazos el señor presidente; se gritaba en los escaños liberales y conservadores. ¡Pido la palabra! tornaba á vocear el Sr. Soriano. ¡S. S. no puede desentonar! exclamaba el Sr. Canalejas haciendo esfuerzos tiiánicos para lograr que el Sr. Soriano no hablase. Las palabras del señor presidente se perdían en una baraúnda clamorosa de voces, protestas y golpazos. ¡No sabe S. S. lo que voy á decir! volvía á exclamar rojo, apoplético, el Sr. Soriano. ¡No, no- -replicaba con la misma exaltación el Sr. Canalejas; -no, no; la dignidad de S. S. no padece callando; su señoría no se somete! Y las voces, los golpes sobre los pupitres, los apostrofes de banco á banco volvían á atronar el salón. ¡Permítame S. S. l decía el diputado republicano. ¡Un ruego, un ruego del señor presidente! contestaba el Sr. Canalejas. ¡Permítame que h. ble! tornaba á gritar el Sr. Soriano. Y ni coro f o r m i d a b l e de voces respondía: ¡No, IIO! D... DOS RIÑAS A vila, i 3 4 t. Ha regresado á esta capital el Juzgado que fue á Colilla á instruir las primeras diligencias con motivo del crimen de que di cuenta en mi anterior telegrama. A consecuencia de aquél han ingresado en la cárcel Francisco y Hermenegildo Martín, Gregorio Herráez, Mariano Muñoz, Deogracias Hernández y Braulio Herranz. Todos niegan su participación en el hecho de autos. La riña fue originada porque uno de los agresores tenía celos del agredido, creyendo equivocadamente que éste pretendía á la mu chacha que sostenía con aquel relaciones amorosas. Otros afirman que ia riña nació de una cuestión sobre el aprovechamiento de pastos de una dehesa inmediata al pueblo. En el mismo pueblo y por una cuestión que tampoco se ha conseguido aclarar hasta ahora, riñeron anoche más de veinte individuos. De la reyerta resultó herido de gravedad Catalino Jiménez. -Mayoral. EL DÍA DE HOY CULTOS. Se saca ánima. Santos de hoy: SanLlegamos al final; mientras los aplausos an- tos León, obispo; Pedro, Afrodisio y Eutiquio, teriores repercutían en la sala, la minoría repu- mártires; Lubín, obispo y confesor; santa Matilde, blicana se removía enardecida, exaltada; hemos reina, y Florentina, virgen, y Beatos Leonardo observado que el Sr. Salmetón dudaba un Kimura y compañeros mártires. La Misa y Oficio divino son de Santa Florenmomento y que después cogía su sombrero y tina, con rito doble y color blanco. hacía. un ademán imperativo; en este punto han Se gana el Jubileo de las Cuarenta Horas en la comenzado á salir de los bancos algunos dipu- iglesia de las Calatravas. tados republicanos; el Sr. Salvatella hacía adeVisita de la Corte de María: Nuestra Señora del manes enérgicos de que saliesen todos; gritaba Destierro, en San Martín, ó de ios Arquitectos, con voz estentórea el Sr. Soriano ¡viva la re- en Sao Sebastián. TIEMPO. Probable: Despejado. púbJica! se ponía de p, z, en masa, toda la CáLa temperatura en Madrid en las últimas veinmara y se contestaba á estos gritos con otros de ¡viva el T ey! La confusión y la gritería ticuatro horas, ha sido: Máxima, 16,8 grados. Mi eran atronadores; todos los diputados republi- nima, 3. Invierno hasta el 21 del actual, que empieza la canos descendían de sus escaños y desfilaban Primavera. hacia la puerta. ¡Viva la república! voceaba el Sr. Moróte ai pie de la presidencia dirigiendo enérgicamente sus brazos hacia el señor BOLSAS DEL DÍA J 3 Canalejas. ¡Viva la república! tornaba á MADRID. Cierre. Interior contado, 81,55; gritar el Sr. Soriano encarándose con los confin servadores y golpeando el pupitre con un bas- fin de mes, 81,5o. 427. próíJmo 81,70. Amortizable, 99,95. Banco, Tabacos, 399. Azucaretón. ¡Viva el Rey! ¡Viva el Reyl contesta- ras ordinarias, 36,5o. Francos, i5,65. Libras, ban los monárquicos. Y poco á poco todos los 29,05. diputados republicanos han ¡do desapareciendo. Sigue el alza del Interior: en Barcelona cierra á Dos quedaban en los escaños: el Sr. Alvarez 81,90. Los demás valores reaccionan algo en baja, y el Sr. Moya. El Sr. Alvarez estaba de pie, menos las acciones del Banco, que todavía ganan inmóvil, silencioso; el ilustre orador habia per- medio entero. PARÍS. Cierre. Exterior, 95,10. Renta fran manecido impasible durante toda k algazara. Y ahora, el Sr. Alvarez, solo, inmóvil, parecía cesa, 99,85. Ruso, 4 por 100, 84,50. Turco, J, I5 Banco Central Méjico, 466. Banco de Méjico. dudar un momento; la Cámara le aplaudía 968. Nortes, 217. Zaragozas, 370. Goldfield, 119. viéndole inclinado á permanecer en su sitio; al Fuera del grupo español, que está en alza, la fin, el insigne tribuno ha cogido su sombrero, mayoría de los demás alores reacciona.