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II ANO CUATRO. NUM. 424, CRÓNICA UNIVERSAL ILUSTRADA. fjMADRID, 11 DE MARZO DE 1906. NUMERO SUELTO, 5 CÉNTIMOS uno lo ocurrido entonces. A la muerte De Algeciras vinieron buenas nuevas. de Cánovas no se llamó inmediatamente Aquello se arregla. Se ha perdido el al Gobierno al partido liberal. Hubo un tiempo, eso sí; pero algo más que tiempo inútil paréntesis, durante el cual presi- y paciencia se podía haber perdido. dió el Ministerio el general Azcárraga. Se murmuró mucho de un rapto deEncargado al fin del Poder el Sr. Sagas- nunciado á los Tribunales, con circunsta confió la cartera de Ultramar, la más tancias folletinescas y apetitosas para los comprometida, al Sr, Moret, quien tra- ciudadanos Nerón. bajó con actividad vertiginosa en implanPareció el individuo á quien fue robatar en Cuba la autonomía; solución, que do un reloj en el tranvía sin que se diese ya parecía la única aun á los que antes cuenta ni de que el ladrón caía en poder la habían fieramente combatido. Que. lo de la policía. Era un relojero. Justo casque se hacía, aunque algo tardíamente, tigo á su torpeza de no fabricar relojes parecía viab e, lo probó aquel aborreci- inrobables. ble cónsul Lee cuya misión en la HabaEn Apolo hubo debut desdichado de na consistía en promovernos toda clase una excéntrica estilo Frégoli. La mala de obstáculos y conflictos. Un periodicu- sombra de ese teatro es manifiesta, pero cho, sin duda costeado por él, se dedicó merecida. Es el que más abusa del púá injuriar y ofender á los oficiales de blico gracias á la benevolencia de la aunuestro Ejército; éstos acudieron al pro- toridad que le permite, entre otras mucedimiento empleado ahora con el Cu- cut chas cosas, anunciar funciones por seccioy con La Veu. Aquel desorden dio pre- nes y luego no vender localidades sino texto á la visita del Maine al puerto de para toda la función. En la Zarzuela, esla Habana; la voladura del Maine prepa- treno con pateo de La casa de la juerga. ró los ánimos para la guerra en los Esta- Aquí no hay más casa de la juerga que la dos Unidos, y el conflicto internacional que está casi al lado del mismo teatro se precipitó. ¿Cuál de estos hechos deAEMECE terminantes del choque dependió de la voluntad del partido liberal ni de sus ministros? IMPRESIONES Aconsejaban al Sr. Moret que se opuPARLAMENTAFÍAS siera á la guerra. ¿De qué habría servido la oposición? ¿Se ha olvidado también r j R I M A V E R A Estamos ya er ja primavera; un ambiente tibio nos invita á caque los Estados Unidos nos dieron un plazo de cuarenta y ocho horas para co- minar sin rumbo, sumidos en un éxtasis volupmenzar la evacuación de la isla de Cuba? tuoso; sobre nosotros se estiende una bóveda radiante é infinita. Ya ¿Qué se había de hacer? ¿Ordenar al azul, á limpia, nuestras amigas las flores comenzamos ver a ejército que se reembarcara sin pelear? rales: el lirio, Ja azucena, la pajarilla, primaveel botón ¡Malo es lo ocurrido; pero aquello hu- de oro, la violeta, la valeriana, el alelí, la peobiera sido peor! ¡Que hubiéramos con- nía, la madreselva, las lilas, la flor del brezo, servado las Filipinas! Ahora nos las qui- la clavellina, Jos copos de nieve. Otros queritarían los japoneses. El imperialismo de dos amigos nuestros- -los lepidópteros, los coMac- Kinley debió enseñarnos, que, cuan- leópteros- -comienzan también á removerse. do se acudió era tarde para todo. Ni ¿No os acordáis vosotros ya de estos cetonios que aun de eso nos enteramos á tanta distan- dorados, metálicos, sobre caen pesadamente, con cierta tosquedad, las redondas rosas y cia. ¿De qué nos vamos á enterar? las van taladrando poco á poco y metiéndose MANUEL TROYANO CRÓNICA POLÍTICA C 1 N ENTERARNOS. ¿Por qué vuelve siempre esta cuestión de nuestro desastre nacional, como tema de ruido y de escándalo, que perpetuamente halla eco en la opinión? Por la misma razón que las heridas cerradas en falso vuelven á abrirse. Cicatrizaron mal las que la catástrofe nos produjo. La prueba mayor de que nos sentíamos todos culpables, fue que, para exigir responsabilidad, nadie tomó la iniciativa. No había quien se sintiese con autoridad moral para ello. Por acción ú omisión todos pecamos. Así como de la guerra, con que empezó el siglo xix, de la lucha por la independencia se dijo que nunca se había reVelado de una manera tan completa el alma de un pueblo, cabe decir que en esa última guerra de la misma centuria se revelaron todos nuestros vicios, así los que tenemos por educación secular, como los que hemos adquirido con el espíritu del siglo; lo mismo los de la leyenda heroica, por la cual nos suponíamos los más bravos de los hombres, y la ceguera para la realidad que nos llevaba á desconocer las enormes desventajas de una lucha sostenida á i.5oo leguas del territorio y el término fatal de ella teniendo en frente una nación de 80 millones de habitantes Ja más rica del mundo, que un industrialismo de bajo vuelo, el cual sólo percibía las ventajas, que una mayor circulación de dinero y el interés por ello motivado despertaban. Inyecciones de suero patriótico provocaron una fiebre, que después ha producido el actual aplanamiento. Nadie conservó entereza para exigir responsabilidades. Ahora cuando la energía vuelve, aunque poco á poco y á intervalos de corta duración, cada cual procura descargar sobre otro su culpa personal ó colectiva. En este orden de asuntos el lodo no se debe remover, sino para limpiarlo de una vez. Removerlo, para arrojarse unos á otros pellas de él á la cabeza, es lo más antihigiénico que puede practicarse. El único resultado efectivo será llenar de emanaciones mefíticas el aire. Que no es la justicia se comprueba con el olvido, en que se pone lo ocurrido en J 897 y 1898. La pérdida de la memoria acusa decadencia por envejecimiento. Y cuando demostramos que no conservamos el recuerdo de lo acontecido hace ocho años no damos muestras de aceptable mentalidad. Sólo así contando con la amnesia del público se puede pretender que carguen el partido liberal y sus hombres con toda la responsabilidad del desastre. La reminiscencia bastará á traer al ánimo de cada MADRID AL DÍA I Tos cayó la lotería! Un premio de 20.000 duros y otros de menor cuantía. Menos da una piedra. Los funerales en honpr de Romero Robledo en San Francisco el Grande estuvieron muy concurridos. El espectáculo político del día se trasladó al Senado, donde hablaron los generales para asegurar lo que teníamos ya olvidado de puro sabido: que en Cuba no ocurrió nada, que en Filipinas tampoco hubo nada de particular, y, en fin, que ¡aquí no ha pasado nada! Comenzó por la tarde la recogida de De todo esto nos acordábamos nosotros en golfos y mendigos, que serán recluidos la deliciosa y primaveral tarde de ayer cuando en los asilos... hasta la próxima recogida. nos dirigíamos al Congreso. Nos acordábamos Ya lo verán ustedes. de los campos, de las montañas, de los árboles. como unos refinados voluptuosos en sus senos frescos, silenciosos y fragantes? ¿Y de los giriníos? ¿No os acordáis tampoco de estos seres diminutos que en nuestras horas de abstracción junto á los ríos hemos visto girar, correr, tornar, volver con sus patas largas y finas sobre el sosegado y límpido cristal de un remanso? ¿Y las libélulas? ¿No amáis vosotros á estos locos insectos que cruzan rápidos, con sus alas vibrantes, sobre las aguas, en las horas melancólicas y suaves del crepúsculo? ¿Y los bombilios, los infinitos bombillos, grandes y chicos, que en los jardines y en los huertos mueven una sonora música revoloteando llenos de gula en torno de los árboles en flor? ¿Y las buenas y valientes cigarras que cantan incansables en los olmos que rodean nuestra casa, en las horas ardientes de Ja siesta, en tanto que las ventanas están entornadas y una grata penumbra vela la estancia?