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A B C. VIERNES 9 DE MARZO DE 1006. PAG. iS. EDSOON 2. a LOS ESTRENOS p N ESLAVA. El vals de las sombras ju guete cómico- lírico original de Joaquín Dicenta, música de maestro Valverde (hijo) Aunque el cartel no lo dice, la memoria recuerda otra obra en un acto de Dicenta titulada De tren á lien y estrenada hace algún tiempo en el teatro Moderno. E! asunto, por lo menos, tiene mucho parecido, diferencíándobe sólo en algunas pinceladas que en el ha dado para aligerar pesadeces de situación, refrescar efectos cómicos y colocar tres iiúmeros de música. En El vals de las sombras, como en De tren airen, las primeras escenas recuerdan Ls de aquellos juguetes cómicos que tanto regocijaton á nuestros abuelos. Al final resalta más el ingenio y la valentía de frase de Dicenta, que fue llamado á escena entre sinceros aplausos. También fue muy aplaudido el maestro Quinito por un precioso vals justificativo del título, cantado y recitado por la Srta. Prado con mucha picardía, y muy bien llevado por el divector de orquesta. Se repitió merecidamente. E ¡éxito fue justo y de él participaron la ge nial Loreto, los Sres. Chicote, Llaneces y Soler, y el maestro Porras, que es un excelente maestro. -Rosicler. E 7 N A P O L O La Miguela, una moza de excelentes hechuras y bravios arrestos, sostuvo, tiempo atrás, relaciones con un mozo llamado Antonio que murió una noche atravesado de una puñalada. La Miguela, pasados seis meses, se casa con Pedré, sin guardar al pobre Antoñico siquiera un año de luto. El día de la boda de la Miguela es de gran juelga para el pueblo. Pero Pilar, la hermana del difunto, aprovecha un momento de ver sola á Miguela para echarla en cara su proceder, amenazándola con hacerla oír continuamente la copla favorita de su hermano. Cuando los convidados se retiran, dejando solos á los novios, Pilar canta la terrible copla y Miguela, descompuesta, hace confesar á Pedré que fue el matador de Antonio, confesando ella á su vez que su honra se la había llevado el difunto. jTe mato! exclama Pedré en el colmo de la desesperación; y cuando yo me dispongo á avisar á Muro para que haga A suceso, Pedré se sienta tranquilamente en una silla y se encoge de hombros. ¡Es un filósofo! Y estoes todo. -La música, de! maestro Pérez Soriano, muy endeble. Los Sres. Soriano y Salcedo, y e) maestro Pérez Soriano, salieron á la terminación de la obra dos ó tres veces entre los aplausos de los amigos y la claque y la protesta de los otros. En cuarta sección volvimos á tener estreno: el de un entremés de los hermanos Quintero, titulado Los chorros del oro. El entremés, que dura escasamente quince minutos, es una preciosidad digna de sus autores. Al final salieron al palco escénico infinidad de veces los Sres. Quintero, siendo aclamados con gran entusiasmo por todos los espectadores. La bella tiple doña Joaquina del Pino, que celebraba su seraía d onore, se distinguió notablemente y recibió grandes aplausos y valiosos regalos de sus numerosos amigos y admiradores. -T. NOTICIAS DE FOMENTO I fna visita. Ayer visitaron al Sr. Gasset y al director general de Obras públicas los Sres. González Besada, Sil vela (0 E. í- estell v Cervantes. T uevo tren rápido. Desde el día primero del próximo mes de Abril funcionará un tren rápido entre M a drid y Sevilla. X iaje aplazado. El director general de Obras pública Sr. Burell, que. como se dijo, pensaba salir mañana con dirección á la frontera portugués sa, ha aplazado su viaje hasta el domingo. DE MARRUECOS TELÉGRAFO El pretendiente Muley Mohamed, al frente de sus tropas, reforzadas con los contingentes de las tribus que le son adictas, ha enprendido la marcha sobre Muluya. No se ha producido incidente slguno en el campamento de Selouan. batalla. U naLondres, 8, 6 f. El periódico Daily Mail ha recibido un despacho de Gibraltar diciendo que el martes el Raisuli atacó á las tropas del Muluya. H aciaVort Sayi 8, 9 m. 32 BIBLIOTECA DE A a l- Jl RAMUNCHO 49 mas silencioso el baile ligerisimo; no se oye más que el roce de los vestidos y el moverse de los dedos, que imitan el sonar de castañuelas. Con gracia verdaderamente española, las mozas, cuyas amplias mangas se despliegan como alas, bambolean sus talles apretados por encima de ¡as caderas vigorosas y flexibles Enfrente uno de otro, Ramuncho y Madalén nada se dijeron al principio, entregados á la infantil alegría de moverse de prisa, rítmicamente y al son de la música. Ella era, además, muy comedida en el baile, sin que Jamás rozara su cuerpo con el de su pareja. Pero hubo también, durante U noche, valses y otros bailables y aun paseos de bracete que permitían á los novios hablar y juntarse. ¿De modo, R muncho- -dijo Madalén, -que esperas tu porvenir del juego de pelota? Los dos se paseaban, muy cerca el uno del otro, bajo los plátanos deshojados, en la noche de Noviembre, tibia como una de Mayo, un poco separados de la gente, mientras ios músicos descansaban. -Ah, si; ese es aquí un oficio- como otro cualquiera y que da dinero mientras se tiene fuerza... Además, se puede ir, de tiempo en. tiempo, á dar una vuelta poi America, ya lo sabes, como Jiúii y Gorostegui, y traer 20 ó 3o- ooo francos, ganados honradamente en una temporada en los frontones de Buenos Aires. ¡Oh, América! -exclamó Madalén en un trasponte de entusiasmo y alegría. ¡América, qué felicidad! ¡Ha sido siempre mi ilusión! ¡Qué gusto atravesar el mar parj ver aquel país tan lejano... leíamos á buscar á tu tío Ignacio; después á casa de mis primos, los Bidegain, que tienen una granja á orillas del Uruguay, en. las pra deras... Ella se detuvo en su parla; la mozuela, nunca salida las cercanías; hasta diez carricoches, ya enganchados, encendieron sus faroles y se zarandearon con tintineo de cascabeles para desaparecer por los estrechos caminos de las calles hacia las caserías alejadas del contorno. En medio de la penumbra límpida se ve á las mozas, las hermosas muchachas, sentadas en bancos delante de las casas, bajo el arco que los plátanos forman; así en la noche que empieza, muéstranse como formas claras, ya que sus trajes de domingo, en la incertidumbre misteriosa de ¡a primera luz nocturna, pintan manchas blancas y rosadas; y la azul pálido que Ramuncho mira desde allá bajo, es ¡a del vestido nuevo de Madalén... Por encima de todo, llenando el horizonte, destacábase la Gizune, confusa y sombría, como el centro y la fuente de las tinieblas que poco á poco van desparramándose y triunfando. En la iglesia, las piadosas campanas tocan al Ángelus, y recuerdan con sus sones la soledad de las tumbas, los cipreses rodeando el campanario, el misterio del cielo, la oración y la inevitable muerte. ¡Qué tristeza la del concluir de los días de fiesta, en la aldea apartada, en el otoño y cuando el sol se extinge... Y es que saben muy bien estas gentes, tan dichosas coit los humildes placeres del día que hay en las ciudades fiestas más brillantes, más hermosas y que no pasan tan veloces; pero la de ahora tiene algo de particular, era la fiesta de su país, de su propio país y nada hay que reemplace á estos furtivos instantes, en los que habían pensado tanto y tantos días... Los novios, al marcharse cada uno por su lado hacia sus casas, esparcidos en las laderas de los Pirineos, parejas que mañana compartirán su existencia monótona y ruda, se miran antes de separarse, se miran en la tarde muriente con ojos apenados que dicen: ¡ya se ha concluido el domi. igo, qué poco dura...