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A B C. MARTES i3 DE MARZO DE icr 6 Í de San Telmo formaba la guardia y ES tocaba la Marcha Real, podía creerbe todavía soberana. Después de pasar unos días en Sanlúcar, volvió á embarcar en el Francisco de ASÍS que la volvió á Inglaterra, á donde PAG. 7 RDIC 1O N 1. sus deseos desencadenados, bajo el dominio ne sus sentidos que aullan, en el último límit; d ¿su arte, cuando el amor y la muerte se mezclan y forman en su rostro un abismo de luces verdes, de fosforescencias amoratadas y de funerales reflejos; cuando su faz, ya descompuesta por los hipos últimos, sonríe aún al amado con sonrisa de otro mundo, la sensación del espectáculo es sobrehumana. Lo maravilloso entre lo maravilloso- -dice Claretie- -es ver sucumbir a la gbesha. Viéndola caer, Mounet Sully no pudo menos da ¡legó el 10 de Junio. El 24 de Marzo de 1866 murió en Inglaterra Matía Amelia, que había nacido en el palacio de Caserta el 26 de Abril de 1782. Estaba próxima á cumplir ios ochenta y cuatro años. Dos años antes de morir había tenido el consuelo de ver unidos por los lazos del matrimonio á sus nietos el conde de París y la infanta Isabel, hija de los duaues de Montpensier. -Los días que he pasado en Sevilla- -decía la viuda de Luis Felipe- -han sido los más felices de mi vida después del destierro y de la pérdida de mi adorado esposo. UN MADRILEÑO sían al claro de la luna oyendo cantar, en el fondo de sus propias almas, la eterna romanza del amor exclusivo. Y eran, en barquichuelos de bambús, en ríos de aguas blancas, piratas minúsculos que se abordan, que rugen, que luchan, que mueren. Y siempre, en todas partes, la divina Sadda. Ni Sarah, ni Réjane, ni la Duse, me produjeron nunca a misma sensación que esta muñeca pálida, que mira con ojos de felino amoroso y que gorjea una lengua para mí hermética. Vestida de ghesha, entre amplios pliegues TOROS ¡A CORRIDA D E ¡M i u r a y Muruve! M A Ñ A N A Dos g a n a d e r o s de gran prestigio entre los aficionados madrileños. Mígabeño, Lagartijo, JMachaqmto y Bienvenida, cuatro toreros de los que hoy parten el bacalao, tauromáquicamente hablando. Una corrida que tanto por los toreros como por los toros despierta general interés entre! os muchos aficionados que tiene la fiesta nacional. Este es el cartel de la corrida que mañana miércoles se celebrará en nuestra Plaza de toros. Nosotros irnos ayer tarde los ocho toros que han de lidiarse. Todos ellos están bien presentados y los ocho seguramente han de responder á las tradiciones de sus ganaderías. Miura, núm. 77, Colmenero; negro, zaino. 12. Javato; negro, mulato. i 24. Pelota; negro, bragao. 17. Garabato; negro, lombardo, algo chorreao. De Mtirtive: 13. Tortéetelo, negro. 24. Cervato, ídem. 58. Pies de lana, ídem. j 5. Goloso, ídem. Nuestros toros predilectos son: de Miura, el núm. ij, y de Muruve el 58, Sobre todo ti muruve. Y ahora á esperar lo que se traen los ocho animalitos. DON SILVERIO DOCTOR D MANUEL QUINTANA, PRESIDENTE DE LA REPÚ 3 LICA INA MUfcRTO AYER SF. GUN TELEGRAMAS RECIBIDOS EN EL DÍA DE GÓMEZ CARRILLO Fragmento de un estudio sobre Sada Yacco, de bbtro que publicará pronto Garmer con el título de De Martelle á Tok o. í K s una linterna mágica de horror, de terror, de encanto decíame Osear Wilde hace años, en París, al salir del teatro. Y luego, como alucinado por el espectáculo, me describía con frases febriles las escenas del drama. Y eran, en sus pinturas, bailadoras de amplios trajes rameados de oro, de verde, de rosa, blancas de rostro cual muñecas de porcelana, con ojos ojerosos y misteriosos, con manos exangües, moviéndose menudamente. Y eran guerreros envueltos en láminas de acero, erizados de sables, de puñales, de lanzas, con cascos en cuya cima los dragones fabulosos abren L- s fauces de espanto. Y eran, bajo los alménenos floridos, parejas melancólicas que se exta- de terciopelo negro sobre el cual los pájaros de oro abren las alas y los monstruos rojos se retuercen; s i e n d o mimosa, perversa, sutil; siendo coqueta sin ondulaciones, coqueta y hieratfca al mismo tiempo, mezcla de cortesana y de sarcedotisa y complaciéndose, sin sonreír, gi. iví cual un icono, entre sañudos amantes que se disputan á estocadas sus gracias, parece una encarnación de las pecadoras admirables que imaginó Goncourt contemplando las estampas de lítamaro. Y luego, ya desgreñada; luego, cuando la pasión cruel muerde, con ferocidad digna de los monstruos bordados en las mangas, su pobre alrm de vendedora de caricias; luego, cuando de la muñeca muerta surge, palpitante, la mujer celosa para vivir una epopeya de dolores, de penas y de angustias en un instante supremo, en un minuto de locura, de fiebre, de vértigo; luego, en el delirio de llorar, lleno de admiración, de espanto, de dolor. La flor humana, tan seductora; la amorosa, t ¿in ligera cuando baila, truécase en terrible mujer en sus instantes de furia celosa. Sus facciones se contraen. Dilíase una siniestra máscara de su país Grita con gritos roncos, singulares, parecidos á aullidos de gata salvaje. Su cabellera en desorden da á su rostro una expresión espantosa. Os digo que es admirable, más que admirable. Su muerte es su triunfo. Todo en su cuerpecillo- delicioso sufre, palpita, se retuerce. Su rostro todo agoniza, se descompone, se vuelve verde, pierde su carne nacarada, pierde su forma, pierde hasta su perfume. La atmósfera se impregna de olores insufribles de putrefacción. Una angustia infinita se apodera del público. Y queriendo huir del dolor del espectáculo, nuestras niñadas van á caer en el fondo