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A B C DOMINGO u DE MARZO DE iao PACL J 3 EDICIÓN i. La carta llegó á su destino. Desgraciadamente para Alemania, parece que el sultán de Marruecos considera al de Turquía como un musulmán de segundo orden, y desdeña ponerse en relación con él si no es por mediación del Cheik el Senoussi. Es, pues, dudoso, que la carta produzca el deseado efecto. T a opinión en Hungría. Budapest, 10, 9 m. La Prensa comenta ja Conferencia de Algeciras, comprobando! a aproximación de Alemania á los puntos efe vista de Francia, á consecuencia de la proposición rstro- húngara, Considérase arreglada la cuestión de la poli ía, y en cuanto á la del Banco, se cree que aún pueden presentarse algunas dificultades. La crisis actual del Gabinete francés no influirá en la cuestión marroquí, á juicio de los periódicos de Hungría. I a actitud de Francia. y París, 10, 12 m. En los Circuios oficia es parecen hallarse convencidos de la próxima y satisfactoria solución de la Conferencia de Algeciras, aunque saben que Francia no puede aceptar ia combinación Casablanca. A i anejos marroquíes. Londres, 10, 1? El Tintes recibe de Tánger la noticia de que un alto funcionario de Marruecos dirigió á otro una carta insistiendo sobre la necesidad de impedir toda reconciliación entre Francisry Alemania. T ntervención del principe de Monaco. París, JO, 2 t. El Gil Blas afirma que la ictitud conciliadora de Alemania y de Francia se debe á la intervención del príncipe de M o naco. A Imodóvar se queda. Algeciras, 10, 3 f. A la salida de la sesión de hoy, el duque de Almodóyar ha manifestado que no irá á Madrid con. motivo del viaje de los reyes de Portugal. Hasta el martes próximo no se reunirá la Conferencia. París, 10, 4 f. Telegramas recibidos hoy de Berlín, Londres y Washington, reflejan gran optimismo respecto á la próxima solución 1 de la Conferencia de Algeciras. de conciliación. Atgeciras, 10, 4? Aunque ayer hubo quien, telegrafiara anunciando que en la conferencia de hoy volverían á mostrarse intransigentes los delegados alemanes, me abstuve de. recoger esa versión porque roe constaba que los Reyes de Europa, desde sus. tronoi, han tendido un puente para que se pusieran de acuerdo las naciones, á pesar de las grandes diferencias de criterio manifestadas. En efecto, la conferencia de hoy acentúa las corrientes de cordialidad. Qretensfones de Marruecos. Los delegados marroquíes presentaron primera dos cartas del Sultán: la ttna trata de los impuestos, aprobados en las conferencias anteriores, exigiendo que se aumenten los derechos de Aduanas en vista del estado precario del Tesoro marroquí. Además, el Sultán accede únicamente á que los europeos puedan construir en una zona de diez kilómetros alrededor de los puertos, exceptuando los de AIsimer, Alcazarquibir y Alcazabar, donde sólo podrán hacerlo en una zona de dos kilómetros hasta que se haya conseguido restablecer el orden en el Imperio. La otra carta llama ia atención soore fos inconvenientes que ocasionaría que no se acordaran ciertos puntos en la Conferencia, dejando su resolución a) Cuerpo diplomático de Tánger, como así lo ha acordado la Conferencia al tratar del contrabando de guerra y de ios impuestos. I a cuestión del Banco. Pasó después la Conferencia estudió el proyecto de constitución de! Banco. Al discutirse el artículo 23, que trata de la distribución del capital, comen pretendiera Francia reservar cuatro partes para las naciones que han intervenido en los empréstitos marroquíes, Radowitz manifestó que- debían- concederse dos partes á los tenedores de títulos de dichos empréstitos, siempre qus eventualmente cedan aJ Banco el derecho de intervención en las Aduanas, derecho de que ahora disfrutan cobrando 60 por 100 de los ingresos. Revoil contestó que tomaba en seria consideración la proposición de Alemania, no pudiendo aceptarla definitivamente porque existen intereses particulares y es necesario que se reúnan las tenedores de los empréstitos para tomar resoluciones. En lo referente al art. i 5 último del pro yecto del Banco, ha habido unanimidad de pareceres para aceptar la proposición alemana sobre la institución de censores. Se ha confirmado en todas sus partes- mi telegrama de anteayer, que decía que estos censores serían designados por los Bancos del Estado de España, Francia, Inglaterra y Alemania, 56 BIBLIOTECA DE A B RAMUNCHO J 5 como emoorrachados nada más que por ef inocente juntarse de ambos y de sentirse andar uno contra otro oor aquel camino por donde nadie iba... Pero ya á alguna distancia, puesto que para estar solos Kabían andado más de lo que creían, oyeron, de repente, el nuevo sonar de la música, que tocaba un vals lenrode extraño ritmo. Los dos jóvenes, niños mejor, ante la llamada del baile, sin consultarse y como si se tratara de cosa obligada que no se discute, echaron á correr, para no desaprovechar ni un compás músico, hacia el sitio donde fas parejas se movían. A escape, rápidos, se pusieron el uno delante del otro y empezaron á balancearse cadenciosamente, siempre sin hablar, con los mismos íirosos movimientos de. brazos que antes, con igual flexible contonearse de caderas. De tiempo en tiempo, sin perder el paso ni ia distancia, iban en línea recta, como flechas en cualquier dirección. Era eso una variaate de la danza, pero olvían á juntarse, separándose rápidos para íeunirse á tiempo y á la vez en el punto de partida. Madalén ponía en el baile igual ardor apasionado que sn rezar delante de las blancas capillas; el mismo que mego había de mostrar acariciando á su Ramuncho cuando el cura les uniera. A cada cinco ó seis compases, al mismo tiempo que su pareja de danza, daba una vuelta completa y rápida sobre sí misma, mostrando el busto y la cabeza graciosamente inclinados atrás los labios entreabiertos, destacándose la línea blanca y brillante de los dientes, á la vez que derrochaba una gracia altiva y distinguida brotando de todo su cuerpecüio, misteriosamente envuelto en el amor que por Ramuncho sentía. Durante todo el tiempo que duró ei baile en aqueffa hermosa noche de Noviembre, danzaron el uno delante del otro, unidos, encantados con intervalos de pasearse juntos, en los que apenas si hablaban más que de mñe, rías, más satisfechos en aletargarse en el silencio Densan- del puebfo que las montañas encierran y ciñen, soñó entonces con esos países remotos que con la imaginación visitaba muchas veces, porque ella, como ia mayor parte de los vascos, antiguos emigrantes, había tenido parientes americanos ó indianos, llamados así en la tierra porque pasan su vida trabajosa y accidentada al otro tado del Océano y no vuelven á su querida aldea más que después de muchos años, para morir en el rincón amado. Y mientras efla soñaba, con la nariz ansiosa de respirar y las ojos en lo alto, en lo negro de las brumas y de las cimas, cubiertas, Ramuncho sentía correr más velozmente su sangre, latir más fuertemente su corazón, movido por la intensa alegría de lo que tan espontáneamente acababa de decir la joven. Inclinando hacia ella la cabeza, con la voz aún infantil infinitamente dulce, le preguntó con tono un poco burlón como para chancearse: ¿iremos? ¿Por qué dices iremos? ¿Tú conmigo? ¿Significa eso que consentirás en que nos casemos un poco más tarde, cuando tengamos más edad? Ramuncho, á través de la obscuridad, vio el ruigurar brillante de los ojos de Madalén que le miraban con ex presión de asombro y como riñéndole. ¡Ah! ¿pero no lo sabías? -Quería obligarte á decirlo, ya lo ves; nunca me lo habías dicho... Y apretó contra él el brazo de su Madalén; el andair de ambos fue más lento. Nunca se habían dicho semejante cosa, no sólo porque les pareció que la declaración surgiría espontáneamente en un momento dado, sino porque sentíanse detenidos, al querer hacerla, por una especie de terror, el terror de engañarse y de que no fuese verdad lo que iban á decir. Pero ahora ya lo sabían, estaban seguros de ello. Tenían conciencia, después de lo que acababan de contarse, de que habían franqueado juntos el umbral severo y so-