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C. SÁBADO JO DE MARZO DE t 9o6. PAG. 4. EDICIÓN 2. a maestro Montaigne, -íes acontado ó sea senelegante de cananero español que nuestro buen amigol El señor marqués hace algunas pregun- tado, colocando siempre los pies tanto ó más tas y el Sr. Nougués se pone á su vez en pie, altos que la cabeza. AZOR IN Tiene el r. Nougués un formidable montículo de libros, folletos y papeles al lado suyo; comenzamos á sentir un ligero terror. Los diputados van viniendo á los escaños; hay aún en el ambiente esta duda, esta vaguedad, esta yer, como en días anteriores, recibióse en perplejidad que flota sobre las asambleas cuanel ministerio de Fomento g an número do no se sabe lo que va á suceder. Algún se- de telegramas en demanda de trabajo para los ñor se detiene con gesto indeciso en una puer- obreros andaluces. ta y mira vagamente á las tribunas; otro se También J e Fraga se recibió en aquel centro sienta en una silla- -como de cumplido- -junto un extenso telegrama pidiendo al Sr. Gasset la á la escalerilla presidencia! un tercero se re- colocación inmediata de los jornaleros en las clina indolentemente con el sombrero puesto obras del Canal. en la basamenta de un candelabro. Y el señor Hablando con nosotros de este asunto, nos Nougués continúa hablando; son ya las cuatro manifestó el ministro la imposibilidad en que menos cuarto; poco á poco se ha ido densifise encuentra de dar trabajo inmediato á los que cando el ambiente; viene un ujier cargado con lo solicitan, pues aunque se aumentase la candos tomos formidables que coloca junto al oratidad consignada para tales obras no podría dor y se produce un ligero murmullo de receordenarse el pago hasta el año próximo. lo en la Cámara. En e! banco azul, el señor Hay, sin embargo, una solución, agregó e 1 Jvtoret, echado hacia atrás, con los brazos cruzados sobre el pecho, rosado el cráneo, blanca Sr. Gassét, pues en el viaje que hice con S. M la barba, escucha beatamente; el. Sr. García el Rey á la inauguración del sifón de Sosa, Prieto acaricia y torna ji acariciar el puño ro- dijéronme en Cataluña que los terratenientes tundo de su bastón, un bastón nuevo, un bas- de esta región se hallan dispuestos á abonar los tón que acaba de comprarse el Sr. García Prie- gastos y jornales que ocasionase la terminación to y en el cual pone todos sus entusiasmos; e! del Canal, si el Estado les reintegra anualmenSr. Luque se inclina de cuando en cuando so- te las cantidades que hayan satisfecho. Ahora bien, esta solución, que es realmente bre una blanca cuartilla y asienta una nota; y el señor conde de Romanones, erguido, en ac- práctica y beneficiosa, pues á mas de contribuir á la inmediata terminación de una obra tan imritud vulpina, atisba al orador... portante como es la del Canal de Aragón y Y este Sr. Nougués sigue gritando, leyen- Cataluña, resolvería de momento la crisis que do textos, recordando discursos. que se pro- atraviesan los pueblos situados en aquella zona, nunciaron hace años. Media hora más transcu- no puede llevarse á la práctica mientras no se rre y el orador acaba su discurso; se produce solicite oficialmente. un ligero movimiento de ansiedad; las tribu- Es decir, que tan pronto como los. terratenas se encuentran ya repletas; negrean todos nientes á quienes interesa que las obras termilos rojos escaños El Sr. Moret se ha puesto nen en el plazo más breve posible, pidan la en pie; el Sr. JVtoret va hablando con voz sua- concesión de aquéllas para hacerlas por su e, delicada, flébil; de rato en rato da media cuenta propia, se les concederá sin ningún gé vuelta y parece buscar el asentimiento de sus ñero de trabas. compañeros de Gobierno y de la mayoría. tlna voz interrumpe de pronto; es el Sr. Soriano. El orador continúa plácido, con cierto Condena de muerte gesto de aburrimiento. Otra vez la voz del POR TELÉGRAFO Sr. Soriano interrumpe; se exalta y grita el uadalajara, 10, 1 m. Se ha celebrado la presidente de la Cámara; replica el Sr. Soria vista de la causa contra Celedonio Corho. Y el Sr. Moret, resignado, un poco entés por robo y homicidio de Juan Manuel Buetristecido, prosigue en su discurso. Cuando el no (a) Periquillo, hechos perpetrados en la maSr. Moret termina, se promueve un ligero deñana del 29 de Septiembre de 1905, cerca del bate entre el presidente de la Cámara y el pueblo de Tórtola. Sr. Soriano. Habla el Sr. Pórtela; en la CáSe han apreciado las circunstancias agravanmara hay una gran animación. El señor general Luque nos dice también algo sobrio y tes de despoblado y de reincidencia sin ateenérgico. El señor general Aznar, correcto y nuantes. El veredicto ha sido de culpabilidad, y la mundano, hace oír asimismo unas discretísimas palabras. Ya se han encendido las luces; reful- Sala ha condenado á Celedonio á la pena de gen las- calvas; el ambiente es irrespirable, cali- muerte, falfo que el reo ha oído sin inmutarginoso; se abre la claraboya y entra una ráfa- se. -Casado. ga de fresco viento que orea el salón... He de disting- iir, sin embargo, entre los generales que, como los Sres. Aznar y Suárez Inclán, regresaron con la misma maleta con qu habían ido, y los que trajeron á la Península treinta ó cuarenta bultos. (Entra en el salón si Si Moret. Refiere el estado de opinión en 1898, y felicita al presidente del Consejo por sus discursos Je aquella época. Recuerda los artículos publicados en Impar cial y el Tieíaldo censurando á los generales. Repite que en España se padece el mal de na tener memoria, y hace falta depurar lac responsabilidades para que no se acuse á los generales en montón. Lee largos párrafos de los discursos c yiz se pronunciaron en el Congreso en Enero de 1899 en el debate iniciado por de Sr. Sol y Ortega. Dice que el general Luque, en la sesión de ayer, opinaba lo mismo que ooinaba entonces el Sr. Sol y Ortega. Recuerda que las responsabilidades no se depuraron entonces, por impedirlo una crisis ministerial, á pesar de que Sagasta entendía también que hubo responsabilidad, Uecuerda algunos incidentes de aquellas sesiones. A raí me da miedo que me llamen cobarde sin serlo; pero me da aún más miedo aue me llamen calumniador. Voy á referir, sin embargo, determinados hechos, sin perjuicio de detallar y de dar nombres en la información que va á abrirse. Recuerda la frase de tina augusta dama que, al despedir á un alto funcionario que iba a encargarse del mando de las Filipinas, le dijo: Me alegro de que yaya usted, porque yo no puedo ir, y así podré ver aquí las Islas. Recuerda también una caricatura que publico Gedeón, en la que se representaba á cuatro personas jugando al tresillo, y una de ellas, general por cierto, decía: Voy al robo. Dice que en Filipinas había la costumbre de en tregar á los capitanes generales que desembarcaban, una bandeja de plata con i5.ooo duros, y que algunos de ellos se llevaban bandeja y todo. Hubo uno que hizo que se incomodaba a! recibir el presente, por cierto de manos de un chino, pero dos horas más tarde se le anlacó el enfado, cuando en vez de s 5.o óo duros ¡e ofrecieron 5o.000. Habla también de la viuda del ayudanfe de un general, poseedora de una fortuna de 80.000 duros. El ayudante murió en la travesía, y un alto funcionario quiso exigir aquella fortuna á la viuda. Habla de la desaparición de una caja de caudales que tenía tres llaves, guardadas por un comandante, un coronel y un general de división. El comandante y el coronel fueron expulsados del Ejército y el general de división fue ascendido á teniente general. (Impresión. Recuerda la conferencia dada en días pasados en en Círculo Militar por el coronel Sr. Villegas, con gran aplauso de los oficíales que asistieron á ella, y censura que de la Junta del mencionado Centro haya recibido orden para no dar más conferencias. Culpa de ello al ministro de la Guerra. El general LUQUE: Yo, no; el capitán general. El S- NOUGUÉS: ¿Y de quién depende el capitán general más que de S. S. El ministro de la GUERRA: De él dependen los Centros militares. El Sr. CANALEJAS: Orden, oraen. Continúa el Sr. NOUGUÉS. N Dice que en estos días ha recibido gran námero de cartas y de impresos, denunciándole hechos concretos. Yo leería libros que aquí tengo, firmados por autores españoles, en que se señalan cargos concretos y en que lo mismo que en la obra de Gustavo Le Bon, se llama pillos y ladrones á determinados generales. Lo reseivo todo para la información parlamentaria que solicitó ayer el ministro de la Guerra, que solicitaron hsce años los generales Aznar y Suárez Inclán, y ahora, señores diputados, permitidme que usurpe por un momento atribuciones del Sr. Canalejas y diga: El Sr. Moret tiene la palabra. Levántase, en efecto, el Sr. MORET. Dice que no se puede acceder á la información pedida. Expone varias razones para ello yv entiende, sobre todo, que es imposible reconstituir ahora la ooinión y el ambiente de hace varios años. LA CRISIS AGRARIA A Nosotros miramos á los escaños y miramos á las tribunas; no logramos salir de nuestra impasibilidad. Notamos un movimiento de interés en el auditorio; oímos una voz imperativa, limpia, acerada; es el Sr. Maura que comieiíza á hablar. En este momento la aglomeración de espectadores llega á su colmo. Tras el señor Maura el Sr. Moret torna á discursear suave y tranquilo; el Sr. Azcárate se exalta, entra en un verdadero paroxismo de furor, á continuación; no nos explicamos esta cólera insana. Permanecemos insensibles en nuestro sitio; muchas damas y muchos diputados comienzan á marcharse. Son las siete y media. La votación va á dar comienzo; transcurre media hora; salen las últimas espectadoras. Nosotros salimos también; desde el templo de las leyes nos vamos á cenar. Luego nos senfamos en una mecedora, ponemos los pies en na silla, á la altura de la cabeza, y nos quedamos un momento sumidos en un voluptuoso sopor. A mí me gusta descansar- -dice el CONGRESO SESIÓN DEL CÍA 9 DE MARZO DE I906 ¿k bierta la sesión á las tres y diez, el marqués de PORTAGO pide al Gobierno que se realice obras públicas en Granada. Le contesta el Sr. GASSET, prometiendo complacerle. Hacen varias preguntas los Sres. ALBO, y MENENDEZ PALLARES y marqués de CASA LA 1 GLES 1 A. INTERPELACIÓN NOUGUÉS La CámaTa está animadísima. La liquidación de nuestros desastres, aunque algo tardía, despierta gran interés. En el fcanco azul toman asiento los ministros ele la Guerra y Gobernación. Se ve á muchos generales sentados en los escaños. Hácese un profundo silencio al dar comienzo á su discurso el Sr. NOUGUÉS. Comienza declarando que no tiene el propósito de atacar al Ejército, al cual respeta, ni á todo el generalato, aunque entiende que sobran las dos terceras partes de los generales,