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A B C DOMINGO u DE MARZO DE 1906. PAG. 12. EDICIÓN i. de! a visita de los reyes de Portugal, figuran las de suspender la circulación de tranvías en el día de la llegada, desde las tres de la tarde por las calles de Alcalá, Puerta del Sol, calles Mayor y Bailen y la plaza de Oriente hasta que entre la comitiva en Palacio, y en el día de la jura de banderas, desde las nueve de la mañana hasta que termine el desfile, por la Puerta del Sol y calk de Alcalá hasta la Cibeles. Se enarenarán las calles asfaltadas por las cuales pasa ¡a comitiva. Se reproduce la prohibición de arrojar flores al paso de la comitiva, igual que cuando vino M r Loubet. p almuerzo. A la una y media se sentaron las Reales personas á la mesa El rey Eduardo ocupaba un centro, teniendo á su derecha á D Alfonso y á su izquierda á la Reina. Frente á las personas Reales se sentaron el duque de Sotomayor, lord Stanley, str Greville y el doctor Baukart; la camarera mayor de Palacio, duquesa de San Carlos; la duquesa de Mandas, como dama de guardia; el marqués de Villalobar; el de Viana, el conde de Aybir, el coronel Elorriaga y el Dr. Alabern. El menú del almuerzo estaba redactado en castellano, según la costumbre establecida por D Alfonso. Decía así: ALMUERZO DE SU MAJESTAD EDUARDO Vil v- EN SAN SEBASTIAN POR TELÉFONO SAX SE 3 STIAN, O, 2 T. Esperando. las once de la mañana numeroso Desde púbüco, en el que las señoras formaban mayoría, ocupaba el espolón de la carretera de Francia, en el barrio de Ategorrieta, especialmente entre los Viveros Municipales y el Alto de Miracruz. Cerca de éste levantábase un arco adornado con flores y con una cartela que decía: Welcome. Sopa á la Nilson. -Huevos á la Polignac- -Filetes á la Rossini. -Cordero con legumbres. -Espárragos con salsa holandesa. -Capones cíe Bayona, asados. -Ensalada de lechuga. -Pastelería. -Helados Victoria. -Vinos. -Postres Los vinos servidos tn el almuerzo fueron Jerez, Oporto y Pommery Después del almuerzo conferenciaron por espacio de veinte minutos los tres Soberanos. Después pasearon por la terraza y el paraue. EAN SEBASTIÁN, I O, 1 1 f na reunión. Ayer, á las seis y media de la tarae, se veía estacionado ante la puerta de la casa del genera! Weyler un grupo de caballeros. Eran generales vestidos de paisano, que acudían á una reunión citada por el marqués de Tenerife, y que esperaban á que éste regresase del Senado. Llegó el general Weyler; subieron todos al domicilio de éste, y celebraron una reunión que duró largo rato. El asunto tratado fue la línea de conducta que deben seguir en vista de las acusaciones de que son objeto los generales que tomaron parte en las guerras coloniales. Se decía luego que, aunque no se adoptó en firme ningún acuerdo, predominó la opinión de que debe pedirse una información amplia, con objeto de investigar todo lo referente á dichas guerras. onato de cuestión. El general González Parrado envió ayer los representantes al Sr. Nougués, por considerarse ofendido por algunas de las manifestaciones dadas por este diputado en la sesión anterior. El Sr. Nougues contestó que no está dispuesto á dar explicaciones por palabras que pronuncie ni actos que cometa en el ejercicio de su cargo de diputado. I as jurisdicciones. Después del discurso del Sr. Salmerón, con que terminó la sesión del Congreso, se hicieron muchos y diversos, comentarios, porque, realmente nadie habría logrado penetrarse del propósito del jefe de los republicanos. ¿Será posible- -era la pregunta general- -que un discurso tan largo tenga por única finalidad pedir una amnistía? Interrogado el Sr. Moret, dijo: No sé, indudablemente el discurso det señor Salmerón debe tener algo más; hay que leerle. 1 os suplicatorios. Los catalanista, en tina reunión celebrada ayer, acordaron que deben ser concedidos los suplicatorios originados por delitos comunes y denegados los referentes á delitos políticos. 5 Esta tarde se celebrará Consejo de mi- nistros. Será interesante Ja reunión si en ella se trata de la actitud de los generales. C l Sr. Gasset. El ministro de Fomento saldrá hoy de Madrid para esperar en la frontera á los reyes de Portugal. En la Avenida de la Libertad había otro arco, éste con la inscripción de To EdwardVXl. En el citado alto esperaban el alcalde, señor marqués de Rocaverde; el gobernador, señor barón de la Torre; el cónsul de Inglaterra, mayor Nutt, y gran parte de la colonia inglesa. A las doce y media ¡legó á Miracruz el Rey, en un automóvil pintado de azul obscuro, con las armas Reales en la portezuela. Vestía el Rey de negro, traje de levita, con el botón de la Legión de Honor en el ojal de la solapa, y sombrero de copa. Le acompañaban sir Sidney Greville y sir Stanley Clarke. Detrás, en otro automóvil, venían tres agentes de la policía inglesa. A una señal de las autoridades se paró el automóvil Real. El alcalde y el gobernador dirigieron en francés breve salutación á S. M en nombre del pueblo donostierra el primero. Contestó Eduardo Vil muy agradecido y expresando que sentía gran satisfacción en pisar territorio español y visitar una de sus ciudades más cultas. El Rey habló descubierto. El púbüco que rodeaba el carruaje prorrumpió en ¡vivasl Las señoritas gritaban ¡bip! ¡hip! ¡httrra! El entusiasmo íué verdaderamente grande y expresivo. El automóvil regio siguió su camino y entró en la población escoltado por otros automóviles y carruajes. En las calles de la población, llenas de gente, fue saludado con ¡vivas! el Rey. T egreso á Biarritz. A las tres y media salió el rey Eduardo para Biarriiz. Antes de salir de Miramar volvió á conferenciar con el Rey Alfonso durante diez minutos. Al salir formó, presentó armas y batió marcha el regimiento de Sicilia, que maniobra en el campo de Ondarreta, delante de Miramar. Como á su llegada, Eduardo Vil ocupaba el landauíet que he citado, con las tres personas de su comitiva. En otros tres automóviles iban las personas de su servidumbre. En la Avenida de la Libertad fue despedido por el pueblo con jhurrasí El Monarca británico ha manifestado que se marcha muy bien impresionado de su visita á San Sebastián Con ¡a familia Real ha extremado las manifestaciones de afecto. mao g mr B jP oticias varias. D Alfonso salió á las cuatro en automóvil para dar un paseo por los alrededores. El Rey y la Reina saldrán definitivamente de esta capital, para regresar á Madrid, mañana domingo, á las siete y cuarenta y cinco minutos de la noche. El Rey regresó á Miramar por el camino de Hernani. S. M la Reina no na salido hoy de Miramar. El principe Alberto, Regente de Brunswick, ha paseado por los alrededores de la capital, hasta Jgueldo ECOS POLÍTICOS E- (1 día de ayer Hubo ayer mucha agitación política; pero no de la que se muestra claramente ante la vista del observador, sino de aquella que recorre un camino algo escondido entre el cúmulo de versiones, rumores y opiniones. Lo que sucedió en las sesiones de ambas Cámaras, todo interesantísimo, consta en la sección correspondiente. Aquí sólo diremos que produjo mueno erecto el anuncio, hecho por el general Linares, de una interpelación sobre ¡a rendición de Santiago de Cuba. Esta interpelación quedó luego aplazada hasta el jueves, día en que ya no estarán en Madrid los reyes de Portugal. LA CONFERENCIA DE ALGECIRAS POR TELÉGRAFO Ipfi Miramar. El automóvil entró en Miramar á la una menos cuarto. Formaban en la puerta los miqueletes que dan guardia de honor en Palacio. 1 En la escalinata esperaban S. M el Rey D Alfonso, con traje de levita, sus ayudantes y los altos palaciegos. Ambos Monarcas se saludaron afectuosamente y pasaron al salón de recepciones, donde esperaba la Reina. El rey Eduardo besó la mano á doña Cristina, y después de cambiar afectuosas frases se hizo ia recíproca presentación de personajes. JV Ianiobras alemanas. I Viena, t o, 9 m. Dada la actitud que Austria se ha visto obligada á adoptar inopinadamente á consecuencia de la votación del sábado último en Algeciras, los diplomáticos imparciales convienen en que es inevitable que Francia reciba seguridades de que el inspector general de policía en Casablanca no será un simple instrumento de Alemania. Cuéntase que hace algunas semanas, la diplo macia alemana consiguió decidir al sultán de Turquía á que dirigiera al de Marruecos una carta en que se presentaba al emperador Guillermo como el único amigo verdadero del Islam