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Ü A Ñ O CUATRO. NUM, 423. CRÓNICA UNIVER- SAL ILUSTRADA. MADRID, 10 DB MARZO DE 1906. NÚMERO SUELTO, 5 CÉNTIMOS ban los muchísimos curiosos que tuvie ron tiempo sobradísimo para contempJai y condenar aquel deplorable cuadro, si en este dichosísimo pueblo sólo se levantan rápidamente los muertos del tapete verde. Con esto y con oír por la tarde en el Congreso, y por centésima vez, que en A Cuba y en Filipinas se hicieron horrores que están sin depurar y menos castigar, quedó el espíritu público confortado y tranquilo, sabiendo que si algún día reventamos será por empacho de justicia La sesión fué animada, animadísima, de las más movidas del presente abono, y el público que presenció la función salió frotándose las manos de gusto y recordando el cuento de aquellos dos chuscos que apostaban á si el uno tenía más paciencia que el otro. Yo, alegaba el uno, he leído la Biblia en inglés, sin saber inglés Pues yo, reponía el otro, jfa he oído leer! No de paciencia, pero sí de candidez fue el alarde de algunos diputados en la sesión de ayer, linos pidiendo responsabilidades por las últimas guerras. Otros solicitando el nombra miento de una Comisión parlamentaria para depurarlas. MANUEL TROYANO También en el Ayuntamiento hubo marejada. Continuó el debate sobre la ad- quisición de dos caballos para la guardia montada. Menos mal que eran para la I a comidilla de ayer en todo Madrid montada, que también podían ser para la fue la hazaña de dos jóvenes, al pa- sin montar. Se discutió de firme sobre recer distinguidos y aristócratas que por nombramientos de personal y sobre delo menos se distinguieron amenazando á nuncias de dulces chanchullos En fin, unas desdichadas mujeres, resistiéndose una sesión idealT después á la policía, amenazándola con la Regresaron de San Sebastián losjnfancesantía, llevando encima armas de fuego tes doña Teresa y D. Fernando. y dando nombres supuestos; jóvenes disSiguieron bajando los cambios. Se cetinguidos que fueron puestos en libertad lebró en Apol una brillante función á provisional, pero á quienes no se halló beneficio de Ja Asociación de alumnos luego en los domicilios que dijeron ser internos de los Hospitales. los suyos. Cerró la jornada con una escena de Los comentarios fueron sabrosos, y na- sangre en la calle Ancha de San Bernartural es que lo fuesen; porque del hecho do. No podía faltar. Es ya el pan nu? s se deduce que cualquier Gómez, López tro de cada día... ó Pérez de los que por muchísimo meríos AEMECB van á la cárcel, piensen que en lo sucesivo les bastará vestirse con un poco He cuidado, echárselas de aristócratas y ame- IMPRESIONES nazar con la cesantía á la autoridad que PARLAMENTARIAS les detenga para poder agredir á indefenOS CITAS D E L Yo tengo gran cui sas mujeres, usar armas, burlar á la justiM A E S T R O dado- -decía el maes ticia y quedarse tan campantes. Esa es la tro Montaigne- -de aumentar, por estudio y igualdad que usamos para andar por casa, por discurso, este privilegio de insensibilidad y con la cual queremos que se respete que está naturalmente muy adelantado en raí; todo lo que con fina ironía se Jama res- yo me apasiono en consecuencia por muy pocas cosas. A las tres nos hemos dirigido ayer petable en esta tierra de garbanzos. Pues ¡anda! que á mayor abundamien- tarde al Congreso; hemos dado unos paseos to y para acumular respetos sobre respe- por el pasillo, hemos charlado con unos cuantos amigos y hemos subido á la tos, estuvo por la mañana algunas horas las tres y cuarto; el Sr. Canalejastribuna. Eran acaba de sentendido en el suefo y expuesto al públi- tarse en su sillón. La Cámara está casi vacía; co en plena calle de Genova, á un tiro hemos mirado arlas tribunas y hemos- visto alde saliva de la casa de Ja justicia, el ca- gunas jóvenes que han cautivado nuestra aten dáver de un pobre infeliz fallecido re- ción. ¡Se levanta ei noble marqués de Portaga pentinamente, ante el cual se pregunta- ¿Habrá en ia Cámara un tipo más castizo v más lejanas tierras y en aquel mortífero clima; si en forma de contribuciones extraordinarias se hubieran visto obligadas á sacar su dinero del bolsillo para el sostenimiento de la lucha, otra habría sido la duración de ella, distinta la consideración del soldado, más rápida y probablemente más honrosa la solución. Cuando los liberales llegaron con ésta, era tarden Pusieron de su parte lo que pudieron, y hoy se les echa en cara el fracaso, cual si ellos hubieran estado al frente de los negocios públicos desde principios de i8 t) 5 hasta fines de 1897, época de incubación de los desdichados sucesos. Empezamos ahora á reconocernos pecadores; debemos dar principio á la penitencia. En la cuestión económica vino ésta antes de la confesión, con el peso enorme délos impuestos; en el tributo desangre debió venir con el servicio universal obligatorio. El actual ministro de ¡a Guerra, que además de demócrata se ha con fesado por su parte arrepentido de las pasadas culpas, está obligado en calidad de penitente á plantear de nuevo la cuestión, que encalló en el Senado, y allí queda varada á perpetuidad. CRÓNICA POLÍTICA DARÁ CUMPLIR LA POCO á poco va PENITENCIA despertando, en las clases directoras de nuestro país, la conciencia por lo que toca al desastre de 1898. j Pesado ha sido el sueño! Aun sin darse clara cuenta, señ tía cada cual la parte alícuota que en la catástrofe le habta correspondido. Por eso callaba; su silencio equivalía á una absolución de to- dos, incluyéndose á sí mismo. Las palabras del ministro déla Guerra en el Congreso, durante la sesión de anteayer, fueron iniciativa de la confesión general. Políticos, militares, Prensa, todos cargaron con su parte de culpa. Aún pudo el general Luque señalar otro factor de ésta; las clases acomodadas, que no son políticas, ni militares, ni publicistas, y que, sin embargo, por dejadez y por egoísmo no hicieron para rectificar la di rección falsa que llevaban las cosas de la guerra, presión alguna sobre periodistas, militares y políticos. El general Luque dijo el jueves otra gran verdad: el único que cumplió austeramente, abnegadamente, con su deber fue el pueblo. Él fondo inmenso de patriotismo, que había en él- -y que se mermó fatalmente con aquellos estériles sacrificios- -le llevó á dar sin reparo sus hijos para la lucha y aceptar sin vacilaciones la tremenda situación económica, que Je ha traído á las hambres presentes. Puesto que en horas de arrepentimiento estamos, bueno será que aprovechemos tan beneficiosa circunstancia, mejor que para la tardía y casi imposible depuración de responsabilidades, para evitar la ocasión de volver á pecar. Dejando aparte los pecados horrendos, que en sU día juzgará y condenará el Supremo Tribunal de la Historia, como declarar que en la guerra se consumiría eí último hombre y la última peseta; despreciar la nota de Olney para buscar una solución pacífica, y dar en cambio tiempo á que finalizase la presidencia del último conservador de la moral de Washington, como Cleveland, y comenzara la de un malvado como MacKínley, hasta los hombres de medianos alcances han percibido que las dos causas principales de Ja prolongación caprichosa y desatinada de tan ruinosa guerra fueron la redención á metálico del servicio militar que salvaba de aquélla á los hijos de los ricos- -lo cual reducía el tributo de sangre á Jas clases pobres, á las dirigidas- -y el sistema de subvenir á las necesidades económicas de la contienda con las acuñaciones de plata y los préstamos del Banco. Sí las clases acomodadas, es decir, las directivas hubieran tenido que dar sus hijos para que fuesen á combatir en aquellas MADRID AL DJA D